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cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Ponga un belga en su vida (III)

Teutón en remojo

No hay nada como un becario belga para levantarle a una el ánimo -y esto ha sonado cien mil veces peor de lo que pretendía sonar-.
Ya sabíamos algunas cosas de nuestro hombre de Bruselas -que tenía un saque digno de un vikingo, una habilidad inaudita para escaquearse de sus cotidianas labores y una lógica mental que rompía los parámetros de la física cuántica-. Pero, sinceramente, no estábamos preparados para sus últimas correrías.
Sepan ustedes, estimados lectores, que a Ludovic, el belga, le gusta nadar. Y le gusta mucho. Desde aquí observábamos que, en verdad, dedicaba no poco esfuerzo y entrega a semejante actividad, pues acudía a la piscina todos los días, invariablemente, a cualquier hora, con enviadable determinación. Hete aquí que la piscina cubierta hubo de cerrar sus puertas, por motivos ajenos a su voluntad -y, por supuesto, a la de Ludovic- durante todo el mes de septiembre.
El hecho de verse privado de su entorno acuícola cuatro largas semanas resultó demasiado para nuestro becario, que decidió seguir practicando en la playa.
Y sí, ya hace frío.
Y sí, era el único que se metía en el agua.
Todos los días, recorría a croll-braza la distancia que separa la Caleta del Faro de San Sebastián -¿cuatro piscinas olímpicas?-. Cuando llegaba al trabajo, el belga aparecía cada vez más bronceado -mientras nuestra pigmentación, ay, desaparecía de nuestras pieles con ansia otoñal-.
Hasta que una mañana, de repente, Ludovic pensó que ya tenía suficiente. Que ya tenía pero que muy conocidas aquellas olas de plata quieta y que se imponía trazar algún nuevo camino. Ser pionero.
Y se propuso cambiar el sentido de su trayectoria: del faro de San Sebastián hacia el Sur. O lo que es lo mismo: a mar abierta.
Amenábar, en bragas.
Allí fue él: Ludovico, el empecinado. Desafiando corrientes atlánticas y su propio instinto de supervivencia -que le conminaba, aterrado, a volver a tierra-. Háganse a la idea, por favor. Un muchacho cuasi imberbe nadando en mitad de corrientes atlánticas, Asia a un lado, al otro Europa, y allá su frente, el Campo del Sur.
Desde el malecón, un grupo de mujeres que volvían del Mercado acertó a verlo. O, mejor dicho, a distinguir una cabecilla rubia que asomaba entre brazada y brazada en medio del MAR OCÉANO.
-'¡Eh, shiquiiiiiilloooo! ¿Qué haces ahí....? ¡Eeeeeh, ven, ven! Ay, Dioh mío, ay, Dioh mío, ¡qué se nos ahoga!'
-'¡El pobre! Le habrá dao una rasha viento, y claro..'
-'¡Digo! Como está el tiempo como está... eeehh, eeehhh, oyeeeee'
No tardó en congregarse un grupo de gente que contemplaba, alelada, los avances de nuestro insigne becario que avanzaba impetérrito, inmune a lo que acontecía en tierra firme.
-'¿Es que nadie va a ayudarlo? Criatura... a ese lo vehmo mañana en loh papeleh...'
-'No se preocupe, señora -comentó uno de los espontáneos testigos, securata del parking, desabrochándose la pechera- Que aquí estoy yo pa solucionar esto'.
Y, sin pensárselo dos veces, el securata se tiró al agua, con uniforme pero sin zapatos, y atrochó la trayectoria de Ludovico, el empecinado.
'-Tranquilo, tranquilo, chaval, que ya llego....' -farfulló, escupiendo agua salada, y agarrando al belga por el pescuezo.
Ludovic casi se muere, sí, pero del susto, cuando notó una mano agarrándole la garganta.
-'Perou... ¿queis esto? ¿qué hace...? Su-elte, su-elte...'
Ludovic no salió en los papeles. Pero por los pelos.
Y sigue sin entender por qué somos tan raros. Y por qué montamos una escena digna de comedieta italiana sólo porque a un muchacho se le ocurre cruzar a nado, en solitario, unas cuantas leguas de aguas atlánticas.
Están locos, estos gaditanos.

Referencias

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Comentarios

  1. Soberbio. (El narrador/a, se entiende)

    Comentario de Adusto hace 4 años y 51 meses

  2. Quien sabe, a lo mejor con la sobrecarga de Trafalgar que estamos teniendo le tomaron, tan rubito él, por un superviviente de la flota de Nelson.

    Comentario de Lord Cromwell hace 4 años y 51 meses

  3. ¡Ya tuvo que salir a relucir Trafalgar! Y seguro que la culpa la tiene ahora Arturo Pérez-Reverte.

    Comentario de Berlinés hace 4 años y 51 meses


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