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arpía´s corner

cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Mi abuela y el Tío Ceferino

Visicitud y sensibilidad, en sentida retroalimentación


Mi abuela, de joven, tenía una preciosa melena pelirroja que le hacía creerse Margarita Cansino. Se pintaba las uñas y se ponía guantes de redecilla para que mi bisabuelo no amenazara con rebanárselas y siempre contaba que uno de esos italianos de Mussolini se suicidó por ella -'Por la chatica. Se ha ahorcado por la chatica'-. Todos sus delirios de chica guapa se desvanecieron cuando murió mi abuelo, fecha a partir de la cual se abandonó por completo. Aún así, de mayor, no consistió nunca que la llamáramos abuela. Quizá fuera esa vanidad la que le hizo resistirse estúpidamente, durante largo tiempo, a visitar al oculista: a resultas, en sus últimos lustros de su vida, mi abuela apenas veía. La miopía galopante le había provocado unas cicatrices en la retina para las que no había solución.

Cuando pasó los ochenta, para colmo, se le empezó a caer el pelo. En las imágenes más recientes que guardamos de ella, se me parece a una galápago anciana, incrustada en su sofá como en un caparazón, alargando un cuello fino y despellejado. Sus ojos se hacían enormes, abiertos tras dos gigantescas e inútiles lupas y el cabello, lo que antes fue su espléndida melena, apenas se reducía a cuatro jirones roñosos en mitad del cráneo. Entre eso, y la lógica lentitud de movimientos, mi abuela parecía un holograma de la Vetusta Morla. Todo un espectáculo.

Es cruel que el tiempo te trate de tal manera que el comentario más habitual entre los que te conocieron sea: 'Ufff, menos mal que no puede verse'.

Cuando me vio en el velatorio de mi abuela, mi tío (segundo) Ceferino decidió que esa perfecta desconocida que tenía ante sí había crecido bien. Pero que muy bien. Ceferino nos invitó a café a mis primas y a mí y se ofreció muy amablemente a hacer de taxista. Debí sospechar algo cuando, justo volviendo del Cementerio, lo veo llegar corriendo con mi bolso en la mano y una sonrisa en la cara:

Tío Ceferino: Jejeje... te lo dejabas en mi coche, ¿querías una excusa para volver a verme?
Trinidad, pestañeando atónita: Pues... no, no. Tal vez, no sé, lo de mi abuela en una caja de mi pino y esas cosas me ha puesto un poco nerviosa. Sin contar, por supuesto, con mi naturaleza de por sí caótica y olvidadiza. Pero vaya, si eres feliz pensando otra cosa...

Tío Ceferino no necesitó excusas. Vino a buscarme cuando estaba de visita en un hospital -'¡Sorpresa!'-, engatusó a su hermana para hacerse con mi móvil y ya me estaba enviando mensajes a la hora de dejarme en mi casa.

Tío Ceferino: 'Pero, ¿qué es lo que me has dado?'
Trinidad: '¿Morbo?'
Tío Ceferino: 'Jejeje... le voy a decir a tu madre lo mala que eres'.
Trinidad: 'Pues sí, díselo, que es capaz de ponerse de tu parte...'
Tío Ceferino: 'No deberías dejar que las limitaciones pacatas te frenen'.
Trinidad: 'Tío Ceferino, nos separan muchos kilómetros y muchos años, y nos acerca demasiado ADN. Mis pecas y las tuyas son de la misma cepa genética'.

Tío Ceferino se ha metamorfoseado en una especie de consultor en la distancia. Me enguja las lágrimas y me sigue llamando de tanto en tanto. Llegó un momento en el que, más allá de la adrenalina de los diálogos cáusticos, encontré que me gustaba tenerle al otro lado del teléfono. Cosa que no deja de escocer un poco porque, si bien mi rollo era paterno filial electroide -me encantaba tener, de repente, un padre que me dijera '¿Cómo estás, bruji?'- también era consciente de que, precisamente, Tío Ceferino podía (puede) tener en mente alguna que otra cosa.

Pero, a fin de cuentas, uno va andando como puede, con las muletas que encuentra por el camino. Aunque disten mucho de ser correctas.

Referencias

Dirección para referencias

  1. [...] tío Ceferino, ¿qué tal?'. Mientras tío Ceferino me recrimina cuán cruel soy al castigarlo con mi indiferencia, me conecto al ordenador. Tengo un mensaje de Neurona. Ilusionada, lo abro. Y me encuentro el siguiente email de Pintor Maduro: [...]

    Referencia de arpía´s corner hace 3 años y 44 meses

Comentarios

  1. ¿No os ha dado nunca por coleccionar citas? Por ejemplo:

    "Vivir es remendar las contradicciones para ir tirando." (Faustino F. Álvarez, La Razón, 30 de Julio de 2004).

    ¿Que no?

    Comentario de Microalgo hace 3 años y 46 meses

  2. Qué bonito lo que cuenta de su abuela, siempre consigue emocionar.

    Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 45 meses


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