Sara y Sofía
trinidad - 12-07-2006 13:29:24 | Categoria: Fragmentos de realidad
My fair arpíaEl nombre de Sofía es de origen griego; el de Sara, hebreo. Las dos niñas, sin embargo, son de algún lugar húmedo de la India.
Son morenitas, jamás tendrán problemas de alopecia y adoran con fanatismo las piscinas y el olor a cloro. A Sofía le dan terror los perros, incluida mi pobre rata -'Los perros en la India no son como aquí', cuenta-. Sara es tremenda miope. Y tremenda hiperactiva. Tremenda, en general.
Va a cumplir seis años. Cuando hace algo malo, se sienta a lo faquir encima de la cama y empieza a bambolearse como un tentetieso, llorando y repitiendo: 'Soy idiota, soy idiota' -sí, yo pienso lo mismo: esa niña promete. Promete auténticas hemorragias de dinero en psicoterapia, que me lo digan a mí-.
Sus padres aún rememoran, riéndose, el que consideran su más grande logro.
Al parecer, un lindo día de primavera, tras la clase de Pretecnología y Esparcimiento Artístico-Lúdico o como se llame ahora, Sara salió del colegio con una cera Crayola en el bolsillo. Y en su caminata hacia la casa, se topó, además, con la pared refulgente y blanca, recién pintada, de la panadería.
Minutos después, bajo 'Horno María Luisa' se leía, en letras infantiles y color magenta, 'Sara y Sofía son las más guapas'.
"Yo ya me figuraba que algo andaba mal -dice su madre- cuando, al pasar por delante de la panadería, Sara cogió la muñeca del cochecito y la sostuvo en alto, delante de su cara, como si no quisiera que la vieran".
Y tanto.
Esa misma tarde, recibieron una llamada de la Policía -sí, la Policía del civilizado norte, que no tiene otra cosa que hacer que perseguir niñitas armadas con Crayolas. Ya ven lo que es vivir en Aldea del Arce-. Y mientras el padre -profesor de violín, zen puro- sostenía flemáticamente que sus niñas eran muy responsables y no andaban por ahí dándole al vandalismo urbano, la pequeña Sara empezaba a hacer pucheros y se echaba a llorar.
Padre Violinista sucumbió a la evidencia en ese mismo instante.
"Sí, eh... bueno, un momento, le tengo que colgar -le dijo a la Policía de Aldea del Arce- ¿puede llamar en cinco minutos? Sí, sí... jeje, no, le aseguro que no me iré. No, ni mis niñas tampoco. Vale, sí. Hasta luego"
"Pero Sara...", le dijo.
"¡Déjame, soy idiota! -gritó Sara, corriendo hacia su habitación deshecha en lágrimas.
Podemos decir que Sara aprendió tres cosas fundamentales para desenvolverse en la sociedad occidental:
1. Las paredes no se pintan. Especialmente, las ajenas
2. A la Policía, no se le miente
3. A los padres, tampoco
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Hermosa historia. Pero me temo que las tres conclusiones que la cierran son aplicables a todas las culturas y sociedades, no solo a la occidental. Los padres y la policía son iguales en todos sitios.
Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 41 meses


