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El hombre de Aran (II)

Sistema de castas

Mañana siguiente. Dado que seguíamos siendo los mismos nerdos que la tarde anterior y los once kilómetros de distancia entre el B&B y el puerto también seguían siendo los mismos, nos comentaron que lo mejor sería esperar a un vecino que recogía con su Megane a los turistas y los acercaba al muelle.

Después de parar a dos furgonetas que no eran, detenemos a la Megane. El tipo se baja, los otros turistas nos saludan, el tipo abre el maletero y empieza a recolocar maletas.

'No tengo más sitio -dice- Así que, tendréis que viajar aquí sentados. Pero se va bien, no os preocupéis'.

Memorial, que no tiene un sentido del drama tan desarrollado como el mío, lo miró sin dar crédito. Yo, la verdad, tampoco estaba muy segura de entenderlo: dentro de la furgoneta se podían ver algunos asientos libres, así que aquello de hacernos montar en el maletero no tenía mucho sentido.

Pero allá que fuímos, medio sin saber por qué, con la sensación de estar protagonizando algún corto berlanguiano. Nuestra incógnita se despejó al llegar a la cabaña de 'El Hombre de Aran' -nombre de la película_documental rodada en los años treinta por Robert Flaherty, oriundo del lugar. De manera previsible, habilitaron el cottage en el que transcurre la acción como ostentoso B&B para turista potentados-. 'El Hombre de Arán' es el Bed&Breakfast más caro y pretencioso de toda la isla. De todo el archipiélago, vaya.

Allí, en la entrada de la cabaña, aguardaban varios pijos americanos (de Massachusett) rodeados de varios juegos de maletas (de Loewe). Un rayo de esperanza nos iluminó cuando, al parar, nos hacen bajar para meter todo el equipaje.

'Bueno -vuelve a decir el conductor- Ella puede sentarse con los demás pero tú (señalando a Memorial) tendrás que ir en el maletero'.

Nueva mirada incrédula de Memorial. Pero el tipo hablaba en serio. Así quedó el maletero -véase foto adjunta- una vez se terminó de cargar el equipaje de los Pijos de Aran. Y allí se montó Memorial, como en la Sillita Mora.

Hicimos el viaje de vuelta contando vacas escarchadas y maldisimulando la risa.

Los americanos pijos nos miraban de reojo, un tanto incómodos de protagonizar el papel de brahmanes en aquel surrealista sistema de castas a la irlandesa. Y no sé cómo se lo habrían pasado en la Cabaña del Hombre de Aran para descendientes irlandeses. Pero fijo que no se rieron tanto.

Cuando llegamos al muelle eran las diez y cuarto de la mañana.

Memorial: '¿Qué, hace una pinta?'
Trinidad: 'Memorial, por dios, que son las diez y cuarto de la mañana...'
Memorial: 'Ya, ¿y cómo quieres tú que supere yo esto?'
Trinidad: 'No, si lo peor es que me apetece... oye...
Memorial: '¿Sí...?'
Trinidad: '¿Nos habrán robado en el coche?'

(Inciso: Nuestras maletas nos aguardaban en el Invicto Chevrolet, en el muelle de Doolin. Como las dos no cabían en el maletero, habíamos dejado una de ellas, completamente abierta, en el asiento de atrás)

Memorial: 'Mmmm... ¿y esa Guinnes?'

Referencias

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Comentarios

  1. Si es que estas cosas sólo le ocurren a usted, Trinidad. Por cierto, me he enterado de otra vicisitud reciente. ¿Se atrevería a contarla en el blog? Yo creo que puede ser divertida.

    Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 39 meses


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