Peluquerías y sadomasoquismo
trinidad - 17-04-2007 14:17:41 | Categoria: Fragmentos de realidad
The Little Horror ShopCon el emporio del cepillo viene a ocurrir como con el de los zapatos: un abismo insodable separa, en un mismo negocio, el universo masculino del femenino. La búsqueda de unas sandalias, por ejemplo, puede tornarse en gesta homérica para cualquier mujer mientras que sus compañeros masculinos emplean la misma regla básica que aplican a casi todo: 'Negros, a lo Camper, del 43. Me los pruebo, me sirven, si/no. Pago'.
Algo similar sucede con el fantástico mundo de las peluquerías. Mientras ellos se limitan a dar unas parcas instrucciones -'Con maquinilla, militar. Así, no (señalando una foto de Bisbal)'- ante las féminas se despliega todo un universo de inquientantes posibilidades.
Primero de todo, están las mismas peluqueras, que se dividen en:
1. Casposas: para entendernos, suelen ser las peluqueras de barrio 'de toda la vida'. Las que jamás han pisado una convención de
pelucas y que insisten en peinarte el flequillo con cepillo redondo.
Siempre. Aunque no tengas flequillo.
2. Ansiosas: a su lado, Eduardo Manos Tijeras era un pardo aficionado. La peluquería es la mejor forma que han encontrado de dar rienda suelta a su complejo de castración. A poco que te descuides leyendo el 'Glamour', te dejarán como a una oveja en verano.
3. Yonkies de lo fashion: tienen la mirada perdida, como si se
hubieran intoxicado con la mezcla de mechas o alguien las hubiera
dejado demasiado tiempo bajo el secador. Revista en mano, insisten en
experimentar contigo las tendencias más destroyer del momento tipo
jirones rosa fucsia y crestillas a lo 'Más allá de la Cúpula del Trueno'.
4. Super divinas: te sonríen, te masajean, te ofrecen café. A veces, tienen pene. Y también tienen la habilidad de dejarte por los suelos con comentarios trufados de 'guapa' y 'cariño': 'Te has dejado de ir un poco con las mechas, ¿no, cariño?', 'No te preocupes, guapa, que con esto que te voy a hacer, parecerás otra'.
A los cuatro tipos los une, sin embargo, una misma característica: la actitud de despreciativa superioridad con la que te contemplan cada vez que osas sugerir algo.
Es terrible quedarse huérfana de peluquera. Esa era mi condición desde hacía un par de meses y deambulaba por los salones de belleza, atisbando desde los escaparates, en la búsqueda de algún detalle que
disparara mi confianza. Al fin, encontré a mis trasquiladores oficiales en una de las múltiples peluquerías que han abierto recientemente por el centro, amuebladas de Ikea -'Allí van las niñas de Mango -comenta Aprendiz de Arpía- y están todas monísimas'-.
Le enseño la tarjeta a Memorial.
'Pero, esto... parece un pene -me dice, contemplando el logotipo. Lo cierto es que imposible negárselo- Bueno, no es tan raro... ¿no has pensado en la de implicaciones sexuales que tiene una peluquería...?'
Lo miro como si estuviera -aún más- enfermo.
'Sí, piensa, todas esas mujeres tumbadas, lánguidas, su voluntad y su
cuerpo por completo en manos de un desconocido...'
'O una desconocida, que es aún más inquietante'.
'O aún más interesante'.
'Mmm... ¿sabes que el otro día, a Boquita Prestá le hicieron un tratamiento de volumen que algún desaprensivo ha bautizado con el nombre de Penetrator?'
'¿Qué te dije?'
'Y en la peluquería de los cristales, te dan un masaje en el cuero cabelludo y, a mitad del invento, te preguntan: ¿Está siendo la señora bien masajeada?...Ya ves, antes me hubiera conformado con que un desconocido me regalara flores; ahora estoy loca por ir con tal de que un desconocido me pregunte tal cosa'.
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jajaja... cómo corren las noticias... pues sí... y tengo muchísimo volumen. Por cierto, dicen que una vida sexual placentera da brillo y cuerpo de cabello... El tratamiento costaba 16 euros. La ventaja es que, después, no te comes el coco.
Ahhh.. se te olvida una tipología: La cotilla.Comentario de Boquita hace 2 años y 32 meses
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Los hombres seremos homéricos en ir directamente a buscar lo que queremos, pero no ejercitamos esa sutil tortura china femenina que consiste en desmontar una tienda para luego no llevarse nada. Si no son capaces de confiar en su gusto a la hora de elegir traje, no me extraña su nerviosismo al ponerse en manos de otros, como los/las profesionales del cabello.
Y Memorial debería saber que en las peluquerías la gente se sienta, no se tumba. Su imaginación es más perversa de lo que parece. Al menos eso creo, pues igual en las femeninas (ese mundo inaccesible a la mentalidad masculina como las cuartos de baño o los probadores de señoras. Descubriremos los plenos secretos del universo, pero nunca lo que se cuece allí) se permite esa delicatessen. Aunque como muchas tienen las peluquerías como salón social, no estaría de mas ese detalle del diván a guisa de psicoanálisis.
Comentario de Monsieur Jacobine hace 2 años y 32 meses


