Tengo una debilidad
trinidad - 18-09-2005 17:10:36 | Categoria: Fragmentos de realidad
Mi chucho es un consentido, que lo sepa todo el mundo
Aquí nadie se ha llamado nunca a engaño.
Cuando mi perro me vio por primera vez, cuando era sólo un cachorro, pensó:
1. Ajá, hembra
2. ¿Sólo dos tetas? Qué raro...
3. Mmm... débil mental
Y, desde entonces, todo fue ir cuesta abajo. O rampa arriba, para él. Ambos sumidos en una peligrosa dinámica en la que los límites de territorialidad y dominio se deslizan cada vez más hacia el lado del chucho. Sólo meras formalidades lo separan de obtener lo que realmente ha querido siempre: mi plato, mi cama, mi lugar.
El lo sabe, yo lo sé, y aquí todos contentos. Aunque me gusta creer que soy la razón de sus días, en realidad, creo que para mi perro no soy más que una monstrua torpona que le facilita la vida. Algo así como una especie de golem desmañado y neurastémico que se encarga de nutrirlo, cuidarlo y mimarlo.
Su hito llegó un día en el que fingió estar aún más enfermo de lo que estaba y me movió a llevarlo en brazos, corriendo y llorando, hasta el veterinario:
-Que se me muere, que se me muere... tiene vómitos y las orejas rojas y está cojeando... ya le afecta al sistema motriz
El veterinario nos echó una mirada inquisitiva, levantó una ceja y le comprobó las patas.
-A este perro -comentó, lacónico- no le pasa nada en las extremidades.
-Pero, pero... ¿qué dice? ¡Si cojeaba en casa! ¡No podía andar, iba de un lado a otro!
El hombre, con expresión de tremendo cansacio, cogió a mi perro y lo tiró de la camilla al suelo. El perro ni se inmutó y salió andando, tan tranquilo, con esa carrerilla feliz de cuando lo han dejado al fin a sus anchas.
Imaginen mi cara de idiota.
-Lo ha fingido -sentenció el veterinario- Ha exagerado para que no lo regañaran por ir vomitando por los rincones.
-¿Qué me cuenta? ¿Que me ha manipulado un perro?
El tipo se encogió de hombros.
-Sí.
'Dios mío -pensé- Si es capaz de hacerme chantaje emocional un chucho, qué no será capaz de hacer conmigo un hombre'.
Desde entonces, para el veterinario, mi perro es Anthony Hopkins y yo, Jodie Foster en 'El silencio de los corderos'. Hannibal y Clarice.
El otro día, volvimos a la consulta.
El veterinario le puso el bozal al perro y le giró la cabeza hacia mí para que contemplara la estampa.
-¡Ah! -dijo- ¡Mi pequeño Hannibal! Y, por supuesto, su adorada Clarice.
-Oíga, que no le pago para que se cachondee...
-¿Qué ocurre, Clarice? ¿Aún chillan los corderos?
-¡Oíga!
-Je,je,je... vale, vale, ¿qué le pasa al pequeñín?
Al salir, la dependiente le preguntó.
-¿Qué le pasaba al perro?
Desde el fondo, se escuchó la voz del veterinario.
-Exceso de celo. De la dueña.
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No hago comentarios. Sólo sonrío...
Comentario de Berlinés hace 4 años y 51 meses
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Espero que el interfecto no lea esto, si no va a ver el cielo abierto.
Comentario de Lord Cromwell hace 4 años y 51 meses
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¡Oh, por Dios (me salen esas exclamaciones a pesar de ser ateo: es que no me controlo)! Hay gente capaz de sorprenderme aún con lo que escribe, con el fondo y con la forma. Tal vez no termine de perder la fe del todo. En los humanos, no la otra.
Comentario de Microalgo hace 4 años y 51 meses


