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arpía´s corner

cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Cifras y letras

Lo esencial es invisible a los ojos

Al comprar mi casa, no pude firmar las escrituras porque me puse mala y me operaron. Al volver al banco, lo primero que me dijeron fue que:
A. O me buscaba un avalista o
B. Se me triplicaba el seguro de vida

Este hermoso detalle, como comprenderán, no contribuyó a hacer de las compañías de seguros un ente al que mirar con cariño. A ello, sumamos el hecho de que dicha operación y anterior y posterior trayectorias hospitalarias hacen que cualquier intento por escapar de las visitas al médico de cabecera con cuarenta de fiebre (SS) se traduzca en un clavazo a mano sana.

Recientemente, el Lazareto de los Periodistas llegó a un jugoso acuerdo con Compañía Hiena de Seguros Sanitarios. Compañía Hiena y Lazareto consentían en ofrecer a Leprosos de la Tinta un pingüe descuento en la cuota mensual y, si el ingreso se realizaba antes de determinada fecha, una ignorancia ciega ante el currículum sanitario de cada cual.

Dicho esto, Trinidad Tricéfala se dispone a solicitar acogida a Compañía Hiena. Compañía Hiena huele algo que no le convence y envía otro formulario para captar el grado de podredumbre.

Primera pregunta: '¿Tiene algún defecto de refracción óptico? Especificar: miopía, hipermetropía, etc. Dioptrías, ojo derecho, ojo izquierdo'.

Al leerlo, a mí también se me ocurrió otra pregunta: '¿Está este cuestionario torpemente redactado de manera torticera y sesgada? Puntúe de 0 a 10'.

Porque, puestos a sopesar posibles e inmediatos gastos, podrían preguntar, por ejemplo: '¿Tiene usted hijos? ¿Cuántos? ¿Cuántos de ellos necesitan o necesitarían ortodoncia?' Porque, si yo concibiera las preguntas a realizar en la encuesta, no se pasaría por alto tan suculento agujero -aunque ya sé que esos mocosos son posibles futuros clientes y mis dioptrías, no-.

El impreso consta de varias incidencias a rellenar. Ponen sólo cuatro casilllas. Yo las relleno las cuatro. Un poco más y tengo que pedir otro folio,como en los exámenes. Da una sensación extraña cuando, de repente, ves tu historia en historial, es decir, reducida a cifras y letras. Por ejemplo, un mes a sonda en el hospital, tres días en la UCI, flebitis en todas las venas y pancreatitis tras intervención consta como: '30-04-95/18-05-95. Síndrome adherencial: obstrucción intestinal. Tratamiento quirúrgico. Pequeñas molestias'.
No se habla del dolor, ni de la voluntad, ni de los temores, ni de la esperanza, ni de las sonrisas, ni del casancio, ni de la alegría del olor a hierbabuena en el caldo. No se menciona la cicatriz en canal ni el miedo terrible que surge, certero, a cada 'pequeña molestia'.

Cuando lo lees, simplemente, la traducción que resulta es 'material fungible'.

Pero claro, al final, toda vida queda también reducida a cifras y letras. Todos somos material fungible: 'In memory of / Catherine Mahoney, (1875-1954)/ beloved wife of Robert Connors'.

Por ejemplo. Y en ese paréntesis, en esas fórmulas asépticas, queda encerrado todo. Todo. De la cuna a la tumba, desde el mismo día en el que Catherine Mahoney apareció en el mundo, diminuta y arrugada -podemos pensar que su nacimiento coincidió con la visita del Príncipe de Gales, y los gritos del parto quedaron ahogados por las salvas. En la casa, sólo estaban su madre, la partera, y su padre, que oteaba nervioso a través de la ventana- hasta que murió, ya anciana, encogida y arrugada -con las tijeras de podar sobre el regazo, como si hubiera sido ella misma la encargada de cortar su propia vida-. Fíjense: un pedazo de alfabeto y unos números al azar vienen a recoger la existencia entera, el olor de las castañas, y el chapuzón del verano; a Samantha, la gata buena, y las salamanquesas en los faroles; las fresas con nata y las agujas explotando ampollas; el vello del tal Robert, como plumón al tacto; los dientes de leche de los hijos, guardados junto a las perlas; el crujir de la madera por las noches; la emoción de unas notas antiguas; las campanadas de la iglesia, encapsuladas, atravesando la niebla; las creencias de la abuela en trasgos y sirenas.

Precisamente, son todas esas cosas las que quedan en silencio, ocultas en un remolino de cifras y letras. Entre paréntesis. Y es gran pecado no saber entreverlas.

Por eso, ahí va mi maldición hacia todas aquellas Compañías Hienas que no saben leer entre paréntesis, ni entre líneas, ni entre letras: Que todos sus asociados sean vehementes miembros del Opus, con progenie en escalera de color necesitada de láser y ortodoncia, con varios niños asmáticos y otros tantos hiperactivos. Por lo menos.

Que así sea.

Referencias

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Comentarios

  1. Trinidad, leyendo tu magnífica descripción de la vida se me ocurre que quizás esas siglas, esas piezas de alfabeto y esos números a los que queda reducida nuestra existencia, son parte de la ceniza en que seremos convertidos. El resto -los olores, los dientes de leche, amaneceres, lágrimas y tragedias, la vida en definitiva- es sólo un préstamo, un líquido que llena nuestro vaso mientras es tal, hasta el día que se vacía sobre el mar y deja su contenido libre para el siguiente, sí, ese día en que el vidrio rompe convertido en sonora catástrofe de números y letras, ojalá lejanos los números, ojalá beloved las letras.

    Comentario de Varekai hace 3 años y 42 meses

  2. Comprendo el cabreo de Trinity. Que una Compañía Hiena –de nuevo el talento motejador- decida que una persona ya sólo puede morirse y ya no merece la pena invertir un duro en su salud demuestra la grandeza moral de las compañías de seguros y de medicina privada. Viva el mal, viva el capital, vivan los servicios públicos entendidos como negocios.

    Lo de comprimir entre fechas acontecimientos intensos es algo que nos pasa a los que leemos mucha historia. En unas pocas páginas hallamos el desglose de una importante batalla, por ejemplo, incluyendo las cifras de muertos. Nunca entramos a pensar todo lo que hubo allí en realidad, cuantas vidas particulares confluyeron en ese momento y se truncaron para siempre, cada uno con una historia que contar. Ni podemos captar el nivel de emociones que hubo en ese momento por parte de todos los implicados. La Historia acaba siendo una ciencia tan pragmática como las demás. Solo busca resultados globales aunque su materia prima sea el ser humano.

    Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 42 meses


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