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arpía´s corner

cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Alégrame el día

Soy lo peor. Lo peor.

¿Qué no? Observen la hermosa fantasía onírica de ayer y hoy que le dio por tejer a mi februlento inconsciente:

Trinidad viaja en tren, en uno de esos asientos con cuatro plazas, frente por frente. Trinidad se levanta para ir a la cafetería o a llamar por el móvil. Justo entonces, la chica que estaba en el asiento opuesto se pone de pie y se sienta en el nuestro. La muchacha tiene pinta de JessicaMari y pocas ganas de viajar de espaldas.

Trinidad se para en seco antes de llegar a la puerta y le dirige a la tipa una mirada digna de Michael Douglas en 'Un día de furia'.

Trinidad, con gallito histérico: '¿Qué haces?'

JessicaMari se queda con las posaderas paralizadas en el aire.

Trinidad: 'No irías a sentarte en mi sitio, ¿verdad?'

JessicaMari: 'Ya no es tu sitio. Te has levantado.'

Trinidad se apoya junto en la puerta con sonrisa de sobradísima de Cániz. Los otros pasajeros se encogen un poquito.

Trinidad: '¿Sí, eh? ¿Esa es tu defensa? Escúchame, pequeña zorra: no tengo la culpa de que tu triste infancia transcurriera en medio una familia desectructurada, ni de que todo ello te abocara a ser una fracasada social sin los mínimos indicios de educación ni civismo. Así que, por favor, deja de provocar mi paciencia y mi inteligencia y vuelve a tu sitio'.

Recuerdo nebulosamente lo que ocurrió tras esa escena. Se armó un zapatiesto, por supuesto, y apareció el revisor. En un aparte con el encargado, va y le suelto, sacudiéndole una bolsita de delicias belgas: 'Escuche, soy periodista. ¿Quiere unos chocolatitos?'

(Ya ven: a la Mrs.Hyde que albergo en mi interior no se le ocurre nada mejor con lo que sobornar a la gente que pastelitos y chocolate. Dioses.)

Al parecer, el revisor aceptó los chocolatitos pues, lo único de lo soy consciente -el sueño empezaba a difuminarse- es de que terminé sentada de nuevo donde me correspondía.

Conclusiones:

1. Soy una fascista en potencia, incluidos rasgos de manía persecutoria y complejo de inferioridad

2. Albergo en mi interior un potente sentimiento de violencia reprimida

3. Ansío formar parte del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Marbella: ya ven, a poco que me dejen, muero por extorsionar y hacer mal uso del poder. No tengo moral, ni estómago, ni freno, aunque sí un excelente gusto para los chocolates.

¿Saben lo peor de todo? El comprobar que, a pesar de ser una vergüenza para el género humano, Trinidad Hyde se salía con la suya. Al fin, compraba al revisor gracias a sus rancias influencias y ocupaba su asiento con expresión de gata satisfecha, sin siquiera mediar una disculpa.

Imagino que era uno de los apartados de 'Ciencias Sociales, Así funciona el Mundo' que, en esos momentos, le daba por repasar a mi cerebro.

Curiosamente, quizá al mismo tiempo, Memorial fue víctima de un sueño con visos telépatas.

Memorial: '¿Sabes? He soñado que jugabas al fútbol'
Trinidad: '¿Ah, sí? ¿Y qué ocurría? ¿Me volvía a comer un balón? ¿Se me caía la otra retina? Jejeje'
Memorial: 'No, al contrario. Marcabas un gol. Era impresionante'.

Claro, por supuesto. Me apuntaba un tanto. Tiene toda la lógica.

Referencias

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Comentarios

  1. Habrá que preguntarle a Memorial si recuerda que el portero tuviese la boca manchada de chocolate. O el árbitro.

    No es que deconfíe de las habilidades futbolísticas de Trinidad, es que con los modos que se gasta en sueños...

    Comentario de Varekai hace 3 años y 42 meses

  2. Pues le advierto que los impulsos fascistas no tienen que manifestarse en los pliegues de los sueños, sino de forma consciente a plena luz del día, o mejor, del crepúsculo. Lo digo porque el otro día salía al atardecer del cine y en la escalera del centro comercial donde están ubicadas las salas iban tres canis de manual, que venían de otra película. Un chico con ese horroroso pelado identificativo y dos chicas con sus zapatones de plataforma y demás avíos anilleros. Llevaban un paquete de palomitas de los que venden en las salas. En una de estas, sin previo aviso, una de las niñas –el trío no tendría más de 15 años- tira al suelo el paquete, y he ahí las palomitas sobrantes de la sesión desperdigadas por la escalera. A los inocentes criaturas no se le ocurre otra cosa que empezar a patearlas y desperdigarlas, todo ello entre risotadas. “Que gilipollas sois”, decía el tipo entre las carcajadas, a los que ellas, en buena muestra de noble amistad, respondieron con parecidos insultos. No diré lo que me pasó por la cabeza viendo la escenita ya que este es un medio público y todo lo que escriba puede ser usado en mi contra. Pero “juventud divino tesoro” les aseguro que no.

    Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 42 meses

  3. Educación, divino y olvidado tesoro...

    Comentario de Varekai hace 3 años y 42 meses

  4. Habría que ser como en el sueño de Trinidad, pero en la vida real. Ojalá yo me atreviera a cosas así, aunque no hiciera falta lo de incluir "pequeña zorra".

    Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 42 meses


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