Cuidado con lo que deseas
'Hay un libro en el que creí ver reflejado mi futuro: Mujercitas, de Louisa May Alcott... Yo quería a toda costa ser Jo, la intelectual, y para imitarla empecé mis primeros cuentos cortos'. Simone de Beauvoir
Como muy bien dice Boquita, existe el complejo de Jo. Vive Dios que existe.
Yo pasé toda mi adolescencia deseando ser como ella. Al igual que el personaje, me veía inadaptada y rara y, como el personaje también, adolecía de una imaginación furibunda que me hacía deformar el mundo a mi antojo.
Jo era fuerte, lista, independiente, distinta. El modelo de cualquier Señorita Pepis que se preciara -tristemente, teniendo en cuenta mis habilidades y psicología, más bien era un émulo de Ana de las Tejas
Verdes: más cerca de entuertos tipo teñirme el pelo de verde que de
ponerme a hacer carreras de patinaje sobre hielo-.
'Mujercitas' no era mi libro de cabecera en mis años mozos: era mi biblia. Durante años, mis amigas y yo formamos un club de mini moñas cuya filosofía, ideario y actividades giraban en torno a las aventuras de esas cuatro niñas decimonónicas. Y lo mejor del asunto es que nos revelamos como unas nazis de primera. Hacíamos pruebas. Echábamos broncas tremebundas. Estacionalmente, escogíamos a un chivo expiatorio al que hacer purgar todos los males. Teníamos a las otras crías temblando bajo un látigo enlazado.
Nuestros cerebros, en fin, supuraban ponzoña de la peor especie.
Pasé años sin entender por qué Jo rechazaba a Laurie cuando todo el
mundo -es decir, todas las moñas del mundo- tenía por seguro que el
broche de oro del cuento había de ser el bodorrio de ambos en el jardín de la casa March.
'Joder, Trini, que era un libro para niñas -opina Memorial- No te va a decir que se lo tiró y no funcionaban en la cama'.
Dejando a un lado las pragmáticas explicaciones de mi amado, lo cierto es que siempre hubo algo turbio en este asunto. Laurie, para aquellos que no lo sepan, estuvo bochornosamente enamorado de la machorra de Jo desde el primer momento. Cuando, tras años de lánguida adoración, el muchacho se declara, ella lo rechaza por ninguna razón en particular. El se hunde en una espiral de autodestrucción -o así lo pinta la moralina del libro: más bien parece que se dedicó a bebérselo todo y a chingárselo todo, yo creo que se lo pasó estupendamente- paseando su percha y sus dólares americanos por Europa. Allí coincide con la más pequeña de las hermanas, Amy, a la que jamás había hecho el mínimo caso pero que le sirve como trampolín redencionista. Absurdamente -al fin y al cabo, la vida tiene estas cosas- Laurie y Amy son los que terminan casándose. En el barco de vuelta. Con la chica aún vestida de luto.
(He de aprovechar para apuntar que Amy era la única hermana que
quedaba susceptible de ser arponeada: Meg, la mayor, estaba casada; Jo le había dado calabazas y a Beth le quedaban dos telediarios. No había más donde elegir)
Para descorazonamiento general del público, el hombre que el destino
le depara a la indómita Jo no es otro que Friedrich, un profesor alemán que ésta conoce en Nueva York. Friedrich, que peina canas, es un tipo curtido y preparado que motiva a la joven imberbe e intenta quitarle de encima el pelo de la dehesa: la lleva a la opera y al teatro, opina sobre sus manuscritos, le hace café cuando está Absorbida por su Obra, habla con ella de literatura y filosofía. En fin, verdaderamente, el pobre Laurie termina pareciendo un niñato imberbe a su lado. El profesor Fritz, sin embargo, se muestra tremendamente crítico con los escritos de su querida pueblerina: 'Lunáticos, vampiros... -le dice- ¡La Jo que yo conozco es mucho más que todo esto!'
Y Jo se infla a llorar pensando que es una plumilla de medio pelo y que está haciendo el más espantoso de los ridículos ante un hombre de tan elevado criterio.
De tanto como deseé ser Jo, he terminado convirtiéndome en un pálido
reflejo. Tengo un oficio remotamente relacionado con la escritura y
me paso la vida pegándole zarpazos al reloj, tratando de arrancar
pedacitos de tiempo para darle a la tecla. Lo malo del asunto es que
una freak es una freak es una freak y que, lo haga como lo haga, coja
los elementos que coja, mis historias terminan invariablemente trufadas de doppelgänger, premoniciones, brujas y sirenas. Es así de triste. Yo misma me odio pero, ¿qué quieren que le haga? No puedo ir en contra de mi propia naturaleza.
Memorial, mi Friedrich particular, me enseña a oler copas y a escuchar música clásica, me recomienda lecturas de mi cuerda y/o para ampliar mis horizontes, me hace la pedicura, me apunta a talleres de literatura y, como Friedrich, me prepara café con canela cuando me ve con cara de loca frente al ordenador, Absorbida por mi Obra.
