Sola
trinidad - 04-02-2006 16:32:46 | Categoria: El corazón de la arpía
Me pido goletaEn los dibujos que hacía de pequeña hay una imagen recurrente: una casa en el campo, perfectamente amueblada, en la que vemos un perro color marrón, una madre y una niña. Fuera, siempre fuera, un hombre de pelo oscuro. No hace falta ser un genio de la psicología para comprender el crudo mensaje que nos transmiten semejantes garabatos.
Tamaña circunstancia podría explicarse, en gran parte, porque mi padre era policía y tenía unos demenciales horarios de crápula -tal que los míos ahora-. También, tal vez precisamente por lo mismo, a veces me soltaba unos reveses que me dejaba como Meryl Streep en 'La Muerte os sienta tan bien'.
Todo esto lo cuento porque ya van varios posts en los que hago mención a mi progenitor y no quiero que piensen que me ciega la idolatría absoluta.
La cuestión es que, sin ser absolutamente idílico, el recuerdo de mi padre está avivado por muchas cosas buenas. Tenía muchas cosas buenas. Entre ellas que, también a veces, me hablaba como a persona pensante y en una de esas ocasiones me dijo lo siguiente:
'Si tú crees que va a haber alguien a tu lado siempre, estás muy equivocada. Nadie está contigo hasta el fin. Somos barcos, barcos que zarpan siempre solos y que llegan siempre solos a su destino. En la travesía, por supuesto, te encontrarás con muchos más. Barcos de todo tipo: petroleros, yates, veleros, barquitas de pedales... y habrá algunos que hagan contigo gran parte de la travesía, y otros se crucen apenas un momento. Habrá muchos que estén contigo largo tiempo, pero a los que apenas recuerdes porque no te aportaron nada, no intercambiaron nada fundamental -limones para los piratas, gasóleo, agua- y otros que tal vez aparecieron un segundo, pero te evitaron encallar. En cualquier caso, repito, haz de ser muy consciente de que se zarpa y se llega solo'.
No sé si semejante analogía se le ocurrió a él o la había leído en algún sitio, pero al fin tanto da. Siempre la he encontrado de lo más acertada.
Hoy llegué a mi casa, con las tripas invocando a la Bestia Interior y no sentía a nadie cerca. No había ni Interfecto, ni Pretendientes, ni Lady Marian, ni chucho manipulador, ni cabezas hermanas trinitarias. En gran parte, soy yo la que elijo esa situación: cuando estoy enferma, tengo mala pinta, peor humor y prefiero lamerme las heridas sola, ya que los demás no tienen la culpa. Pero me sentí perdida e indefensa. Sola, en definitiva. Sola con los líos de mi vida y con los líos de mi intestino al que, de tanto en tanto, ya lo ven, le da por ser metáforico.
Nos pasa a todos, ya lo sé. Pero es mi blog y escribo de lo que me da la gana. Además, tengo a Albinoni, que es un gran terapeuta -by the way, Microalgo, gracias por plantarlo ante mis orejas-.
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Monsieur Jacobine también siente a veces el filo de la guillotina de la vida sobre su nuca (sensación de nubes bajas, que dirían en “El cielo protector”) y ve como todo a su alrededor se bloquea con un muro impenetrable donde se estrella cualquier cosa y sólo queda una terrible sensación de hastío. Tampoco es persona dada por su naturaleza básicamente sombría a dar ánimos fáciles. Pero me gustaría que mi arpía favorita tuviese por cierto que siempre que desee puede marcar el número del comité de salud pública, en donde siempre habrá un jacobino dispuesto a oírle las tensiones, tanto las gástricas como las vitales... aunque a veces se confundan.
Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 47 meses
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Totalmente de acuerdo con su padre, Trinidad. Se zarpa solo. Se llega solo. Y entre tanto imaginamos que no lo estamos, lo deseamos tanto que apretamos las mandíbulas. Tal vez si asumiéramos al fin nuestra insularidad podríamos tomar de manera más natural, sin dramas, esos momentos en que nos sentimos solos. Mientras tanto, puede ser buena costumbre tener a mano el número de teléfono del party-line.
Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 3 años y 47 meses
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Es la soledad escogida la menos sufrida. Consuélese en eso. Observar el mundo un poco, es asomarse a eso que comentaba su progenitor, y pienso que, independientemente de lo que se goce de fiesta y jolgorios, el tempo de uno mismo es el que nos salva de las locuras y el que nos pone los pies en su sitio. Quién acostumbra a defenderse lejos de multitudes a veces logra enfocar la mirada sin tanto bulto y más tarde cuando el tiempo de arribar llegue, además, tendrá costumbre de si mismo y no le abrumará su sola compañía.
Eso sí, tenga cuidado con la Segunda Ley de la Termodinámica y su consiguiente entropía.
... solito sólido insólito
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Adusto
Comentario de Adusto hace 3 años y 47 meses
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No estoy de acuerdo. Es cierto que uno se muere solo, pero las personas se mueren solas aunque diez amigos que les quieran les estén dando la mano. La soledad es algo que tal vez (me falta experiencia del asunto) es intrínseco a la muerte. Es como vomitar. Por mucha gente que esté vomitando a tu lado, es algo que uno hace siempre solo. Pero tal vez uno agradece que le sujeten la frente (si a uno no le diera, como a mí, tanta vergüenza vomitar ante alguien) (yo me pegué muchísimos años sin vomitar... y sin llorar también por cierto).
No es plan de ahondar en heridas, así que me cuesta fundamentar mi alegato en la pregunta que considero clave. Me cuesta tanto que no lo haré. Let it be. Dejémoslo en que tú crees que nada puede durar "hasta el final" y yo creo que sí. Que no suela pasar es otra cosa. En eso, lamentablemente, sí tengo experiencia. Y quién no.
Cuídese esas tripas Su Gracia. Las vísceras, en sentido amplio.Comentario de Microalgo hace 3 años y 46 meses
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Solaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Comentario de Diana Navarro hace 3 años y 46 meses


