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arpía´s corner

cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Voceros de la Navidad

Diligente duendecilla


Hace un par de días, mi madre volvió a hacer el mayestático comentario de todos los años:
'Pues, ya que estás aquí, podríamos montar el Belén'.
Ya. Podríamos. Una primera persona del plural que se traduce como sigue: mientras mi madre y mi hermano languidecen en el sofá, picoteando delicias de temporada y visionando cualquier largometraje ad hoc, Trinidad arrastra hasta el salón una puerta de armario, una secuoya desguazada y un montón de bolsas industriales. A lo largo de dos días, la escena permanecerá intacta, excepto por la evidencia de la profusión cada vez mayor de moñas y angelotes. Ha sido así siempre, desde que mi memoria es consciente y, en cierto sentido, creo que fui yo misma quien se cavó la tumba, tiempo ha, con comentarios tales que: '¡No! Pero, ¿qué mierda estáis haciendo? No podéis poner al caganet junto al pesebre' o 'Pero, ¿qué horterada es esa? No me digas que vamos a tener que contemplar ese espantajo todas las vacaciones'.
La tirana perfecta, en fin, vociferando bajo un tierno sombrero de Papá Noel. Con lo cual, mi núcleo familiar terminó por abandonarme a mi suerte, entre ristras de luces de colores y toneladas espumillón, farfullando que si quieres algo bien hecho, tienes de hacerlo tú mismo.
Tampoco es que haya sido una ogresa tan tremenda, digo yo. Recuerdo muy bien una tarde, con un montón de zuecos luminosos arrastrando desde mi cuello hasta el suelo -tendría once o doce años-, tratando de hacer que mi padre se levantara de la siesta y me ayudara con la iluminación.
'No, no, pequeña Trinidad. Yo sé muy bien que es usted una niña inteligente y resolutiva, capaz de solucionar esas cosas por sí sola. ¿No necesitas demostrártelo a ti misma? Pues hala, deja en paz a tu padre y ponte con los enchufes, que yo estaré orgullosísimo...'
Ni se imaginan la de calambrazos advientales que atesoro en el cuerpo.
Resulta una árdua tarea, vive Dios. Nuestro árbol de Navidad mide más de dos metros y tiene envergadura de mezzosoprano. Está a escasos metros de la mesa del comedor y, a veces, en las fechas señaladas, se nos escapan miradas de soslayo, pues creémos que, en una de estas, es capaz de acercarse y zamparse al que esté más cerca -como en The Little Shop of Horrors-. Y respecto al belén... simplemente, llamarlo así es ya de por sí un eufemismo. Una vez acabado, el belén parece tener la amplitud de media provincia de Judea.
Pero es bonito sacarlos del olvido y de la oscuridad de sus cajas. Tiene encanto jugar a demiurgo y hacer que les insuflas vida, que los despiertas de su sueño momentáneo. Allí están, saludándote, las mismas figuras que te contemplaban, con esos ojos griegos, un tanto despavoridos, cuando eras pequeña. Te saludan, se alegran del reencuentro, de que no te hayas olvidado de ellos.
Sólo por eso, merece la pena el esfuerzo y el escuchar a tu madre, una vez te derrumbas en el sofá, con la ropa llena de harina y restos de espumillón:
-'¿Ya estás cansada? Anda, hija, que pareces de mantequilla... A ti te quisiera ver yo en una mina'.
-'Y yo a usted, madre...'
-'¿Cómo...?
-'No, nada. Que si ha acabado ya Juan y Medio'.
Y se zampa uno la mejor guinda al marrasquino de toda la Navidad.

Referencias

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Comentarios

  1. Que sí..que todos nos echamos a temblar con la marabunda navideña que ya por noviembre se nos viene encima. Pensamos si volvermos a tener la energía suficiente para salir airosos de tanta cena, regalos, luces, uvas, adornos, salidas, gastos, felicitaciones etc..Desde la lejanía de noviembre todo esto se nos antoja el enemigo...y digo yo..¿si el año terminara libre de todo esto, no nos íbamos a sentir de alguna manera huérfanos de algo..?

    Comentario de Sérilan hace 4 años y 49 meses

  2. Espero que eso de "salir airosos", que acertadamente comenta Míster o Miss (no lo sé, ruego aclaración por si un día me toca plantar un adjetivo) Sérilan no se refiera a transtornos dispépsicos motivados por la ingeta incontrolada de material navideño (lucecitas incluídas).

    Al contrario que mucha gente que ODIA cordialmente las fechas navideñas y que sólo ven mercado detrás de ello, a mí me gusta la Navidad (coincido con Trinidad Tricéfala Treinta y Tres Veces Trimegista en ello): vacaciones -quien las tenga, pero bueno, hablo en general-, comida, haces regalos y te los hacen. ¿Qué hay de malo?

    De cualquier modo, todo el mundo me dice que la perspectiva de la Navidad se va perdiendo cuando vas llegando a adulto... y que, de forma inesperada, se recupera cuando uno tiene un hijo. Aún no sé.

    Besos y abrazos.

    Comentario de Microalgo hace 4 años y 49 meses

  3. Fe de erratas: ingesta por ingeta, claro. Ejjem.

    Comentario de Microalgo hace 4 años y 49 meses

  4. Por supuesto que no hay nada de malo en ello Microalgo, si en realidad lo único que nos faltan son las fuerzas para alcanzar las rebajas de enero porque terminamos echos polvo. Besitos navideños...ahh..de Miss Sérilan

    Comentario de Sérilan hace 4 años y 49 meses


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