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Fermentaciones

Wintertown y la Feria del Libro. Escenas

Desmintiendo todas sus mitologías, la Feria del Libro de Wintertown nos recibió con un calor achicharrante. Acudimos como feligreses notables su último fin de semana - Memorial no ha osado confesar cuántas veces se pasó por allí, me temo lo peor-. Descubrimos una editorial de Niñas Moñas que editan poesías -con portada de señora decimonónica y abanico- y libros de relatos -con portadas que parecen sacadas de CSI-. Descubrimos que la editorial de la saga de Stars Wars está publicando los volúmenes del Reino de Angría -cosmogonía ideada por The Teenage Brontë-, convirtiendo a la única caseta que tenía apostado un Soldado Imperial en mi preferida. Claro.
Y Memorial coincidió con un escritor que ha visto unas cuatro veces en los últimos diez días. En distintas ciudades. El tipo demostró una inconsciencia antológica al no expresar el más mínimo indicio de desconfianza al vernos repetidamente frente a su puesto -'¡Viva Cániz!, gritaba ya, eufórico, al vernos pasar-. Cuatro fueron, también, las visitas de Memorial al stand de literatura argentina que estaba -muy apropiadamente- en la Patagonia de todo aquel chiringo.

He de apuntar que, cuando vamos al super, Memorial ejerce de imán perfecto de las señoritas con degustaciones. '¿Quiere probar nuestro emmental, nuestro fino, nuestra butifarra?' Y, débil como es ante la mayor parte de los procesos de fermentación, sucumbe con gozo.

A mí, en los eventos comerciales, no me asaltan las señoritas con degustación. Ni los señoritos. En esta feria, yo he descubierto que soy carnaza de los loqueros superventas.

'Sí, sí -dice Comecocos Superventas- Es un libro perfecto para ti...'

Trinidad comete el error de establecer contacto visual con el Comecocos. Pero yo qué sabía: ignoraba que en la Feria del Libro de Wintertown rigen las reglas del Bronx.

'Se ve que eres una persona positiva... pero creo que necesitas este libro...'

Leo con escepticismo el título de la ristra de volúmenes que se despliega bajo mis fauces. 'Optimismo vital'.

'Mmmm....'

'¿Eres médico? -pregunta Comecocos, no vaya a existir alguna remota
posibilidad de que una tipa resabiadilla le desmonté la Teoría Esgrimiente al Acecho.

'No, yo... -miro a un lado y a otro. Ni rastro de Memorial, que ha emprendido veloz huída.

Comecocos regurgita Teoría Esgrimiente al Acecho:

'Mi libro está basado en estudios científicos en los que se demuestra que unos niveles altos de endorfina estimulan y refuerzan el sistema inmunológico...'

'Ahhh...'

'Si te lo quieres llevas, coge el libro. Está a muy buen precio... y no es por dármelas de chamán, pero insisto en que creo que lo necesitas...'

En esas circunstancias, uno se pregunta qué ha hecho mal esa mañana.
Cómo lleva los pelos o si debería haberse puesto antiojeras o si el verde, definitivamente, no es un color adecuado para nuestra blanca
palidez. Se pregunta, sobre todo, por qué no ha podido ser Andrés Trapiello quien demuestre tan repentino interés en nuestra cartera. O nuestro palmito.

'¿Lo necesito, no? -respondo, animada por la cháchara de puesto de feria- Pues qué depresión para mi pobre psicólogo, después de todo lo
que hemos avanzado juntos...'

Comecocos se envalentona aún más, como si hubiera encontrado un motivo digno para la batalla.

'Pero tu psicólogo también tiene derecho a cogerse unas vacaciones...'

'Mira, no es que no me llame la atención el libro. Me han hablado bien de él y está a muy buen precio, pero es que ya he pecado mucho...'

'¿Ah, sí? ¿Y con qué has pecado?'

'Un libro de teoría literaria de Borges, dos de religión y mitología griega y Breve Historia de Inglaterra, de Chesterton. Y me espera, que yo sepa, otro sobre un documental de la Edad Media inglesa de la BBC '.

Aplastado por el peso de tan sesuda selección -hasta yo misma me he impresionado al escribirlo- Comecocos claudica.

'Está bien -me dice, garabateando una dedicatoria en un señalador- Pero me has caído bien... ¿cómo te llamas?'

'Trinidad'

'Trinidad'

'Toma. Y si te compras el libro, te doy los dos besos'

'Pues ya te vale'

Comecocos se carcajea.

'Tienes razón. ven pa´ca'

Y me estampa dos sonoros besacos -nuevamente, qué pena de Andrés
Trapiello-.

Memorial ha estado observando toda la escena apoyado en un arbolillo
con actitud de bandolero en quicio de la mancebía.

'Encomiable, Trinidad. Cualquiera se habría rendido'.

Referencias

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Comentarios

  1. Curiosa experiencia. Es poco tranquilizador que un prestigioso psiquiatra –al menos mediático psiquiatra- al primer vistazo deduzca que usted necesita un libro de autoayuda. Pero piense en usar el incidente para tomar un poco el canoso pelo de su psicólogo de cabecera. Pínchele diciéndole que un conocido colega le diagnóstica más rápido que él, a ver como se lo toma.
    Y compruebo que Memorial y vuecencia son unos peregrinos laicos, que se desplazan a Wintertown para visitar ferias del libro. Aunque las oficiales son un poco timo, pues los que frecuentan las librerías no encuentran en ellas muchos alicientes al ser los mismos títulos con dos duros de descuento. Mejor las de ocasión. Había una en Wintertown en noviembre y me compré las obras selectas de Moliere por 20 euros. Una edición impensable en nuestro pragmático mundo editorial, dominado por autores de quita y pon que escriben libros que se leen en un trayecto ferroviario Gades-Isbylla. Entre ellos, a lo mejor prestigiosos –o al menos mediáticos- psiquiatras que sacan libros de autoayuda.

    Comentario de Monsieur Jacobine hace 2 años y 30 meses

  2. Sigue estando esa maravillosa feria, Monsieur, sólo que ahora es en primavera, y sigue celebrándose en el Paseo de Recoletos, con lo cual uno puede empezarla junto a la impresionante rosaleda de Capitanía y terminarla con una merecida cerveza o un buen café en el Gijón, o viceversa, que tanto da. Y sigue habiendo chollos, y los perseguidores de libros tenemos la oportunidad de volver a un mundo editorial menos comercial, más constante, sin tanto cacareo y tanto quita y pon de temporada, como usted bien dice.

    Pero en esta última, en la oficial, tiene uno la oportunidad de contactar con pequeñas editoriales habitualmente alejadas de los escaparates (especialmente de los escaparates de las Summertowns, y no digamos Cániziti). Encontrar y (h)ojear por enésima vez Alismas en ediciones El Lago, charlar con Iwasaki en la caseta de Páginas de Espuma sobre su prólogo a Queremos tanto a Glenda, visitar cuatro veces al pequeño importador de libros argentinos para charlar sobre Pinedo, Aira, Vecchio, Lamborghini o Girri, dos veces la caseta chilena de pequeños grandes autores (donde el último bestseller de Isabel Allende no importa lo más mínimo),... todo eso no tiene precio.

    De la Mastercard, mejor no hablamos...

    Comentario de M hace 2 años y 30 meses


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