arpía´s corner

cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Nueva vida

Trini se muda



A todos los que quieran más dósis, Trini sigue, distinta pero la misma, en esta dirección:

http://cuerdasdesatadas.wordpress.com

Los textos en Arpía´s seguirán en activo -aunque el sitio esté invadido de spam, en Bitácoras pasan de mí-, como lo han estado durante estos meses, para todo aquel que los encuentre o quiera repasarlos.

Muchas gracias por vuestro apoyo,

Trini

Post post

Todo el mundo ha abierto la boca, así que yo también puedo



Pues la victoriosa final me hizo pensar inevitablemente –así es una- en la derrota, la decepción y el fracaso. Sí. Yo qué sé. Debí ser monje cartujano en una vida anterior.  O consejero persa o algo –recuerda que eres mortal, recuerda que eres mortal-.

Primero. Holanda. Ese país tan bonito, lleno de paterres con flores, de casitas ordenadas y habitantes flipadamente civilizados. La primera, en la boca. Toma ya epítome de civilización. Del fútbol total al contacto total.  Qué penita.

Segundo. Soy el ángel de la muerte. ¿A qué aguerridos caballeros entregué mis colores? Pues por sus lesiones los conocerán, por supuesto:

1. El de la coz antológica

Ya saben a qué me refiero.

¿Que si dolió? Vamos a ver. Dolió mucho. Xabi Alonso, con su barba de montaraz y ese genotipo irlandés que le supura, retorciéndose en el suelo como una cucaracha con los trece tacos de la mala bestia clavados en el plexo solar –aunque, ahora que caigo, retorcernos como cucarachas nos retorcemos los demás: estos son tan estéticos que, en plena agonía y con el claroscuro adecuado, podrían pasar por modelos de Caravaggio-.

¿Cómo no va a doler? Xabi Alonso es este señor, ante cuya sola imagen los ovarios de toda mujer heterosexual con mínimo deseo de reproducirse implosionan de manera automática.

  

2. El de la orgía de autodestrucción

Y Torres sale al final de la prórroga, inicia el pase del gol, va a intentar marcar un segundo tanto y se escogorcia la pierna. El solito. Y mientras Casillas se secaba en la melena de la Carbonero las lágrimas de felicidad porque España ganaba-ganaba-ganaba, este otro se quedaba tirado en el campo, llorando como mujer y esperando la camilla. Y conozco muy bien ese llanto. Es un llanto fatal, el que te entra en plena neurosis cuando constatas que el universo te odia.

El pensamiento de este chico –genotipo inglés macarrilla de Manchester o blancas manos de Eton, según el estilismo-

 

 debía ser, aproximadamente: ‘Vamos a ver, llevo un año de lesiones de mierda, me opero, voy forzado al Mundial, la pifio, la pifio, la pifio, la pifio. Salgo de suplente contra Alemania, Pedrito no me pasa el balón. Salgo de suplente en la final, ¡y me rompo un abductor! ¡No puedo más! ¿Soy idiota? ¿Y si no me recupero jamás? ¡Me cago en mi vida!”.

Al sentimiento de empatía y transferencia -¿quién no se ha sentido así, completamente superado y hundido, comiendo hierba?-, se unió, para colmo, la penita maternal. Me acordé que contaba cosas como que de pequeño jugaba de portero hasta que se rompió los piños y la madre le dijo que, o cambiaba de posición, o lo iba a tener castigado en casa hasta que le salieran trenzas. Y que se picó totalmente viendo a Oliver& Benji.

Por supuesto, sé que para penas, las mías. Que el Niño cotizará en un solo día -sólo por haberse traído la ‘copita’, como decía Pepe Reina- más de lo que yo cotizaré en mi vida. Y que nuestras existencias han transcurrido por realidades tan opuestas como la que desarrollan las siguientes imágenes:

-Fútbol. Balón que vuela. Voz que grita: ‘¡Nando! ¡La pelota!’. Resultado: Eurocopa.

-Fútbol. Balón que vuela. Voz que grita: ‘¡Trini! La pelota!’.  Resultado: desprendimiento de retina.

And so on and so on. 

Pero qué quieren, me dio sentimiento.

Ya lo he dicho antes: todos hemos estado alguna vez a ras del suelo. 

Tercero. Lo que todo el mundo celebra.

