Perdidos en el templo (I)
Del consumo, por supuesto
Hace unos años, cuando Cániz City aún era un punto libre de El Corte Infiel, cada 7 de octubre (fiesta local), sus ciudadanos protagonizaban una curiosa romería. Era arraigada costumbre peregrinar hacia los centros que susodichos almacenes tenían (tienen) en la vecina ciudad de Híspalis. La cuestión es que el rito estaba tan asumido que hasta los dinámicos chicos de El Corte Infiel ponían comparsas y chirigotas en el hilo musical. Y muchos podrán despotricar lo que quieran, pero lo cierto es que Cániz City tuvo conciencia de sí misma, y de ciudad sita en el mapa, en cuanto se elevó sobre sus ociosos terrenos su respectiva cédula CI. Es la manera que tiene cualquier capital de provincia (o comarca) de dejar atrás su condición de villa de segunda categoría -ojito, esto último no me lo he inventado yo, sino los insignes próceres-.Resulta triste, no lo niego, que 2000 años de fenicios, ultramar, veedores y comerciantes genoveses queden reducidos a tardes de borreguil
hormiguero. Pero lo cierto es que, tarde o temprano, todos terminamos allí. El Corte Infiel tiene naturaleza de sumidero.
Y a su sombra, y en sus colas, hemos urdido las siguientes historias. Algunas de ellas, inspiradas en hechos reales.
Anuncio I
Preparativos de boda
Interior casa. Se ve a una chica poniéndose el rímel, enfundada en un vestido rojo. Otra tipa, en bikini y calzonas, intenta hacerse el nudo de una corbata. Aparece el protagonista, en camisa y calcetines de liguilla. Al fondo, otro tipo ve episodios de 'Ulises 31'.
'No encuentro los pantalones', exclama el protagonista. Las chicas abren los ojos desmesuradamente, pero no se mueven. El tipo de 'Ulises 31' sigue sin quitar la vista de la televisión. 'No encuentro los pantalones', repite.
Chica en traje rojo, chica en calzonas y protagonista empiezan a moverse desesperados, en busca de los pantalones perdidos, como sombras neurastémicas, tras el tipo de la tele.
Al fin, los tres salen corriendo y se meten en un coche. El coche, dando tumbos, pasa por delante de la puerta de la iglesia en la que, al fondo, se ve cómo se arrodillan el novio y la novia.
Llegan a CI. Suben las escaleras mecánicas -¿por qué suben las escaleras mecánicas y no cogen el ascensor? Básicamente, porque son imbéciles. Técnicamente, para que el público se regodee en el lamentable espectáculo que ofrece la comitiva-.
Llegan a la sección de caballeros, el prota se prueba los pantalones, le cogen los bajos con alfileres, se saca los faldones de la camisa y se recompone dentro del coche -ante la escandalizada mirada de una Señora Madura-. La pareja llega a la salida de la boda, a tiempo para jalear el arroz y felicitar a los novios.
La tipa de las bermudas llega a su casa y se desploma en el sofá. El tipo de 'Ulises 31' ha seguido todo el rato ahí, sin enterarse de nada.
Anuncio II
Marnie
Rebajas. O no. Una mujer mira con desgana unos cuantos modelitos. De repente, encuentra algo que le gusta. Lo juzga y asiente satisfecha. Otea a su alrededor, derecha, izquierda. Lo oculta, como hacemos todas, en algún rincón inverosímil entre las demás perchas. Se va a proseguir con la caza a otro lugar. Cuando vuelve, el trapito no está. Lo busca frenética, burro arriba, burro abajo, por las demás estanterías, pero la prenda ha desaparecido.
Va siguiendo un rastro, como si pudiera olerlo. Al fin, lo encuentra, metido ya en una bolsa, en manos de otra mujer. Es importante que esa otra mujer caiga mal, que parezca una pija revenida o una alternata furibunda. La advenediza coge otro vestido, lo calibra y se encamina hacia el probador. Nuestra protagonista va siguiéndola todo el rato. Al llegar a los probadores, la dependienta conmina a Advenediza a dejar la bolsa a la entrada.
Alguien llama por teléfono y la dependienta se despista un momento.
Rápido zoom a cara alucinada de la protagonista.
Cuando la dependienta se gira, la bolsa ya no está.
Anuncio III
Tras los visillos
Lo protagoniza la Señora Madura del Anuncio I. Entra en un probador. Empieza a probarse un vestido. Realiza comentarios propios de madre menopáusica a lo 'Qué calor, Cómo agobia esta faja, A mí no me cabe esto...'. De fondo, se escuchan risitas, golpes y ruidos sospechosos provenientes del otro compartimento.
La Señora Madura pone cara de circunstancias a lo 'Esta juventud...'
Cuando llega a la Caja, le pregunta a la dependienta: 'Perdone, ¿dejan entrar a hombres en los probadores de señora?'
La dependienta, que lleva un día de lujo, la mira con extrañeza.
De fondo, se ve salir a dos chicas en acaramelada actitud.
'¿Remedios?', dice la señora.
'¿Mamá?', farfulla la chica.
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Referencias
Comentarios
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El Anuncio I me suena. Creo que conozco la historia y hasta a sus protagonistas. Muy bueno.
Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 43 meses


