Regalar
trinidad - 03-01-2006 23:39:14 | Categoria: Reflexiones
Ese noble arte
Historia 1Estamos en uno de los cumpleaños infantiles de Trinidad. Hay críos vociferantes y pasteles engollipantes. Una piñata cuelga del techo y ya hay papeles de regalo por el suelo.
Llega la mejor amiga de Trinidad que, por aquel entonces, era una cría feliz y regordeta. Nos pasábamos horas jugando con recortables de muñecas, así que, muy acertadamente, me trajo uno. Coleccionábamos el álbum de Candy, Candy y, como es lógico, cayeron un par de sobres de cromos. Y, como a ambas nos chiflaba la nata, compró en un supermercado un paquete de Chantilly Royal, de ese que se hacía con polvos y leche.
Cuando acabó la fiesta, mi madre y algunas amigas preguntaron, bastante indignadas, quién me había regalado todo aquello.
'Mi amiga', dije yo.
Recuerdo que me subieron los colores. Pero no por la niña regordeta, sino por todas aquellas mujeres que se dedicaban a criticar el regalo de un crío. Sobre todo, cuando yo estaba convencida de que mi amiga había sido la única, de todos aquellos niños, que me había llevado regalos comprados con su dinero.
Historia 2
Un amigo invisible, en el colegio. Tope de gasto irrisorio. Trinidad sale en su busca. Encuentra un conjunto de anillo y pendientes de plástico. Para ser de plástico, estaban muy conseguidos: el montante era artificial pero las piedrecillas eran de cristal de verdad. Costaba poco menos del precio fijado.
Nunca olvidaré la mirada de decepción de la niña a la que le tocó. Al acabar la rifa, unas cuantas compañeras me rodearon: 'Pero, ¿no entiendes que era muy poco cosa? ¿Cómo te hubieras sentido tú de haberte tocado a ti?'
Guardé silencio. A mí me hubieran encantado, claro. Pero cómo decirlo.
Ahí aprendí una regla fundamente en esto del intercambio de presentes: regalo grande, ande o no ande.
Historia 3
Con uno de mis recientes exes.
Desde hace años, Trinidad acostumbra a hacer, de tanto en tanto, regalos temáticos. Esa vez el tema era de 'Luz y Sombra'. A más saber: 'El libro del día y de la noche', de Els Comediants, un calendario que reproducía imágenes antiguas de eclipses -oriundo de guirilandia- y un par de farolillos para velas con lunas y estrellas.
Como yo acababa de inaugurar casa, mi ex me regaló -entre otras cosas- una televisión que daban de oferta en el banco.
Las muestras de regocijo de propios y extraños ante tamaño detalle -ignorantes de operaciones bancarias de por medio- fueron nutridas. Y, por comparación, mis regalillos -que me habían hecho sudar de lo lindo para conseguirlos- resultaban unas menudencias.
Reconozco que tuve que hacer esfuerzos para contener las lágrimas. Ahí mismo, comprendí que lo nuestro no tenía futuro alguno.
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Historia 4
Unas horas antes de leer las historias 1, 2 y 3 en los grandes almacenes esos que tantas veces se citan en este blog.
Carrascus buscaba un regalo para un agregado a la familia recientemente convertido al Islam y se le ocurrió que podía ser un buen detalle regalarle el Corán ya que el que tenía el sujeto a regalar no era suyo, sino prestado. Primer detalle histriónico: "El Corán" se halla a la venta en la misma estantería que "La Biblia".
Una vez pillado el libro de la fé árabe Carrascus se dirigió a la cola de la caja más próxima, larga, llena de gente con más libros. Gente curiosa que (es natural) se entretenía en mirar qué otros libros llevaban sus compañeros de fila. Tras mirar el suyo, lo siguiente era una mirada subrepticia a la cara de Carrascus... nadie le mantenía la mirada, pero hasta que a éste le llegó la hora de sacar su tarjeta ribeteada de verde para abonar su compra todo fueron miradas de soslayo, incluyendo la de los empleados de los grandes almacenes que se encargaban de la caja.
Carrascus salió felicitándose de no haber llevado consigo una mochila, ya que con su pinta de moreno de verde luna (un poco ajado ya, eso sí) seguramente hubiése corrido la misma suerte que el brasileño aquel al que en mala hora se le ocurrió tomar el metro de Londres.Comentario de carrascus replicante hace 3 años y 48 meses
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Historia 5
Años ha, Castillo de Gredos. {La situación y los personajes puede ser ficticia para no herir sensibilidades y proteger a los protagonistas}.
