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arpía´s corner

cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Mutantes

Ningún monstruo vivo, solamente los hombres (Hombre del Greloj)

-¡Uy, cuántos bultos! –exclamó la masajista, cuando tuvo que tratarme en la apoteosis de autodestrucción con la que despedí el curso lectivo- Ya te lo han dicho, ¿no? Que tienes las paletas aladas.

Pues sí. A poco que me lo proponga, mis omoplatos sobresalen con vergonzante afán de protagonismo, prontos a protagonizar una polémica de presunta anorexia. Más que una malformación es una mala postura congénita: como su dueña, tienden a explayarse larga e innecesariamente. En mi infancia, mientras las demás alardeaban de otras cualidades grimosas, como doblarse completamente el dedo pulgar o poner los ojos en blanco, yo me dedicaba a desplegar mis alas abortadas.

-Sí, ya me lo habían dicho. Pero bueno, hay cosas mucho peores –le comento a la masajista, en un iluso intento de despertar su empatía- tenía una vértebra de más. Y un cuello de cisne, vaya. Y unas contracturas que lo flipaba.

-Ya… yo hasta he tenido casos con costillas cervicales: se forman amagos de costillas a la altura del cuello y producen unas molestias horribles…

Inquietante, ¿eh? A mi mente acuden mutaciones varias que he ido recopilando a lo largo de los años. Recuerdo a una compañera del periódico, que tenía dos lacrimales extra en la meseta de las mejillas –verla llorar era un espectáculo-. Otra amiga luce un mechón natural de pelo blanco en mitad su negra melena –que le da un estiloso aire a Lily Adams pero que no fue, en absoluto, premeditado-. Otro compañero, dedicado encima al maravilloso mundo del diseño web y la edición digital, es daltónico –‘Trini, ¿el escudo del Cániz está bien?’-. O los casos de famosos. La doble fila de pestañas de Liz Taylor. Los ojos distintos de Elena Anaya. El gigantismo aprovechado de muchos jugadores de baloncesto.

Todas ellas, singularidades inofensivas, lejos aún de la estigmatización y de las molestias de la enfermedad. Ni siquiera hablamos de albinos, ni de hemofilia, ni de enanismo, ni del síndrome del Hombre Lobo, ni de hermanos siameses. Son sólo diferencias que nos hacen ver de manera palpable hasta qué punto la estandarización es un mito. Y hasta qué punto, además, estamos cerca de formar parte del circo de ‘Freaks’.
Por un motivo u otro.

Tal vez ese sea la razón de que los héroes solares me hayan resultado siempre tan engollipantes. Arios, maqueados y belicosos. Ya ven. Lo auténticamente monstruoso es lo perfecto.

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