El no-tiempo
trinidad - 31-05-2006 21:51:11 | Categoria: El corazón de la arpía
Agujeros de gusanoComo nuestro querido amigo Triskel muy bien sabe, para los celtas el tiempo y el espacio formaban un ovillo, se entrecruzaban de manera desordenada y caprichosa. Y lo hacían, especialmente, en determinadas circunstancias: en los cruces de camino, en las orillas, en los cambios de estación, al amanecer y al atardecer. En los umbrales.
Espacio y tiempo, coordenadas geográficas y pasado, presente y futuro eran capaces de coincidir en un lapso, en un pestañeo divino. Todo era continuo, todo eran ruedas y espirales y esvásticas.
Este fin de semana tuve un paréntesis de no tiempo en un pueblo de la Sierra. En perspectiva, ante mis ojos, estaban mis pies descalzos, los escalones de baldosa hidráulica y un rincón del salón. Y superpuestos a esa imagen (o bajo ella, como un calco) estaban esos pies, otros escalones y un salón muy parecido, de distribución idéntica, en alguna otra casa de montaña de hace veinticinco años.
Allí estábamos, mi madre, mi abuela y yo (o más bien, mis pies, de repente encogidos y calzados). La niña agazapada en la escalera, con los ojos justo por encima de la baranda, observando la escena: mi madre y mi abuela hablando, la chimenea al fondo, la segunda acariciándose la cara con una mano. En la otra mano, sostenía temblando un cigarrillo.
Fue un fin de semana inusual para nosotras, realmente extraño, fuera de casa, en un hogar ajeno con olor a invierno.
Para hacer de la mítica excursión al campo algo inolvidable, la abuela se cayó por las escaleras y, a consecuencia, tuvo un ojo morado durante semanas. En ese momento, mi madre, increíblemente joven -en esa imagen retomada, las dos me parecen ahora dolorosamente jóvenes- trataba de comprobar que no era nada serio y de convencerla de que lo mejor sería ir al médico.
No recuerdo ni en qué acabó el accidente. Sólo tengo ese fragmento, de repente recuperado, por capricho absoluto de la memoria, por mero juego de referencias. Como si el cerebro, cansado de ordenar datos y deshacer nudos gordianos, gustara de entreneterse a sí mismo, de tanto en tanto, con algún pasatiempo: 'Encuentre las siete diferencias entre estas dos imágenes: Abuela muerta. Uñas pintadas de granate. Anillo en dedo del pie. No hay calcetines. Mujer más gorda. Distinta tapicería. Vencejo en cuadro'.
(Sin embargo, qué curioso, la luz viene a ser la misma)
'No te puedes imaginar... -le digo a Memorial, aún agazapada en la escalera, tal y como hacía un cuarto de siglo atrás- Qué sensación tan extraña...'
Y Memorial sale de la cocina, y le cuento de la caída y del recuerdo recuperado, y de lo extraño que se hace ver a mi madre tan joven y aún con ánimo de escapadas y emociones. Y aún así, con mi propia voz sonando, y Memorial delante, y el aquí y ahora, aún así, todo parece mezclado. Como dos fotos pisándose el negativo o una película fantasma, con sombras que se adivinan bajo otras sombras. Y tenemos a la niña y la madre, a Memorial sonriendo justo cuando la madre se inclina, a Memorial bromeando con la mujer que es ahora la niña, y que habla justo donde la abuela sostiene el cigarro. Y a esa niña observando desde el mismo escalón, el mismo escalón exacto, del que la mujer que está llamada a ser acaba de levantarse y que lo mira todo, asombrada, desde los ojos del pasado.
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