Un pequeño de pequeñas dimensiones en una gran familia. Llamémosle Familia Decibelius. Pues bien, K. Decibelius Junior contempla semiacongojado que estas navidades están siendo también moviditas para variar, y que se avecina la siempre en cierto modo crítica fecha de la Epifanía del Señor. Él sabe perfectamente, que parte de la relevancia del evento, está en que se ponen quizás más aún en evidencia la complejidad de los lazos familiares en la mansión de los Decibelios.
K. en su tierna edad, aún conserva cierto espíritu de grupo rescatado quién sabe de donde, tal vez un rastro atávico que subsiste de orangutanes o chimpancés, y se propone hacer algo, lo que esté en su mano, para que los camellos no salgan a galope tendido y no aparezcan degollados los pajes. Pero el joven Decibelius, precisamente por ser joven y por ser un Decibelius, carece de los medios materiales necesarios para llevar a cabo su plan, para colmo las turbulencias relacionales se están incrementando en el seno del clan, y va a ser como la décima vez que pasa El Niño en lo que va de año. Conocedor partisano en la jungla familiar, resuelve apañarse con lo que tiene a su alrededor, que no es mucho pero, ya que según ha oído decir es el gesto lo que importa, supone suficiente para alcanzar un carácter al menos testimonial.
Es duro para un infante en el contexto, escoger entre los suyos, sus heredados juguetes, su pequeños trofeos de alta significancia emocional e imaginativa, quiénes serán sacrificados y porqué, además considerando una delicada escala de valores a la hora de su adjudicación. Desprenderse de ellos será difícil pero quien algo quiere algo le cuesta. La operación está calculada, es necesario que estén en el gran mueble que preside el salón de eventos a primera hora de la mañana. No es sencillo, habrá que salir de la habitación subverticiamente y deslizarse por el largo corredor, pero es inútil ampararse en la alborada cuando la selva nunca duerme.
La balacera verbal como otras tantas mañanas, a la hora en que los mineros bajan a las minas, se desata desbaratando los cautelosos planes de nuestro protagonista. A duras penas alcanza su objetivo, que es ya empresa vana, pues nadie advierte su gesta y lo único que consigue es ser testigo de excepción de un pase matinal de la versión Hardcore de La Casa de la Pradera. El mal menor se palía con un espíritu resignado y la fuerza de la costumbre, su formación Zen le ha enseñado que quién nada espera difícilmente puede llegar a decepcionarse. El Señor Decibelius ha distribuido los calcetines de rigor.
En el futuro, Decibelius Junior se abstendrá de insistir en sus tentativas de rescatar una tradición, que ya entonces se le revela como víctima de la peste consumista y de la corrupción de los chantajes emocionales/sociales/familiares.
Epílogo
Muchos años más tarde podemos ver a K. D., ajeno y ausente de la feria/fiebre de dos semanas que sacude su ciudad. Salvo contadas ocasiones no se ha vuelto a mezclar en esos asuntos, sustentado férreamente por sus creencias.
Extrañamente se llega a cuestionar si tantos que se arrojan de entre los suyos, conocidos y amigos ya, seres algo menos plásticos que los de antaño, a el rosario de presentes hacia todo su orbe social más o menos restringido, si verdaderamente son tan agnósticos como defienden, o quizás late algo de los pequeños catecúmenos que fueron, regocijándose y conmemorando el nacimiento del futuro desangrado.
Cada año, eso si, es sorprendido cuando algunos le reiteran sus detalles, ora prácticos, ora bienintencionados, para con su persona. Él de natural agradecido, los recibe emocionado y los valora en su justa medida. A sus progenitores en cambio, sabedor de sus economías, les dice cuando es preguntado sobre qué desearía para tan especial ocasión, que reserven sus ahorros, que no necesita nada, que en el momento en que lleguen los días en que tenga necesidad de su apoyo, no dudará en dejarse querer.
