Pan y galletas (II)
trinidad - 24-11-2005 13:54:42 | Categoria: Reflexiones
Feng Shui y más cinismoEn la misma línea (he tenido el detalle de dividir el exabrupto en dos) se sitúan las revistas de decoración, a las cuales, he de confesar, soy adicta.
Las revistas de interiorismo, numerosísimas desde hace años, son, a la sociedad actual, como el 'Hola' a la España de los años 60. Espejo de una realidad ideal e inalcanzable. Evasión en papel couché.
¿Qué puede ver uno en dichas publicaciones? Fincas alucinantes, remozadas con mimo y esmero, en las que no parece ser problema dónde guardar la escoba y el recogedor -¿existen en ellas escoba y recogedor?- y la escobilla del baño ha desaparecido. Siempre están en lugares idílicos -Ibiza, el Empordá, la Sierra de Ronda-, sus habitantes desempeñan profesiones creativas -publicistas, editores, diseñadores, cocineros desestructurados, poetas de haiku... que les proporcionan ingentes ingresos -¿cómo? ¿por qué?- y los muebles que pillan del trastero o de la abuela, como señal de su espíritu bohemio y alternativo, llevan la etiqueta de recuperado o vintange.
Esos habitantes sí parecen capaces, lo juro por mis Tres Cabezas, de practicar Tai Chi y dar largos paseos por la Provenza todos los días, de embadurnarse en reafirmantes lánguidamente cada vez que se duchan y devorar berenjenas directamente salidas de su propia huerta.
¿Y qué tiene que ver todo esto, se pregunta uno, con la realidad nuestra de cada día? ¿Qué relación guardan esas casas de 200 metros cuadrados más jardín/terraza/azotea descomunal con los micropisos de la ministra -ya en uso mucho antes de la ministra-? ¿Qué tienen en común esos muebles de Phillipe Stark con el concepto Ikea? ¿Quién es el cínico que pretende que aplique los principios del Feng Shui a mi lugar de trabajo -lugar de trabajo: nave industrial sita en desolado paraje, sin ventilación, con mesas ortopédicas y conductos de aire acondicionado sobre las cabezas-? ¿Qué cuernos hago yo, como ejemplo de muchos, comprando esas revistas obras del demonio?
Pues ya lo dijimos: alimentar mis sueños, como los alimentaban BB y Audrey Herpburn a las amas de casa de los sesenta. Creer que, con unos años más, como Barbie seré. Y mientras, procuro no tropezar con las sillas en mi micropiso de barrio popular.
Pues eso. Surtido Cuétara. Hasta hartarse.
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Cuanta razón tienes, como nos engañan, y como nos dejamos engañar ¡¡viva la globalización!!
Comentario de Aprendiz de Arpía hace 4 años y 49 meses
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¿ Y por qué no cruzar sus fantasías?. Un alto funcionario, tipo abogado del estado o similar, que permita un seguro rápido de enfermedad y tenga una casita de esas que sólo existen en ciertas revistas.
Comentario de Lord Cromwell hace 4 años y 49 meses
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Lo suyo, mi nunca suficientemente bien ponderada Trinidad, debe ser masoquismo puro. Yo no frecuento esas revistas (puedo jurárselo), pero las encuentro a cada paso, lo que da fe de su éxito. No sé en qué se basa éste: tal vez escudriñando en su mente me lo pueda aclarar.
Se trata de revistas que muestran soluciones, consejos, estilos que CASI NADIE puede aplicar en sus casas. ¿Por qué comprarlas, entonces? ¿Para decir "huy, mira qué gonito"?
¿Es acaso, cuestión de contemplar el lujo inalcanzable? ¿Eso hace que la gente se sienta mejor? Pues tampoco lo entiendo. Supongo que si a Gutemberg, en lugar de darle por imprimir biblias, le hubiera dado por imprimir el Diez Minutos, habría provocado el buen hombre el advenimiento de la Revolución Francesa (aunque fuera en Alemania) unos siglitos antes (para regocijo de M.J.).
¿Dónde está, pues el placer de leer esas revistas, en lugar de a Stefano Benni (un poné)? ¡No gasten sus dioptrías en ellas, hombre!Comentario de Microalgo hace 4 años y 49 meses