Iniesta ha sido el nombre que más he escuchado en los partidos de España y el hombre al que menos veía. ¿Por qué? Porque estaba en todas partes, cual Pimpinelo Escarlata. Y marcó llevándose la alegría de su vida, de las vidas de muchos y la venganza de todos los españolitos con complejo de bajitos y poca cosa. “Si lo sé, no marco el gol”, dijo cuando le tocó hablar en público a su regreso, terminando de arrasar en los corazones. “Iniesta, ese señor diminuto –dijo un compañero de Redacción- que veranea en una polvera”. 

Pues mira, sí.

La cosa tiene épica.

(Y para que no crean que me he vuelto transcendente, les invito a leer este diálogo de moña inglesa hiperhormonada. Yo mientras, recurriré a Abba)

John Carlin que estás en los cielos

Una expresión, no es que quiera cargármelo. Arpía y mundial

Lo que a continuación van a leer es lo que sucede cuando a alguien se le ocurre colocar a una arpía novata frente al mundial antípodo. ¿Qué hace? Pues lo natural: desarrollar teorías absurdas acerca de la Humanidad. Así pues, a veces solita y a veces con ayuda, estas son las conclusiones a las que ha llegado mi atribulado cerebro en poco más de un par de partidos:

Alemania-Argentina

-La conexión del genotipo sículo: Existe un genotipo italo-siciliano que pasa por Cániz y llega directamente a Buenos Aires y Estados Unidos y que hace que todos, todos, tengamos absolutamente las mismas caras que vemos en las pelis de mafiosos (y su gineceo). Desde el Mentidero a La Boca. Todos. En el bar, tras el primer gol al equipo de Dios, los allí congregados se gastaban la misma expresión de preocupada consternación que pone el capo di capi cuando dice: 'Hay que eliminar a Giorgio'.

-El Temor de lo Implacable. El Temor de lo Implacable resulta letal ante un enemigo, y eso lo saben muy bien los alemanes: el arquetipo histórico y la simbología moderna los adornan con semejante corona. Su fama les precede. En un enfrentamiento, de la índole que sea, se asume que desde el primer minuto hasta el último, los germanos van a ser inquebrantables. No importa qué ocurra. No se distraen. Hacen gala de una constancia y un empecinamiento que, a poco que aprieten -y los dioses sículos fallen, y me da a mí que no suelen estar muy atentos- aplastan como un tanque las florituras barrocas que gustamos los del Genotipo, embrumados con aquello dle rapto de genialidad.

Alemania-España

-¿Quién nos tocó las pelotas?. Ganamos porque no fuimos nosotros. No fuimos nada de lo que -arquetípicamente- se espera que seámos, ni de lo que lamentablemente, en cuestiones de grupo, podemos terminar siendo: derrotistas, anárquicos, casándricos, dejados, delirantes desesperados. ¡Fuimos germánicos! Implacables, insistentes, irredentos.Sí, jugamos a la Todos a una como Fuenteovejuna. Una actitud que en el españolito tipo sólo se suele producir si antes ha habido un previo: 'A mí no me tocas tú los huevos'. En cosas de solidaridad, tal vez no funcionemos mal. Pero a la hora de unir unos cuantos frente a un objetivo común -desarrollar un proyecto, arreglar una lavadora, planificar una excursión, sacar un periódico-,se lía la de Troya. Pero, por supuesto, si hay por medio un desafío personal, un palpable tocamiento de cojones, por hablar en metáforas, dejamos tierra quemada a nuestro paso. Me gustó asociarnos con el modo no surrender. Pero me sigo preguntando quién le dijo qué a quién al salir al campo.

-Concepto de Nación: conjunto de gente soliviantada intergeneracionalmente durante un espacio de tiempo determinado en un marco geográfico medianamente consolidado -por eso, entre otras cosas, es tan útil un enemigo común para desarrollar una cierta idea de identidad patria-.

Pensar en qué hace a un país, para una persona con tan alto grado de transexualidad cultural, es algo harto difícil. Ciertos rasgos de carácter no son tábula rasa y a nadie se le ocurre levantar un país porque sean cabezotas, trabajadores, borrachos o perezosos. Cuestiones como marcos y tradiciones tampoco hacen nación, hacen idiosincrasia y diferenciación, en todo caso: si por eso fuera, hacía ya tiempo que me habían deportado de Cániz City e Hibernia me había acogido como refugiada cultural.