Y, tal que le ocurría al profesor Fritz con Jo March, a Memorial no le gusta lo que escribo. O, tal vez, lo correcto sería decir que no le llena. Comenta cosas como 'Es muy tuyo' o 'Estás de lo más barroca' o 'Es tu mundo, no el mío'. Todo paños tibios que vienen a decir: 'Mpf... desperdicias tu talento entre escamas y colmillos, como un cirujano en una clínica veterinaria' -excepto, como es el caso de este nuestro blog, cuando me sale el lado Bridget Jones. Eso le encanta: verme defenestrada hasta límites inhumanos-.
El pobre Memorial, en cualquier caso, se descorazona cuando comprueba mi escasa capacidad ante las críticas y mi tremenda desolación ante el hecho cierto de no poderlo emocionar como El Homgre del Greloj -sí, ya lo sé, cuánta humildad-.
'No seas tonta, corazón... a mí sí me gusta lo que haces, lo único que ocurre, te lo digo mil veces, es que no es mi universo... -mohín de disgusto de Trinidad, machacada en lo más íntimo- Y aunque no me gustara absolutamente nada, cosa para la que tienes que estar preparada, que un día escribas algo que no le encuentre salvación ninguna... ¿eso debería ser motivo suficiente para que dejaras de escribir? Tú tienes que escribir por y para ti, y para los que comparten tu visión del mundo...'
'Pero, ¿es que aún no te has dado cuenta de que escribo para epatarte?', le contesto.
'Pues muy mal'.
'Ya lo sé. Así de triste soy, sí. Qué le voy a hacer'.
'Y... ¡un nuevo caso para Abuelito de Heidi! Desde luego, contigo, ese hombre tiene para rato'.
'Ya, ya me ha dicho. Que él siempre estará allí para agarrarme'.
'Sí, bien cogidita por la cartera... oye, lo de escribir, ¿no lo podrías empezar a plantear como terapia?'
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[...] aquí, fue un título inevitable y transcendental durante gran parte de mi infancia y temprana adolescencia. Una moña es una moña es una moña es una moña. Como tantas otras, Jo era yo. 3. La [...]
Referencia de arpía´s corner hace 1 año y 16 meses
Comentarios
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Es así el asunto, Trinidad. Para mí, cuando escribe como en este blog, escribe con las entrañas, guste o no guste. Es limpio, sincero, personal, irrepetible, y hay que haber estado n veces en el hospital, y n veces a punto de abandonar los deseos de una vida, para escribir así.
Cuando escribe de la otra manera, es usted una magnífica artesana, sabihonda, culta e inteligente, pero que se pone traje de moña para escribir; y ponerse un traje de Elfa para escribir es tan absurdo como la literatura argentina escrita vestido con levita o corbata que tanto criticaba el “hombre del geloj”.
La literatura que yo entiendo no admite disfraces. El resto son redacciones. Usted es buena haciendo las dos cosas, pero a mí, como a Memorial, no me gusta igual haciendo las dos cosas.Comentario de M hace 2 años y 31 meses
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Con la escritura pasa como con el teatro. Hay gente que son grandes actores en su vida cotidiana al narrar sucedidos y contar cosas pero si los subes al escenario se bloquean y no dan pie con bola. Les impone tener que ponerse el “traje de actor” y ahí se pierden, al dejar de confiar en su talento natural y pasar a otra dimensión. A la hora de escribir pasa algo parecido. Alguien puede ser más auténtico escribiendo en un blog porque pasa por ser una diversión de sábado tarde y no alta literatura, y paradójicamente ser más interesante al no tener que ponerse el “traje de escritor” que puede ser castrante.
No tengo el gusto de haber leído las cosas que escribe Trinity aparte de estos siempre gratificantes post, pero uno cree que lo básico para un literato (en realidad para cualquier artista) es su mirada sobre el mundo. Si no tiene una propia, puede hacer encaje de bolillos que la cosa va mal. A mi me da igual que la gente escriba sobre brujas, brokers de Wall Street, policías estresados en Los Angeles o chicas que se pasan la vida esperando que su padre vuelva sano y salvo de la batalla de Gettysburg. Lo que pido es una mirada particular del que esté a las teclas que me estimule. Si en lo que escribe nuestra anfitriona está la mirada que lanza en este blog, todo ira bien. Si se pone “el traje de escritora” y empieza a impostar su voz, la cosa va mal. Esa es la cuestión desde mi punto de vista.
Y cambiando de tema, “Mujercitas” tenía un detalle perverso en lo de la fetichista coleta de Jo, que se corta en un arrebato de altruismo. Me gustaría detallase como se pasa de la moñada de la Alcott a convertirse en una nazi pandillera intelectual. Y le consuelo comentándole un sucedido que se ve en la película “Julia”. En ella Lillian Hellman, encarnada por la insoportable Jane Fonda, intenta escribir algo que epate a su compañero sentimental, el novelista Dashiell Hammett. Tras enseñarle unos folios, Hammett, que está mamao, coge la máquina de escribir y la tira por la ventana. “Esto es una mierda”, dice, y se va a seguir privando. Al menos Memorial le mantiene a salvo el ordenador.
