Espíritu de Verano
trinidad - 16-07-2006 14:21:40 | Categoria: Reflexiones
Artículo recuperadoCon el paso de los años, es hermoso comprobar cuáles son los detalles capaces de despertar tu ternura.
Es mi imparable descenso a Srta. Karapapel, los momentos que he terminado disfrutando de los meses estivales vienen a ser, precisamente, aquellos que demuestran la vileza y/o estupidez del ser humano. A saber: observar los denodados esfuerxos por tomar asiento del par de hiperbóreos de última generación que han cometido la inconsciencia de tomar el sol, en bolas, diez horas seguidas y sin una miserable sombrilla. O, en la misma línea, ver languidecer a todos tus encantadores sobrinos víctimas de una insolación de justicia. O contemplar, a las cinco de la mañana, Las Increíbles Aventuras de Dos Canis, la Policía y Tu Vecino en Gayumbos. O elucubrar sobre las Parejas Kamikaze -Kamikaze Emocional, se entiende- que surgirán, inevitablemente, al calor de estas tibias noches -la temperatura, los vientos ionizados, el aburrimiento y el garrafón conforman una mezcla letal-.
O disfrutar del espectáculo que ofrece tu cuñado, el de sonrisa meliflua, pantalones de lino y actitud zen, armando un pollo en la cinta transportadora del aeropuerto -qué gran momento para espetarle, pinganillos en mano, "Tranquilízate, hombre, ¿no quieres escuchar el canto de las ballenas?"-.
O encontrarse a algún Cargo Varios Grados Superior en la cola de la paella del chiringo -"¿Qué, cómo está el arroz negro?"-. O, difícilmente superable, salir del agua cual estampa de Limones Salvajes y toparte con el mismo CVGS ataviado, para mayor oprobio, con bañador de cuadritos y cangrejeras en los pies. Y comenzar algún diálogo absurdo, con los brazos cruzados a la altura del pecho -"¿Qué, cómo está el agua?"-. Porque, efectivamente, hay cosas que no tienen precio. Para todo los demás, Mastercard.
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Lo de los CVGS me recuerda a mis años de bachillerato, cuando a vuelta de las vacaciones estivales, un compañero juraba y perjuraba que había visto a uno de nuestros profesores bailando “Los pajaritos” en un chiringuito. Teniendo en cuenta que el carácter apático del sujeto en cuestión le había ganado el mote de “el soso”, se entenderá la conmoción provocada por esa revelación en nuestros adolescentes cerebros.
También me acuerdo de haber visto a mi profesor de historia del arte en el extinto COU, uno de los mejores docentes que he tenido en mi vida por cierto, hombre de chaqueta y corbata en el invierno, con camisa hortera, chanclas, bañador y artefactos playeros como sillas y demás. Es curioso como los CVGS pierden gran parte de su autoridad vistos en ropas de playa. En especial otro caso, un sujeto que conoce Trinity, antiguo subdirector tiránico de su periódico, también en paños de bañistas y cargando con artilugios playeros. Visto en tan relajada posición, no parecía tan temible.Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 41 meses