Así que, al final llegué a la pasmada conclusión de que Xabi Alonso está que cruje. No. De que el sentimiento de unión que puede inspirar un territorio viene de saber/sentir que esas gentes que están contigo han pasado por cosas parecidas a ti. E incluso sus antepasados han pasado por defenestraciones similares: os habéis comido las mismas guerras, exógenas o intestinas; habéis sufrido parecidas injusticias, habéis cobijado -en las mismas fechas- idéntica cepa de idéntico virus de gripe cabrón, habéis vivido los mismos veranos de plomo y los mismos fines de año, por poner, atragantados de uvas. Todas esas cosas que hacen la verdadera historia son lo que une. Por eso la empatía nos desborda muchísimo más en una desgracia cercana. Por eso el orgullo idiota cuando alguien se hace con un reconocimiento más allá de la piel cainita: también es algo tuyo, como si tú te hubieras matado a hacer flexiones o hubieras escrito 'Cien años de soledad' y te estuvieras llevando la pasta.

Y entonces marcó Puyol.

Y yo pensé qué extenuante puede resultar esto de ver un partido para una arpía novata -babear ante los jugadores, poner cada nombre con su carita, adivinar por qué carallo pita el árbitro, elaborar teorías de antropología social, etc-. Y deseé que, por favor por favor, Torres y Alonso se quitaran la camiseta para celebrar el final del partido, porque con Paraguay Del Bosque los mandó a los dos al banquillo y les endosó un plumífero. Fue muy triste.

Y lo siguió siendo, de hecho. La Reina también debía estar muy decepcionada con este asunto y decidió que lo único que podía hacer al respecto era bajar a los vestuarios. Yo hubiera hecho igual, vaya.

Y también pensé que si Fernando Torres se encontrara conmigo en un ascensor probablemente se haría la siguiente pregunta: '¿Le ha salido nariz al papel de los paneles?'. Y en que le llevo casi diez años pero está casado y tiene una niña.
Y Xabi Alonso también.
Y todo eso me hace comprender que ya he superado incluso a Mrs. Robinson: me acerco peligrosamente a Edna Krabappel.

En breve: Castle explicado a mi perro

Sólo eso

Verá, Mofly Detanz: Castle es un macho alfa que cree que es el alfa de la manada. Pero eso no es cierto: porque el alfa de la manada es una hembra líder. Así que los dos luchan por controlar a los demás perros súbditos, además de pelear contra manadas enemigas.

El macho alfa Castle, por supuesto, quiere montar a la hembra para conseguir así el control total y absoluto de su nuevo territorio.

¿No le parece interesante?

Catwoman

De Antonio de Felipe

Pestiñito

Artículo publicado en Diario de Cádiz, el 3-06-10

Liz Taylor ha publicado las cartas de amor que Richard Burton le enviaba.
En ellas, uno comprueba que el tremendo Richard utilizaba términos como "tontilla mía" o "respingoncilla"para referirse a la mujer con la que bien pudo arruinarse.
Se rompe algo dentro cuando uno descubre las intimidades de un icono.
De un icono, además, como Burton, que quería haber sido escritor y al que podemos imaginar clavando, fácilmente, la vida de Dylan Thomas y los versos de Bukowski.
García Calvo señala que el bautizar con apodos cariñosos a nuestras parejas es un signo inequívoco de la enajenación que supone enamorarse.
Uno no puede discutir con alguien que le llama 'pestiñito ': o sale corriendo o se ve anulado emocionalmente, pero no discute.
Y no, uno no es 'pestiñito '.
Uno es un tipo con carácter y se llama Romualdo.
Pero, para su 'tontina', Romualdo se disfraza de pestiño  sin ningún pudor, con confetis y todo.
Ah, qué tierno espectáculo.
A la par que pornográfico.

Mi madre, esa señora que compra

Señora Que & the City

No sé exactamente cuándo empezó todo. Pero sí puedo decir que un momento álgido de la transformación fueron las vísperas de los últimos carnavales cuando un día, en mitad de la comida, mi madre me suelta: 'Se acercan las Saturnalias'.

Ante la tentación irrefrenable de contestarle algo como: 'Ciertamente, oh, Pompeya', opté por el pasmado silencio.

'Y vamos a disfrazarnos en la Universidad', continuó ella -observarán que a mi madre le tiene sin cuidado que le den conversación-.

'Ah -digo-. ¿Y eso?'

'Sí. Y he estado pensando que me puedo hacer una bonita túnica con las sábanas de raso del quince aniversario de la boda con tu padre' -observarán que a mi madre le tiene sin cuidado escuchar.

'¿¿??'

'Es que el profesor se parece a Harrison Ford'

Fin de la historia. O casi, porque una semana más tarde se largó al Carnaval de Las Palmas y yo me estaba temiendo verla en algún recorte del teledario, desafiando a la descalcificación sobre unas plataformas dignas de Lady Gaga y algún delirio encima bajo el título 'Fantasía Pompeyana' o algo así.

