Oscar
trinidad - 15-06-2007 10:43:36 | Categoria: El corazón de la arpía
Cenicienta en Guantánamo‘Menos mal que mejoraste –me repetía alguna que otra vez- porque cuando llegaste aquí eras completamente gilipollas’.
Muy cierto. Cuando pisé la redacción por primera vez hacía una semana que se había muerto mi padre y estaba determinada a que nadie pensara que me habían recogido por ser pobre huerfanita. Así que me enfundé unos vaqueros andrajosos y un piercing en la nariz y me dispuse a dejarme comer la moral a bocados.
En todo el proceso de derribo y mejora, Oscar estuvo presente. Conocía a mi padre y por eso, supongo, fue por lo que nos acercamos. Oscar, la enciclopedia andante: ‘Eso que dices se llama estereoscopio’, ‘Cleopatra era griega’, ‘No son estorninos, son vencejos’.
‘Qué tremendo –pensaba yo- Pero no te asustes mucho, Trini, que con unos años más, como Barbie serás’
(Y, en efecto, ahora soy yo la que se indigna si alguien me confunde a los pájaros del cielo)
Oscar tuvo el dudoso honor, siempre, de ser el primero en enterarse de mis tragicomedias sentimentales –‘En serio, ¿de dónde sacas a esos tíos?’-y hacerle reír fue, a la larga, la mejor terapia que me he impuesto nunca. Con todo ello quiero decir que veía en Oscar mi apoyo, mi refugio, mi amigo. Uno de los numerosos voluntarios –y de ellos, el más voluntarioso - en la honrosa tarea de levantar lo que Abuelito de Heidi llamaría mi ‘autoconcepto’.
Decía esas cosas que toda chica agradece escuchar alguna vez en su vida: '¿Por qué no haces el favor de callarte y mirarte al espejo?' o 'Sigue soñando. Es lo que nos mantiene vivos', o 'Trini, quítate el algodón de la boca, que me has escupido sangre', o ‘Gracias por ser un motivo para seguir viniendo a esta redacción y continuar creyendo en este puto oficio'.
Oscar terminó largándose de aquí, por supuesto: pasó a mejor vida, a un gabinete cuyos horarios, al menos, le permitirían terminar la novela que andaba rumiando.
Y sí. Ha terminado su novela.
Fue entonces, cuando marchó, que perdimos el contacto. Aún no sé muy bien si fue por desidia, cizaña o presiones descompensadas. Ni idea.
Sé que lo echo de menos terriblemente. Que la suya ha sido una de las ausencias más sentidas –él era, también para mí, un importante motivo para acudir a sentarme frente al ordenador-. Y que es cierto que no te acostumbras jamás al dolor fantasma.
Me alegró infinito saber que le publicaban. Imaginaba el envío de libros envueltos en papel de estraza y a Oscar de rodillas, en el pasillo de su casa, con satisfacción de pirata añejo.
-Jejeje… -se sonreiría, si fuera yo, sopesando los ejemplares – Ya está hecho. Por mí, primero, y por todos mis compañeros.
Comentarios (1) - Referencias (0)
Referencias
Comentarios
-
Yo también le conocí en mi paso por la redacción. Era mi primer trabajo como periodista y lo veía como el gran ejemplo a seguir. Lo sabía todo sobre todo y, lo más importante, era que siempre estaba ahí para ayudarte, y, como no, para decirte cuatro verdades bien dichas sobre el falso mito del periodista...jajajaja.
Ahora que yo tampoco estoy en la redacción, siempre me acuerdo de una frase que él siempre me decía: "Compañera, márchate del periódico lo antes que puedas. Esta redacción te absorve y te deja sin vida". Parece una tontería, pero para una persona que acaba de llegar a una ciudad en la que no conoce a nadie, la cosa asusta....jajajajaComentario de Ex-Compañera 3 hace 2 años y 30 meses


