Escenas de Semana Santa
trinidad - 07-04-2007 13:10:11 | Categoria: Fragmentos de realidad
Del pasado y del presenteAGUJERO TEMPORAL
Dieciséis años atrás, Trinidad tiene otros tantos. Invadida por un inapropiado espíritu científico, la adolescente Tripartita ha decidido experimentar en carne propia -nunca mejor dicho- qué es lo que se siente al salir en un paso. Trinidad está sentada en el banco de la iglesia, momentos antes de su estreno como cofrade, cuando la Capataza Mayor la señala desde la mitad del pasillo.
'¡Tú!'
Trinidad, que no conoce a nadie allí, mira a uno y otro lado, señalándose incrédula el escapulario del pecho.
'¡Sí, tú! La del farol izquierdo se ha puesto mala. Así que te toca a ti llevarlo. ¡Venga!'
'Pe...pero, oiga, que es el primer año que salgo...'
'¡Venga!'
Vía Crucis Live, como imaginan. No se hacen a la idea de lo que pesa un farol de plata. Trinidad fue arrastrando el ariete por calles y cuestas de Cániz City. El clímax del oprobio llegó cuando, en un momento de la madrugada, el capirote se me giró en la cabeza. Y de repente me vi avanzando a ciegas, con los ojitos de fantasma en el cogote -del suplicio me libro de un tirón la Capataza, que ya debería estar hasta los homólogos de mi persona-.
Diecicéis años después, observo fotografías de la susudicha Capataza Mayor a cuenta de un reportaje sobre la presencia de las mujeres en el universo cofrade. Se ha cortado el pelo a lo tío (cani) y tiene AÚN más cara de mala hostia.
'¡Qué no! -aúlla el subdirector- ¡Que yo no saco esa foto en un reportaje sobre mujeres!¡Que me van a decir que dónde está la mujer!'
DESESPERACIÓN
La Hermandad de la Desesperación tiene túnica blanca, capirote y guantes encarnados y cirios del mismo color. Cuando alguien tropieza o el viento sopla con especial ahínco, la cera roja se desparrama por el raso inmaculado. Cada vez que ésto sucede, los penitentes parecen recién llegados de un holocausto caníbal.
Ningún niño se atreve a pedirles cera.
HERMANDAD DE CULTURAS
A pesar de la lluvia, fueron muchas las hermandades del Lunes Santo que decidieron salir a la madrugada, a ver si de una vez por todas conseguían cargarse un patrimonio de siglos. Una de ellas, 'sorprendida' por el aguacero, hubo de recorrer en dos horas un camino que habitualmente realiza en cuatro. Daba la sensación de que palio y nazarenos procesionaban a ritmo de moviola.
A la mañana siguiente, llega un hermoso teletipo del Lunes Santo ceutí: 'La Virgen de ... sale en procesión con un rosario musulmán en la mano'. No se ve por ningún lado, sin embargo, la siguiente noticia: 'A causa de la lluvia, la cofradía xxxx se ve obligada a alterar su ruta habitual. Al pasar por el barrio de XXXX, la imagen es apedreada'.
(Ignoro si fue apedreada por musulmanes que consideraron que ya estaba bueno lo bueno o por gentes hartas de que sus oraciones cayeran en el más absoluto de los olvidos. El caso es que uno no sabe cuál de los dos es más bestia: el que decide sacar un paso con semejante diluvio y meterse donde no le llaman o los que echan manos de las ondas).
WINTERTOWN, WINTERTOWN
Decidida a decir adiós a todo eso, me escapo a Wintertown. Hace un frío digno de pleno invierno. En la Plaza Mayor, un tipo con mitones recorre los bordes de las copas y un ruso con gorra de plataforma vende cajitas lacadas. Se ven imágenes de pájaros de fuego y de tipas lánguidas que se deshacen el agua. Llueve como, según algunos, sólo puede hacerlo un Viernes de Dolores. En la puerta de una parroquia, unos cuantos esperan sentados al otro lado de las vallas. 'Están esperando que salga el paso', comenta alguien.
(El paso, por supuesto, sale seis horas después)
'¿Es que no has visto la Macarena de aquí? -dice Memorial- Es idéntica a la de Sevilla'.
'Joder, ¿qué civilización estamos construyendo? Ni Wintertown está a salvo'.
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