Días después, me entero de que se va a Nueva York. Con su prima. Mi madre, esa señora que te lleva la contraria a la media hora de estarle corrigiendo los ejercicios de inglés porque, bueno, porque eres su hija y no se te puede permitir creer que tienes la razón durante tanto rato: 'Ay, qué ilusión -me dice por teléfono-. Lo primero que pensé fue: 'A mi hija le encantaría ir'. 'Pues sí'. 'Ya'.

Última palabra al respecto. La siguiente palabra al respecto la escuché una semana después, cuando me suelta: 'Ya te ha llegado la devolución de Hacienda. ¡No veas que disgusto! ¡900 euros!' '¿Eh?' 'Claro, porque creía que eran para mí...' '¿900 euros...?' 'Y me iban a venir muy bien para el viaje'. '¿Cómo?' 'Pues me los vas a tener que dejar. Al menos quinientos, porque si no, no voy a poder comprar nada'.

Un mes después, exige una maleta nueva como regalo de adelanto de cumpleaños. Vamos a Hipercor. Vemos las maletas.

-No me gustan.

-¿Por qué no te gustan? -teniendo en cuenta que pagaba yo, que se iba a largar con mis 500 euros y que se lo había llevado crudo en el Bingo sin darme a mí ni la pedrea, cada vez veía a mi madre menos madre y más Paris Hilton. Y cada vez más ganas me daban de tirarla por la ventana-. Si están muy bien, a mí me encanta la verde pistacho.

-Pero tú tienes treinta años menos que yo. Yo no puedo ir con esos colores por el mundo,

-Mamá, que no es un bikini tanga, es una maleta, y cuanto más fácilmente la reconozcas, mejor.

No. Le gusta un modelo en negro. Encontramos el modelo en negro.

-Pero vamos a subir de todas formas un momento al Corte Inglés para ver qué tienen.

-¿Tú eres consciente de que son las cinco menos cinco y de que trabajo esta tarde?

Tan pancha: -Sí.

-¿Tú eres consciente de que en el Corte Inglés te va a costar el doble?

-Pero por mirar...

Es inútil: el efecto del Corte Inglés en mi madre es letal y totalizador. Subimos al Corte Inglés.

-¡Ahí, ahí están! ¿No las ves? -brama, lanzándose con desespero hacia la montaña de Samsonite.

El alarido despierta, por supuesto, a alguna de las velocipendientas que andaban por ahí sueltas.

-'¿Puedo ayudarla en algo?' -sonríe Velocidependienta, con resuello de tiburón. El diálogo con Velocidependienta transcurre veloz e incomprensiblemente, hasta que, en un momento determinado, mi madre vuelve a bramar,'¿100 euros? Oyoyoyoyoy...'.

Y volvemos a Hipercor.

Cometo el error de pararme donde las cafeteras.

-¡Ay! -me dice-. ¡Aún no te la he llevado a arreglar!

-Pues menos mal, porque lo que te di para que me arreglaras era la aspiradora. La cafetera la tiré a la basura.

-Es verdad, es verdad... Bueno, si quieres, yo tengo una de jarra...

-Sí... podría ser. Pero no sabía si comprarme una de jarra o un pijismo...

-Pero las hay de los dos.

-¿De los dos?

-Sí, sí... -se acerca a la chica de la Nespresso-. Perdona, ¿una cafetera que es a la vez de poso y de jarra?

La chica la mira como si le estuviera planteando un dilema cuántico.

-Mmmm... es la primera vez que lo escucho, no sé... pero llamaré a mi compañera....¡CHARIIIIIIIIIIII... te van a preguntar por una cafetera!

(Las cinco y cuarto)

-Mamá, es tarde...

-Espera, espera... es sólo un segundo...

-¿Sí? -parpadean los ojos de pasta turquesa de Chari.

-Estaba buscando, ¿sabes de una cafetera que es a la vez de poso y de jarra?

Misma expresión de misterio cuántico. Conociendo a mi madre, semejante artefacto puede no haber existido jamás. O haberlo visto en una promoción de Ivarte hace diez años.

-Ah! -exclama al fin la pobre chica-. Creo que será la combi Delonghi.

-¿Ves? -se gira, señalándome con el dedo-. ¡No me lo había inventado!

-Sale por unos cien euros, pero no la tenemos aquí... la tenemos en almacén...

Y mi madre, por supuesto, chilla:

-¿¿¿100 euros??? Oyoyoyoyoy...

Me llama unos días después, desde Nueva York.

