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La Historia del Costurero

Mi madre cogió el boli bic

Motivada, imagino, por algún tipo de horror vacui existencial, este curso mi madre se apuntó a la Universidad. No acude sola, por supuesto. En su vuelta a las aulas, la acompaña la madre del señor Microalgo, que todo queda en casa. Me las he encontrado alguna vez, de hecho, con expresión de suprema felicidad bamboleando sus carpetas cual adolescentes -¿Qué tipo de pegatinas pondrían, vive Dios? ¿Arturo
Fernández? ¿Juan Luis Galiardo?-.

El otro día, en clase de literatura, los animaron a escribir un cuento. Resumo a continuación el de mi progenitora, que hube de sufrir en alta voz:

Historia del costurero

'En el mundo del costurero todos vivían muy felices. Tijeras, acericos, cabos de lana y la cantarina caja de los botones. Las bobinas de hilos, de mil colores diferentes, descansaban una junto a otra muy pegaditas.
Su mayor distracción, sin embargo, era salir al mundo exterior. Cuando una de ellas salía, todas estaban deseando preguntarle por las cosas de fuera. Cómo estaban los niños, cómo estaba la casa, qué daban en la tele, qué le habían hecho coser.

Un día, una de ellas les dijo que había visto, fuera, entre retales, una bobina diferente a todas las demás. Parecía estar de hecha de plata y
oro y, en efecto, la llamaban 'hilo de oro'. Puesta sobre la tela, relucía más que ninguna otra y todas las bobinas temblaron de miedo. Creían que, con hilo tan hermoso, nunca nadie volvería jamás a utilizarlas.

'¡Miradla, miradla! -dijo alguien- ¡Ya la traen, la meten en el costurero!'

Y, en efecto, la mano la deposito allí, entre todas las demás. Las bobinas emitieron un grito ahogado. Aquella exuberante prima lejana estaba casi deshecha: apenas quedaban un par de cabos sujetos al carrete.'


En este punto, mi señora madre coge aire y me mira fijamente:

`Todas comprendieron que eran muy afortunadas, y lamentaron la terrible suerte de la bobina de hilo de oro. Pues, al ser mucho más bonita que las demás, todos la utilizaban sin preocuparse qué es lo que
podría quedar de ella mientras que, todas las demás, vivían tranquilas y felices en el costurero. FIN'


Y ahora, queridos todos, lanzo unas cuantas cuestiones al aire: ¿Lo ha hecho para provocarme? ¿Ha sido consciente o inconsciente? ¿Esconde esa cincuentona de aire inocente que es mi madre una sádica redomada?

Porque, no sé ustedes, pero yo estoy segura de que si le plantaran delante unas manchas de Rorschard, miraría al psicóloco con curiosidad y le diría: 'Es la depravada de mi hija, follando, claro. Pero, ¿cómo tiene usted la foto? ¿Es que también estaba allí?'

Referencias

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Comentarios

  1. La Virgen de la Macarena. La historia de mi madre debe ser aún peor: no le ha dado por enseñármela.

    Comentario de Microalgo hace 3 años y 46 meses

  2. Su madre no se aclara, Trinidad. En teoría, las bobinas que vivían en el costurero se aburrían y ansiaban el bullicio del salón. Déle la vuelta al cuento y saque su propia moraleja. Más vale divertirse. Y lo que piensen las amargadas que salen, como mucho, una vez al año, cuando se cae el botón de esa camisa de color tan raro, nos da lo mismo. Sabemos que es pura envidia.

    Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 46 meses

  3. En un principio pensé en que desde luego el talento que exhibe nuestra Trinity en este blog no es genético, visto el cuento materno. Pero luego me dí cuenta de que su progenitora tiene un oscuro talento. Pocas veces he visto una defensa de la mediocridad tan apabullante como este cuentecillo nada infantil, que deja en pañales el famoso "Como en casa, como en ningún sitio" que cerraba "El mago de Oz". Esta señora debería explotar el filón de madres de mediana edad desbordadas por unos hijos más brillantes que ellos, que seguro leerían sus libros. Yo le daría tratamiento Ludóvico a base de hacerle ver una y otra vez "Los increíbles" y su defensa de la diferencia.

    Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 46 meses

  4. Totalmente de acuerdo con Monsieur, su madre muestra un gran talento literario. No lo cohíba, antes bien foméntelo, y manténganos informados de sus progresos. El que usted sea la diana a la que apuntan las moralejas de sus fábulas lo hace doblemente interesante.

    Comentario de Profesor Franz hace 3 años y 46 meses

  5. A lo que el psicólogo contestó, no, pero me hubiera encantado (sin contar otros protagonismos posibles...).

    Esta niña es la caña escribiendo. No nos dejemos embaucar por la parábola; sin su giro final, el costurero no sería más que una fábula cuasivictoriana (sin quitar mérito a la madre de la ninia, que ya lo tiene sólo con habérnosla parío).

    Y bueno, el final de la historia, que no te contó tu madre, es que el costurero acaba en el contenedor de basura, con todas las bobinas nuevas, mientras que hay hilos dorados que, por fortuna, aún sobreviven en telas que nos adornan. Ole las telas que fueron dignas de tus dorados hilos, así como tus hilos gastados en la búsqueda, que, al fin y al cabo, es lo único que importa. Bendita sea la bobina de tu vientre.

    Comentario de Varekai hace 3 años y 46 meses


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