... Dickensiano de ocasión
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Adusto
Comentario de Adusto hace 3 años y 48 meses
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Vaya, veo que no soy la única aquí que lleva un violinista fantasma pegado en el cuerpo... No llores, Trinidad. Al menos todos tus amigos y admiradores (y ese ex en concreto también) se comieron el coco de maravilla por la augusta ocasión de tu 30 cumpleaños. El mío en cambio pasó sin pena ni gloria. Una llamada de mis padres, y un regalo de mi ex, el único que vio indicado marcar tan importante fecha, ( si, si, el que prácticamente me había abandonado en el altar dos meses antes...). Conclusión: me lo tuve que llevar pegado a mi cola a Avignon, y nunca antes me sentí tan sola. Por vez primera pensé que Ganivet no tenía razón ninguna cuando dijo su famosa frase de: "El mundo es demasiado grande, y cuando dos amigos se separan deben confiar en el poder de la amistad y en servicio de correos". Ha, ha, ha, ni que fuera tan sencillo.
Epílogo Dickensiano: no nos pongamos tristes por tonterías, o al final acabaras como yo, replanteandote el interés en tu persona de amigos de una década, y teniendo que aceptar la amistad (no bienvenida en ese momento) de Alistair Cromwley en persona (aka J.). Los regalos no significan nada (y si no me crees, preguntales a los que han recibido cds de música francesa de mi este año, por ninguna razón especial, y ni se han molestado en darme los buenos días, o que menos, decirme si al menos les gusta Karen Ann o no).
Recuerdos a Mr Mofly, y a tí del brujo Cromwley, que se rechupetea ya en anticipación de la prometida receta de las ya famosas magdalenas. Está a punto de nevar en Oxford, y se las quiere zampar pensando en nosotras, mirando los copos caer.
Comentario de lady marian hace 3 años y 48 meses
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Recuerdo un día de cumpleaños de mi sobrino, cuando aún era un tierno infante. Estaba el salón atiborrado de juguetes regalados y el crío se puso a hacer carreras de coches con dos pinzas de la ropa, ninguneando en su inocencia los presentes. Lo malo es que los que los habían traído estaban allí y ponían cara rara ante tal desprecio. Me supongo que en la primera historia que Trinity tiene a bien compartir con nosotros pasaría algo parecido. Todas aquellas madres compitiendo entre ellas por el regalo más vistoso y al final nuestra anfitriona se decantó por lo más humilde, sin que nadie entendiese que esa personita había comprendido a la perfección la psicología de la regalada y había optado por lo que en verdad la llenaba en esos años. Y es que como en tantas otras cosas, a veces los regalos son usados no como objeto de satisfacción de la persona a la que va destinado, sino como promoción de la que te lo hace: yo te quiero más que a nadie, que lo sepas, y te cubro de oro. Si darse cuenta que a veces la felicidad está en unos baratos cromos de Candy, Candy.
En este sentido, es sintomática la tercera historia. Aparte de que el regalo de ese ex me huelo tenía un componente autopráctico, es decir, puso una tele en casa de su entonces novia para verla él en sus estadías, es significativo que la gente valorase más una caja tonta que un libro. Signo me temo en mi escepticismo jacobino de cómo están las cosas a nivel cultural. ¿Sabrían los críticos de tan elaborado regalo quienes son Los Comediants?.
Ciudadano Carrascus, no se si leyó en mi blog –Trinity me perdonará la cuña- mi sorpresa y mi temor cuando vi en el Corte Infiel, que a este paso va a tener que pagarnos publicidad de lo que hablamos de él- mi sorpresa al ver entre los libros de historia uno que era “Cómo hacer una bomba atómica”. Todos mis temores que expuse en ese momento quedan confirmados por su testimonio. Si a usted le torcieron el gesto por comprar un Corán, que no le harían al que adquiriese el manual para montar un Hiroshima casero.
No puedo dejar de decir cual fue el regalo de los que he hecho que ha sido mejor recibido. Tengo un buen amigo de los tiempos del colegio que rememora su infancia con cariño, y en especial los programas de la tele de aquel entonces. Siempre cita mucho a Los Chiripitiflauticos, que eran su gran amor infantil. Pues bien, un día, no se a santo de que celebración, la segunda cadena de televisión estuvo todo un día poniendo programas históricos, entre ellos, claro está, uno de Los Chiripitiflauticos. Así que cogí una cinta de vídeo y se lo grabe. Afortunadamente, mi amigo no se había enterado del revival y recuerdo la llamada emocionada dándome las gracias, como nadie me ha agradecido nunca un regalo. Eso fue todo, una gastada cinta de vídeo, sin invertir un duro. A veces una rosa puede ser más contundente que una joya.
