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cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Muerte entre las flores

Loterías y Apuestas

Hace una primavera gloriosa. Apenas unos días atrás, se me abrió la pituitaria y era capaz de oler las cosas como si me hubieran desatascado las fosas nasales. Los tirantes salieron del armario, por primera vez esta temporada, la semana pasada. El aroma a azahar llega hasta las azoteas y siento un hambre de letargo, de hibernación acabada.

Por eso, en medio de toda esta eclosión, me ha resultado tan difícil de creer y asimilar la siguiente noticia: el médico que llevaba mi expediente en el hospital ha muerto. Sólo Woody Allen podría comprender el estado de orfandad existencial en el que te sume algo así. Tu cirujano no muere al igual que Dios no muere. Es todopoderoso y omnisciente, y fuerte y bueno. ¿Qué hace muriéndose? ¿No conocía los entresijos necesarios para espantar a la muerte?
Y el escalofrío... ese estremecimiento que únicamente se puede experimentar de verdad, con emoción, si ya has estado en la ruleta. Justo como si la misma Parca, esa malla negra de esqueleto y capucha que todos imaginamos, te rozara la mejilla con los metacarpos y te susurrara: ‘Te has librado’.

Una vez más.

Algo pareció me ocurrió cuando murió Rivera, uno de los jefes de sección aquí en el Rancho Grande. Fue a causa una anomalía cardíaca que todos, incluso él, desconocían. Al volver de uno de mis ingresos, me preguntó cómo estaba y le dije: ‘Bien, ya estoy bien. Pero no es agradable sentir la espada de Damocles encima’. Y él sonrió y contestó: ‘Ya estamos… tú siempre creyéndote tan especial. Bajo la espada de Damocles estamos todos’.
Y poco después falleció. Nuevamente, era como si alguien -'ALGUIEN QUE HABLA ASÍ', que dirían Gila y Terry Prachett-, hubiera estado escuchando y tomando nota.

Y podía sentirlo cada noche, en el hospital. Cuando casi todos duermen, y uno está despierto, y la luz de los pasillos está encendida. Y eres perfectamente consciente de que estás dentro de la probabilidad, que eres uno de los palitos chinos. Que esta vez quizá le toque al de la 316… pero que tu número está también dentro de la saca.

Lo dicho.

Es una sensación tremenda. Consigue que el tiempo te duela.

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Comentarios

  1. Comprendo lo que escribes, pero no lo comparto, pienso exactamente como tu compañero qepd (como se decía antes): a tí te tocaron las aproximaciones, y por eso te sientes más cerca del gordo. Siempre ocurre, pero es tan falso con la muerte como con la lotería. La muerte a veces te sopla tan cerca que ni la sientes, ni la imaginas. Sólo la vemos cuando estamos esas horas en un hospital, o cuando renacemos en un portal de Bolivia con el cuello y el orgullo dolorido, pero la muerte tiene, además, y lo sabes, otros lenguajes, otros códigos que quedan escritos y no leídos: la calle que no tomas y donde una navaja se queda esperándote, el instante del encuentro mortal en el cruce al que llegas tarde con el coche, la enfermedad profesional que evitaste y ya nunca conocerás tras tomar aquel otro trabajo de mierda del que luego tanto te has quejado... En una de estas, el código se lee y se acabó todo, para cualquiera.

    Comentario de Varekai hace 3 años y 44 meses

  2. Como una Ariadna diamantina me sorprendes hilando reflexiones y desvarios en una trama fantástica que me abriga en noches de soledad. De las fuentes que manan en medio de la plaza bebes como todos pero... solo tu sabes sacar la ultima gota que transformada en brasa marca nuestra piel de oveja. La lana negra es mas abrigada en el invierno de la incomprensión.

    Comentario de Dr. Elektro hace 3 años y 44 meses

  3. Lo siento mucho, Trinidad. A mí me pasó un poco lo mismo. Tuve una inflamación gravísima en la garganta, como lo de los sapos, pero por dentro. Todos los doctores decían que la única solución era operar, pero un médico amigo de mis padres se arriesgó a darme antibióticos superheavies y me bajó la hinchazón. Ni un año después murió este buen señor que, además, era amigo de mis padres. La viuda también es muy amiga de ellos, de hecho yo la conozco desde la infancia. Ya que estamos en plan triste, esto me hace pensar que a la edad de los padres ya es muy habitual ver que se mueren los amigos. Qué terrible sensación.

    Y tengo que decir que qué bien escriben ustedes, Varekai y Dr. Elektro (¿es otra de las tres cabezas?). Lo de que la muerte se evita en cada instante, que nuestra vida cambia con cada nimia decisión o casualidad es muy cierto.

    Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 44 meses


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