Comentario de Monsieur Jacobine hace 2 años y 31 meses
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Como de costumbre, totalmente de acuerdo con Monsieur.
Puede que, simplemente, a Memorial no le satisfaga el otro lado del mundo sobre el que Trinidad enfoca su aguda mirada; que no conecte, vaya, que no le haga vibrar.
Por cierto, cultívenme, Trini y Monsieur: "nazi intelectual", ¿no son términos en cierto modo incompatibles? ¿Más quizás que el humorísticamente aclamado "urbanismo gitano" -dicho sea con todos los respetos por tan antigua e interesante etnia, respetable como cualquier otra-?Comentario de M hace 2 años y 31 meses
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Muy buena observación, ¿cómo se pasa de tener como modelos a unas niñitas que visitaban a los pobres a transformarse en una dominatrix con uniforme de monjas?
La única explicación que le veo es que, lamentablemente, el ser humano es un chimpancé es un chimpancé es un chimpancé, y en cualquier resquicio de poder que encuentra, se cuela y se hace grande.
Y el tema de 'al nazismo por la intelectualidad', pues no sé yo, tampoco es tan aberrante. La filosofía nazi veía las expresiones culturales como una manera de engrandecer el espíritu humano -no todas, y su definición de humano, que ahí está la clave-. ¿Recuerdan esa escena de El Pianista, en la que un oficial de las SS se topa con Adrian Brody cuando está tocando el piano?
Curioso apunte, a todo esto. Al nazismo a través de 'Mujercitas': tanto Louise May Alcott (Jo) como toda su familia seguían en movimiento transcendentalista. Una peculiar corriente de pensamiento alemana que mezclaba elementos panteistas -la Naturaleza está impregnada del espíritu divino- con la idea de que el ser humano podía 'transcender' su propia condición, animal y defectuosa, hacia su lado más espiritual a través del conocimiento.
Verdaderamente, los extremos se tocan.Comentario de trinidad hace 2 años y 31 meses
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Los nazis preferían la ciencia “intuitiva” frente a la que ellos llamaban “judía”, es decir, la racional de toda la vida. Por ello estudiaron métodos naturistas de medicina frente a la tradicional, potenciaban la intuición y la voluntad frente al estudio sistemático, y recuperaron tradiciones neopaganas, algo que parecía molestar más al Vaticano de Pío XII que el exterminio de los judíos. Lo que es sorprendente es la cantidad de cosas ideadas por los nazis que siguen vigentes hoy en día en nuestras sociedades democráticas. Los presupuestos de la propaganda de Goebbels han pasado sin problemas. Tal vez a muchos políticos les incomode que lo de “hacerse la foto” fue un invento de los hitlerianos, del mismo modo que muchos concejales de juventud son herederos del culto a los años mejores del ser humano puesto en práctica por el nazismo. Fueron científicos de la esvástica los primeros en relacionar cáncer de pulmón y tabaco siendo pioneros en el “no smoking”. No se cuantos cultivadores del nudismo en las playas saben que los nazis potenciaron esta práctica del culto al cuerpo, y como la defensa de algunos sectores de la cultura pagana frente al cristianismo fue una obsesión de Himmler y sus SS.
Y es muy bueno lo del trascendentalismo de la Alcott, que iba un poco en esa línea antiracional. Quien sabe si de haber vivido cien años más tarde, Jo hubiese vendido su fetichista coleta para sufragar los hospitales de las SS.
Comentario de Monsieur Jacobine hace 2 años y 31 meses
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Yo era un intelectual, y profesaba la ideología NAZI.
Por favor, trinidades, Jacobines y Memoriales, por supuesto que había intelectuales nazis. Por Adolf...Comentario de Albert Speer hace 2 años y 31 meses
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Claro que hubo. Pienso que no hay que confundir la base de ciertas ideologías con una nefasta puesta en práctica de las mismas, algo que desgraciadamente viene siendo común en todas, y es que, como decía un amigo y compañero de trabajo, "el papel lo aguanta todo".
La búsqueda de un hombre mejor con base en lo mejor de la cultura griega y el culto al cuerpo, al arte y a la cultura es una cosa; y la búsqueda de un hombre mejor eligiendo -por supuesto subjetivamente, no hay otra elección posible- lo que es peor y eliminándolo sistemática y cruentamente es otra muy diferente.
A veces, del mejor hombre a la peor bestia hay mucho menos de lo que parecería.Comentario de M hace 2 años y 31 meses
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Meine Gott!! El Kamegaden Speeg gedivivo!!! Tal ves pueda tegminag su obga y haceg el grosse Berlin que queguía el Führer.
Comentario de Grüppenführer Heydrich hace 2 años y 30 meses


