La walkiria Bruniquilda
trinidad - 23-11-2006 23:27:14 | Categoria: Como Barbie seré
Aproximación al fenómeno de la walkirización
En un arranque de arrongancia, la walkiria Brunilda -o Bruniquilda, que es aún mejor nombre de malvada- cometió el gran error de desafiar el poder de Odín. Que no debía ser muy poderoso, porque se sintió tremendamente insultado por la impertinente muchacha y la durmió durante siglos en una torre encantada -como ven, las reglas de los inmortales se parecen sospechosamente a algunas políticas de empresa-. La maldición sólo se rompería cuando un héroe de valor inconmesurable fuera capaz de atravesar las barreras ígneas que la guardaban. Bruniquilda languideció decenios como sólo pueden hacerlo las bellas de cuento, soñando luces árticas en el torreón de un castillo rodeado de círculos de fuego. En su torno, las arañas tejían cortinas impresionantes en las que coleccionaban moscas y bichitos del polvo. Durante siglos, caballeros de todas partes atraidos por su leyenda cayeron calcinados al intentar atravesar las paredes en llamas.Hasta que llegó Sigfrido, pisó sin inmutarse las lenguas de fuego y besó a la walkiria que, en ese momento, creía paladear un delicioso apfestrudel. Sigfrido sintió amarla como nunca había amado a mujer alguna y en prueba de su amor, le regaló el famoso anillo Andavarinaut. El héroe demostró tener un auténtico instinto para la tragedia, ya que -como el otro Anillo- Andvarinaut fue forjado para causar la destrucción de su portador.
Para Bruniquilda, por supuesto, no había hombre como Sigfrido. Su sonrisa traía la luz y todo lo que estuviera lejos de su abrazo era un páramo helado -pues no de otra manera se representa al infierno en las sagas nórdicas-.
Un día, Sigfrido cometió un acto horrible: le compró flores a una compañera de trabajo, quedó a comer con su ex mujer, le dijo que nunca podría olvidar a su ex novia. Algo así -todas ellas, no importa lo que escojan, se llamaban Gudrun-. Al enterarse, Bruniquilda montó en cólera -su famosa yegua negra- y en su corazón sólo había sitio para dos sentimientos: la furia y la decepción. Sigfrido la había defraudo. Del mejor de los hombres pasó a ser el peor de los cerdos, y decidió vengarse de su antiguo amor.
Cuando, al fin, Sigfrido muere, ella no puede soportar la pena y se suicida.
Hace años, en alguna revista rancia, leí un reportaje acerca de los distintos síndromes y complejos -ya saben, esos viejos conocidos: Edipo, Electra, Cenicienta, Peter Pan...- El de Bruniquilda fue el que más me llamó la atención. Desde entonces, walkirizar y walkirización se han convertido en dos conceptos bastante habituales en mi concepción del mundo. Quedaría definido de la siguiente forma:
Walkirización: Proceso en la mente femenina por el cual un hombre pasa de encarnar virtudes de héroe solar a convertirse en un vulgar mortal. Cualquier inevitable decepción se traducirá en la progresiva defenestración del ser amado.
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No sólo es propio de la mente femenina ese mecanismo de autodefensa.
A veces, por ejemplo, ocurre que la pobre Bruniquilda quiere recuperar demasiado rápido el tiempo perdido en sus siglos de letargo. Pero Sigfrido lleva su propio ritmo de vida. Entonces ella, olvidando que durante todo ese tiempo nadie mejor supo despertarla, olvidando que Sigfrido es humano bajo el halo de semidiós con que le coronó, pronto exige más y también comete algún error -la tan femenina competencia, algún reproche inoportuno, demasiadas pruebas de decepción,...- y el proceso empieza en la mente de Sigfrido, que de pronto duda de que ella fuera el verdadero objetivo por el que ha atravesado los muros de fuego y responde con un comentario desafortunado, corre a comprar flores para alguien que no es ella, o va a comer con su exmujer.
Nunca se sabe qué fue primero, pero cuando ambos reconocen el síndrome en los ojos del otro, todo está ya perdido, y la leyenda recomienza, cada vez menor la paciencia, más frío el hielo, mayor el arte en la defenestración.
Hay que ser tan cuidadoso con los complejos, sobre todo el de la idealización como técnica de supervivencia.
Comentario de Sigfrido o Brunilda, alguna vez hace 3 años y 37 meses
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Pobre Sigfrido, ¿quién le ha dicho a usted que lo fuera?
Comentario de trinidad hace 3 años y 37 meses