De todos modos, Trinity, tal vez sea la problemática coordinación entre tres cabezas y una sola arpía verdadera la que le lleve a ciertas contradicciones. A pesar de su defensa de entrañables fiestas, se le cuelan extrañas sombras. Si en vísperas de Nochebuena nos clavó la dickensiana historia de la buena anciana que vio traicionada su fe en Papa Noel, ahora arroja oscuridad sobre los regalos en vísperas de la gran fiesta de los presentes. En cualquier caso terminaré esta larga réplica, que sin duda provocará las iras de Herr Professor, amante lo breve, con otra anécdota. Hace poco me regalaron un libro por mi cumpleaños con cinco meses de retraso. El motivo es que la persona que me lo dio lo había buscado todo ese tiempo porque pensó que era clavado para mis intereses llamésmosles intelectuales. Que quieren que les diga, gusta saber que hay gente tan detallosa con uno.Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 48 meses
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No se compare, Oh, Trinidad Trescientas Mil Veces Trimegista. A mí me han hecho regalos enormes que no he utilizado más de dos veces y regalos nimios que me han acompañado (me acompañan) desde tiempos inmemoriales. No veo justo que Usted eche lágrimas y moquillos porque los precios de sus regalos no se comparen con los precios de los regalos que le hacen. Y mucho menos que ese malestar implique la falta de futuro común en una pareja. Las cosas se hablan, Mi Señora.
No sé en qué cultura africana (¿o polinesia? mis neuronas crepitan) las cuentas nunca se ajustan del todo. Siempre acabas debiendo un poco o acaban debiéndote un poco, como símbolo de confianza y de continuidad: "vamos a seguir viéndonos y no nos vamos a morir mañana: hoy te debo, mañana me debes, somos amigos y sólo si no quiero volver a verte saldaré mis cuentas contigo". Pues lo mismo. Hoy me regala Usted un apartamento (digamos doscientos metros cuadrados, ático con terracita) en Bahía Blanca y mañana Dios dirá. Tan amigos. ¿Ve que fácil? No hace falta llorar ni profetizar dramáticas desgracias de pareja por eso. ¿Cree que si Usted saliera conmigo y me hiciera ese pequeño presente yo me vería disminuído a su lado? Hombre, llorar sí que lloraría (más que una de sus afamadas Magdalenas), pero no exactamente por los mismos sentimientos de frustración y oprobio.
Hale, hale, no se me ofusque. Y que los reyes sean generosos con Su Gracia (ya mismito llegan: no se olvide de la copita de anís para que la Benemérita les meta un cuerno a la salida: sé de su talante republicano).Comentario de Microalgo hace 3 años y 48 meses
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Jopé. Cómo estamos de verborrea (o teclorrea). Me incluyo, claro.
Comentario de Microalgo hace 3 años y 48 meses
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Abrumada me encuentro ante tanta entrega -en serio, no es ironía barata-. E, insito, a Trinidad -o, al menos, a una de sus cabezas- le chifla la Navidad, entera, en su complejidad toda. Precisamente, por ser tan poliédrica. Que las únicas Majestades posibles les sean propicios.
Comentario de trinidad hace 3 años y 48 meses
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Un momento... Me acabo de dar cuenta de algo. ¿Soy la única fémina que escribe aquí? Me lo podía haber dicho, Trinidad, antes de invitarme a colaborar. No me gusta ser la única fémina en nada, la dejo con sus admiradores. Me retiro. Besos
Comentario de lady marian hace 3 años y 47 meses
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¿Ha perdido el juicio, lady Marian? No es la única fémina que colabora aquí, aunque (ignoramos la razón) los hombres son mayoría a la hora de darle a la tecla.
Comentario de hermanastra hace 3 años y 47 meses
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Ándale. Seguro que si fuera la única fémina en trincar una primitiva en (necesariamente) solitario no ponía Milady tantos reparos et remilgos. Además, si está la misma Trinidad Tricéfala, como poco será la cuarta...
Y a todo esto: ¿Qué más daría si lo fuera? No me cosco de la diferencia. Sexista la encuentro, Milady. Es un blog, no una orgía (donde comprendería sus reticencias).
Besotes, Milady.Comentario de Microalgo hace 3 años y 47 meses


