Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

arpía´s corner

cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Misfortune and the Lady

Belle de Jour


¿Por qué existen esas mujeres? ¿Por qué existen las tipas que pueden recogerse una coleta con pericia de institutriz británica? ¿Por qué existen mujeres capaces de llevar impolutas sandalias blancas, bolsos ordenados, monederos sin los tickets de Carrefour? ¿A qué esa cruel competencia -desganada para ellas, agotadora para nosotras- para con el resto de desastradas humanas?


Lo que les muestro es, como podrán imaginar, un distinguido ejemplo. Pueden ver a la Audrey Hepburn, de boda, perfecto Givenchy, sonrisa, pañuelo. Y al lado, a la tremendísima Deneuve, igual de perfecta sonrisa, modelo, flequillo. Y la fatal fatalidad, por supuesto. Heavens. Tan cierto como que a Audrey jamás le hubiera pasado algo así, nadie hubiera dicho nunca que Catherine Deneuve tuviera un ramalazo de nerda latente. Pero, he de confesar, jamás me he sentido tan cercana a la bella de día.



Ah, qué gran momento de reconciliación con el oneself.







Las Más Grandes

Elemental, querida

Entre otras muchísimas cosas, mis amigas obtienen el título de Las Más Grandes porque, sólo levemente borrachas, van por la calle cantando esto:
 
 
Y me hacen descubrir -sin diván, hipnósis ni regresiones- que entre la de Chipiona, Pimpinela, La Dama de Rosa y Walt Disney, he reunido en mi vida potencial más que suficiente para alimentar todos y cada uno de los derrapes emocionales que me he ido pegando -crucemos los dedos-. 

Pesadita con lo mío

Por si acaso alguien se lo ha perdido.

Fricada nacional

Adviento en Viena

Pensé en escribir de la campana de la catalepsia, que colocaban en la muñeca de los cadáveres para paliar posibles enterramientos en vida –y que sonaban luego, desquiciadas, por todo el cementerio, cuando el cuerpo se descomponía-. Describir la hermosa desolación de los jardines invernales, llenos de cuervos de gargantas humanas y de estatuas cubiertas por sábanas, mimadas hasta el delirio por algún Pigmalión fetichista. De las catacumbas y las calaveras lacadas. De los tesoros Nibelungos, que encerraban la locura.

Como es normal, de Viena, capital de la exuberancia, yo vengo pensando en truculencias. Pero me lo he pasado muy bien. Como era de esperar, también, he disfrutado muchísimo ejerciendo de Reina Moña en un lugar en el que las fruslerías navideñas son la fricada nacional.

Y con un poquito que los empujes, un poquitito de nada, los austríacos te ofrecen joyas tal que la sigue al enchufar la tele del hotel.

 

Sin dioses

Para quien aún no lo haya visto




arpía´s corner © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
Contadores de visitas gratuitos