Unplagged
trinidad - 09-11-2006 18:45:53 | Categoria: Fragmentos de realidad
Blanco loqueroHace muchos, muchos años, en una de mis primeras escapadas a Wintertown, me dejé la maleta olvidada en el metro.
No fue culpa mía. O, al menos, no lo fue al cien por cien. Iba con un novio sociópata que odiaba salir de casa -¿recuerdan a Jack Nicholson/Melvin en 'Mejor... Imposible'? Pues he de decirles que salir con él no es divertido-. Iba pendiente: A. De la parada. B. Del Sociópata. C. De las maletas del sociópata. E. De mis maletas.
Obviamente, algo tenía que caer de toda aquella lista. Y cayó mi bolsa de viaje.
'Pero mujer, no llores, tranquila... -me decían securatas y funcionarios del submundo- Que hay cosas mucho peor de perder en el metro que una maleta...'
Cuando sucede, como muchos de ustedes sabrán, semejante faena adquiere dimensiones siderales. Dimensiones que se pueden percibir aún más en todo su ídem cuando uno se encuentra buscando ropa apta para 35 grados con los escaparates llenos de moda otoño-invierno (sí, esto de vivir con dos meses de antelación es lo que tiene...). Así que Trinidad acabó donde tenía que acabar: vistiéndose en la sección de Oportunidades de El Corte Infiel. Me pasé el fin de semana vestida de saldos. Otra experencia, les aseguro, metafísica donde las haya -una niña cría que pasó a mi lado le soltó a su padre: 'Papi, ¿has visto que niña tan fea...?'-
De alguna manera, el incidente debió quedarse grabado hondo muy hondo en el forro de mis sesos, porque este fin de semana protagonicé un incidente digno de callar al Abuelito de Heidi -que, en cualquier caso, sería el único con potestad de vestirme de blanco loquero al leer este post-.
Salíamos del Metro después de ver el Circo del Sol cuando, de repente, tuve la sensación de haber protagonizado una nerditud de pata negra y haberme dejado el bolso en el vagón. Así que, nada más darme cuenta, al poner el pie en el andén, empecé a gritar: '¡¡¡Mi bolso, mi bolso!!!'. Lo malo es que, mientras lo decía, zarandeaba el susodicho bolso con pasión, bien sujeto por mi mano derecha. El bolso, más bien banderola, es grandecillo, negro: de cuarenta por treinta centímetros. Nada de cualquier monederito insignificante.
Mis tres acompañantes, como es lógico ante una semejante escena, se limitaron a mirarme pasmados, sin atrever a mover un músculo. En sus mentes, se sucedieron las siguientes opciones:
A. ¿Qué le ocurre al bolso? ¿Ha cambiado de color?
B. ¿Se ha confundido y ha cogido el bolso de otra?
C. ¿Ha dejado de ser una excéntrica encantadora y se ha vuelto loca DE VERDAD?
D. ¿Soy yo el que delira y no es un bolso lo que sostiene ante mí?
Al fin, uno de ellos -preocupantemente, el valiente no fue Memorial- se atrevió a acercarse y me dijo muy bajito: 'Estoooo... Trini, ¿no es eso que tienes en la mano?'
Mientras los demás se descojonaban, yo me hundía en la miseria cual pardal en túnel de metro, que diría Manuel Rivas.
Desde entonces, cada vez que me llega al correo un enlace a YouTube vivo en la angustia de si no será una grabación de segurata amoral titulada '¡Mi bolso, mi bolso!'.
(La escena final, por supuesto, es de Trinidad subiendo penosamente las escaleras y preguntándole a un Memorial escurridizo : 'Pero, ¿tú crees que estoy loca...?')
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Yo también tengo obsesión con perder las cosas. Cuando voy de viaje soy de los que mira veinte veces antes de salir a ver si lo llevo todo, en especial los billetes, y no es extraño que en el camino a la estación o aeropuerto los mire una y otra vez. Soy de los que en cualquier sitio, no necesariamente fuera de mi localidad habitual, se palpa continuamente a ver si la cartera o el móvil sigue en su sitio. Claro que es una manía provechosa, pues más de una vez me ha evitado dejármelos en algún sitio. El blanco preferente son sin embargo los paraguas, pues ya me he dejado más de uno, así que tengo que dejarlos a la vista cuando los llevó encima. Incluso en uno de los viajes que he hecho este noviembre abrí la maleta en una concurrida estación de tren para ver si no me lo había dejado en el hotel de turno. Y para su tranquilidad, diré a Trinity que yo también a veces busco cosas que tengo en la mano. Así que es una cuestión más extendida de lo que parece.
Comentario de Monsieur Jacobine hace 3 años y 37 meses