-¿¿¿¿Trinii???? ¿¿¿Trini???? -alucinada como nunca-. ¡Te llamo desde Nueva York!

-Ya veo, ya...

-¡¡¡¡¡DESDE LA AVENIDA MADISON!!!!

-¿Estás gastando mucho?

Silencio.

-Esto es muy caro, tengo que colgar.

Y yo, en el puto Zara.

En qué me he equivocado.

Brontë Sisters Power Dolls

Se lo copio a la petite y lo copio -encima- en mi blog para moñas. Hay que evangelizar



Lomanitizar

(Columna aparecida en Diario de Cádiz, el 10-04-2010)

"Si no tienen pan –dicen que dijo una volandera María Antonieta cuando escuchó al pueblo protestar por el alto precio de la harina–, que coman pasteles”. La frase es, probablemente, apócrifa, pero aun así ha pasado a los anales como el ejemplo perfecto de potenciador histórico. La suma de pueblo descontento, gastos incontrolados, agravios comparativos, conducta frívola y comentarios inoportunos  dio un resultado inequívoco: gillotina. 

Que los tiempos han cambiado una barbaridad es algo que podemos apreciar cuando, con idénticos factores –pueblo descontento, gastos incontrolados, agravios comparativos, comentarios inoportunos– el resultado es convertirse en un icono mediático. Tomemos a la ya popular Carmen Lomana. Lomana ha ido haciéndose un huequecito en los medios a través de perlas tales que: “La verdadera crisis la están pasando mis amigos –millonarios de médula–. La gente normal está acostumbrada a apretarse el cinturón”, o “Pero, ¿esto hace la gente? –trayecto en metro–. Aquí huele fatal”. Mientras que  cualquier otra persona –con menos chanelazos, menos botox o más caspa– sería objeto de escarnio, la Lomana es aplaudida con fascinación. Porque es kitsch. Es divertida. Es –oh– divinísima.  Por eso danza junto a Belén Esteban –Princesa del Pueblo– en una especie de catarsis más allá de la diferencia de castas, el tiempo y el espacio. 

Lo divertido es que Lomana podría –quién sabe– aprovechar semejante apertura de ventanas al mundo y sacarse, para pasmo del vulgar vulgo, un doctorado en Filosofía Comparada. Y nadie se lo perdonaría: sería su ruina. De Wittgenstein ni mijita. Tendría que seguir hablando con deje nasal y acudiendo a los ensayos de Mira quién baila.

Dos siglos después, somos nosotros los que pedimos galletas. Si María Antonieta levantara la cabeza.

Un buen partido

Publicado en Diario de Cádiz (Línea de fondo)



Un buen partido es aquel que queda en la memoria, más allá del resultado.Aquel en el que, al cabo, se cuentan más aciertos que errores y en el que no importa tanto quién gane como el juego, el baile. Los mejores encuentros, sin duda, son aquellos que se dan en dominio alterno, de poder a poder; aquellos en los que nadie sale a arrasar, en los que ninguno de los equipos tiene conciencia cierta de vencedor ni de vencido. Jugar a la defensiva da mala imagen: anticipa la derrota. El regateo puede llegar a ser divertido –sinduda lo es– pero termina cansando.

En un buen partido no hay lugar para distracciones: el objetivo nunca se pierde de vista. La táctica está presente pero no se deja ver demasiado: es el tablero sobre el que vamos convocando al disfrute. Como en tantas cosas, para que un partido sea memorable hay que seguir la máxima del placer: si uno se empeña en mantener el control a toda costa, sin salir de campo propio, no llegará nunca más allá de una gris medianía.Yel partidomorirá. La lección primordial que encontramos en todo encuentro memorable es la de saber aprovechar la oportunidad. No una oportunidad, no las oportunidades, sino LA oportunidad. Que es singular y unívoca, y que sólo unos pocos privilegiados pueden captar al momento: el resto de los mortales la descubrimosa posteriori.

La clave de un buen equipo reside en la complicidad. Los protagonistas absolutos, las estrellas, no son necesarios en el juego: lo que sí son imprescindibles son las buenas jugadas. Y no hay un nombre, sino muchos nombres –porque la fuerza del lobo es la manada y la fuerza de la manada es el lobo–.Y todo esto, todo este esfuerzo, toda esta mezcladeadrenalina, dolorygozo,paraescuchar en cualquier momento, en todo momento, ganes o pierdas, esas palabras tan caras a los oídos: que nunca caminarás solo.


arpía´s corner © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
Contadores de visitas gratuitos