Todo tuyo
Si tu vida arde bien, la poesía son las cenizas (Leonard Cohen)
-‘La primera vez que lo vi –relata Rufus Wainwright en I´m your man- estaba en la cocina, en ropa interior. Cocinaba fideos y salchichas y se llevaba pedacitos de comida a la boca, regurgitándolos después en un palillo. Había recogido a un polluelo y se dedicaba a alimentarlo de esta manera. Cuando lo volví a ver, se había enfundado en su traje de Armani, se había peinado hacia atrás y llevaba los zapatos brillantes. Y fue entonces cuando pensé: ‘Oh, Dios mío, Leonard Cohen’. Era igual que en la portada de uno de sus discos’.Cohen lleva apellido de sacerdote y sus canciones están llenas de sensualidad y panteísmo profano, de una espiritualidad sin sello. Afirma que, probablemente, el primer poema que le emocionó lo escucho en la sinagoga y procedía de algún relato bíblico. Parte de la simbología más importante de sus canciones es cristiana -las hermanas de la Misericordia, el Cristo que anda sobre las aguas>-. Ha sido ordenado monje budista y explica, al final del reportaje, la principal enseñanza que refleja el ‘Bhagava Gita’, el texto de referencia en el hinduismo. Edge, de U2, lo clasifica de ‘profeta’.
Y llega un desconocido y se lo encuentra reviviendo pájaros, como el Niño Dios políticamente incorrecto de los Apócrifos.
I´m your man son las muy bien casadas imágenes en torno al concierto que, hace poco más de un año, reunió en Lion´s Gate a seguidores irredentos del autor canadiense. Entre ellos, el ya mencionado Rufus Wainwright y su hermana, Martha; Nick Cave, Antony o los U2 en pleno –emocionado Bono a la cabeza-. Un montaje soberbio que va enlazando canciones y vida con impecable elegancia. Sin apenas detalles biográficos, dando el protagonismo a quien lo tiene: la relación de Leonard Cohen con las palabras y la música –‘Si a uno se le asigna el oficio de escritor, comenta en el reportaje, sabrá que ha de ir al trabajo todos los días, sin faltar uno. Y siendo muy consciente de que la empresa no es suya’-.
Nick Cave se hace en la grabación con dos de los temas estrella del músico: el que le da nombre a la película y una Suzanne más acuícola y onírica que nunca. Y si quieren saber qué hace grande una canción e inolvidable una versión, escuchen por favor los tres temas con los que se despacha Rufus Wainwright –Everybody Knows, Chelsea Hotel y Hallelujah-.
Viendo a semejante club de fans –una manta de freaks- uno no puede menos que pensar qué hubiera sido del mundo sin los descastados. Sin Claudio el Dios y sin Hitler el Frustrado, sin los guionistas de South Park y sin Tim Burton. Tierno comprobar cómo la mayor parte de los oficiantes de Cohen nunca hubieran sido animadoras ni quarterbacks –a más dudas, la confesión de Nick Cave, cuando afirma haber detestado profundamente el ambiente provinciano de su Alberta natal y cómo descubrir al judío le hizo comprender que jugaba en otra liga-. Y muchos de ellos, como tantos, no hubieran pasado ni remotamente una prueba de selección de OT. Imaginen a ese Risto Mejilde dándole caña al inclasificable Antony: ‘¿De dónde has sacado el estilista? Pareces Isabel Coixet embutida en un saco después de que Iberia le haya perdido las maletas’.
(Cosa que les sucedería, por cierto, a la mayor parte de las estrellas del panorama musical. Al Sabina, probablemente, lo echaría Seguridad antes de llegar a la entrada. Y, de hacer una prueba, Alaska –jamona y embutida en blanco, con ese pelo zanahoria y esa voz de travelo- protagonizaría cortes de tomas falsas a lo ‘Ponte el cinturón/Protege tu vida…’)
El final de la cinta está en consonancia con todo este ambiente. En lo que podría ser el remate de ‘The Ultimate Freak´s Ball’, los chicos de U2 acompañan a Leonard Cohen cantando Tower of Song. Cohen ejerce de crujiente Nosferatu traqueotomizado y los irlandeses se sonríen felices, satisfechos de haber despertado a su vampiro favorito para el baile de fin de curso.
Grandes momentos, insisto, para todo aquel que ame las palabras y la música.
Y está bien, bueno. Perdonamos a Canadá por Celine Dion y Brian Adams.
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Quien será el tipo que programa esas películas... ;
Comentario de Monsieur Jacobine hace 2 años y 26 meses
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A Canadá hay que estarle agradecidos por Rush y Voivod. Y Brian Adams perdona a Leonard.
Comentario de vicisitud y sordidez hace 2 años y 26 meses
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Ah! Qué tiempos aquellos de Alcances cuando la programación musical respondía realmente a ese concepto, y no se limitaba a biopics de artistas decadentes y actuaciones de grupos de tercera.
Comentario de Profesor Franz hace 2 años y 26 meses
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jajajaja, Profesor Franz, jajajajajajajaja
Comentario de El Roque de Conil hace 2 años y 26 meses


