Tatuajes para una arpía
Mujeres marcadas
Tatuaje 1: serpienteEl de la serpiente sería sin duda un motivo más que adecuado. De innegables connotaciones luciferinas, en la cultura judeocristiana ha
arrastrado siempre fama deplorable: la bicha, inequívocamente, es el
Maligno. O su trasunto. Cuando se quiere señalar que una mujer es
mala, es muy socorrido recurrir a la sierpe. Está la víbora, sí. Pero
también la largarta.
La serpiente era uno de esos animales totémicos que se relacionaba con los antiguos cultos de fertilidad. Es símbolo de renacimiento -porque muda la piel y duerme en invierno- y de poder tremendo -por el veneno que encierra-. Está presente en la iconografía griega de las divinidades ctónicas -Medusa, Ménades- en las estatuillas de sacerdotisas minoicas y en antiguos lugares de culto -a un monstruo serpentífero mató Apolo en Delfos, de sus vapores se inspiraba la pitia, y algún otro dragón similar guardaba el vellocino de oro que arrambló Medea para el papafrita argonauta de Jasón-.
Una vez instalado el culto patriarcal y, sobre todo, los dogmas de Moisés y Pablo, la serpiente fue condenada al inframundo: no era sabia ni eterna ni leches, era astuta y traicionera y mortal. ¿Qué se asociaba con las mujeres? Miel sobre hojuelas. Too good to be true.
Tatuaje 2: flor de lisToda buena arpía, en su infancia, ha querido ser tres cosas. Novia de
Indiana Jones. Novia de Sherlock Holmes. Milady, novia de nadie -o
Tierra de Nadie, Rita Hayworth dixit-. Milady llevaba una flor de lis azul pálido, símbolo de los condenados, tatuada en el hombro -el bueno de Athos, al ver la marca, la colgó de un árbol sin siquiera preguntar. Pero vaya. Naderías, naderías-.
En su bochornosa adolescencia, Trinidad Tripartita fundó una hermandad con otras dos amigas. Como éramos tres -ya ven, debe ser un gen recesivo o algo- escogimos un iris -lirio de tres hojas, una flor de lis- como símbolo. Y dado que ostenta tan gloriosamente su condición tripartita, podría muy bien convertirse en emblema de esta casa.
Tatuaje 3: letra escarlataPues sí. Por supuesto. La A escarlata de toda puritana pecadora que se precie, grabada a hierro candente en el pecho para indicar a todo aquel que se acerque a ella que ha cometido horrendo pecado de adulterio.
Ha de ser un aleph, por supuesto. A de arpía, de astuta, de artera, de ardid, de ansiosa, de amada, de alerta, de adorada.
Bonus Track: una historia verdadera
Una de las Tripartitas tiene una rosa tatuada en el pecho. Auténtica. También tiene una curiosa colección de clavos de titanio en la columna y un rosario de operaciones que clama al Cielo. En una entrevista acaecida hace años con Gerencia, Gerencia tuvo el rostro de soltarle:
'Veo que llevas una rosa tatuada, ¿por qué?'
Sí, ya sé que todos pensamos las dos opciones posibles:
A. A ti qué te importa.
B. ¿Qué haces mirándome las tetas?
Sin embargo, Hermana Arpía fue mucho más allá de todo eso.
'Tengo 21 cicatrices en mi cuerpo -le contestó- Por una vez, quería escoger la forma de una de ellas'.
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