Escena en Ikea
trinidad - 01-10-2007 14:02:09 | Categoria: Fragmentos de realidad
Vikingos en Castilleja
Ya decía Elvira Lindo que la prueba de fuego para toda pareja es un día en Ikea. El nuestro comenzó con el inevitable atasco en Castilleja de la Cuesta donde descubrí -to my horror- que el volante me hace desnudar mis más bajos instintos. Entre todos los insultos posibles, y ante el injusto cuele de menopáusica pretendidamente despistada, Trinidad baja la ventanilla y aúlla: -Señora, ¿qué coño le pasa? ¿Es usted monja?
Ikea sigue siendo, para mí, un concepto fascinante. Un gran almacén que permite a todas las moñas del mundo seguir jugando a las casitas por muchos años que acumulen -no otra intención, no vayan a pensar, se esconde bajo los 'ambientes' y 'casas amuebladas' que salpican la sala de exposición-. Una tienda de muebles de diseño sueco capaz de provocar una avalancha de desaforados consumistas en Arabia Saudí y de hacernos comer col ardiente con salsa de morsa aunque la temperatura exterior ronde los cuarenta grados.
Como todas las cosas, concepto Ikea se está acalorrando. El canismo entiende que no hay mejor plan de sábado que pasar la jornada en una nave inmensa, zampando albóndigas putrefactas al fresquito del aire acondicionado y con los niños vigilados en la guardería habilitada por mor del consumismo civilizado. Ya ven. Las huestes de Mordor amenazan nuestros sagrados realms.
Aún así, gracias a nuestro magnífico poder de evasión, Memorial y Trinidad pudieron pasar la excursión de manera más o menos digna, repasando los grandes clásicos atemporales:
-Por Dios, Trinidad, ¿dónde vas con eso? Que ya no entra nada más en casa...
-¿Que no entra? Ja, ya verás tú como entra...
(Unas líneas de diálogo que vienen dándose desde el Paleolítico:
-Por el Gran Oso, Akeitajuk, ¿dónde vas con esa piel de mamut? Que ya no entra nada más en casa...
-¿Que no entra? Ja, ya verás tú como entra...)
A Memorial, tantos escenarios de hogares idílicos, con peluches por el suelo y estanterías repletas de libros, le despertaron sus más tiernos instintos y susurró algo así como:
-Anda, pídenos una de esas tarjetas de Ikea Family...
(Al parecer, en su orden de cosas, la Ikea Family debe ser un equivalente a la solicitud de parejas de hecho)
El panfleto de la Tarjeta Ikea Family es el ejemplo de lo políticamente correcto. Preguntan si eres casado, separado o vives en pareja. Incluyen infinitas combinaciones y permutaciones en tu núcleo familiar. Si tienes mascotas, abuelos o el cadáver de tu madre haciéndose mojama en el sótano.
-Mmm... ¿y yo? -pregunto- ¿Pongo que dispongo de segunda casa?
-Mpf -gruñe Memorial- Y de tercera.
-¿Y cuántos metros digo? ¿Sumo tu casa y los dos micropisos?
-Ya ves qué pedazo de situación tenemos -reflexiona en voz alta, repasando por encima el cuestionario- Que ni los de Ikea son capaces de reflejarla. Manda huevos.
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Pues sí que tiene mérito que los de Ikea no encuentren entre las posibilidades, una que refleje tu situación... casi tanto mérito como sobrevivir a un día en pareja en aquel lugar.
Comentario de lanavajaenelojo hace 2 años y 26 meses
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Ay, amiga. Qué imprudencia. ¿Cómo se le ocurre ir a Ikea un sábado? Desde luego es un verdadero milagro no sólo que consiguiera entrar, sino que consiguiera salir, y además con el mismo maromo con el que entró. Y sí, siempre entran más cosas en un hogar, aunque yo ya he tomado la determinación de que no entrará ningún artículo desmontado más hasta que montemos los que ya tenemos dentro.
Comentario de Mninha hace 2 años y 26 meses
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Les recuerdo a ambos dos que desde hace unos meses en Hispalis se halla disponible una sucursal de la FNAC, un ambiente más adecuado para sus señorías que esa orgía de la pequeña clase media que es IKEA.
Comentario de Monsieur Jacobine hace 2 años y 26 meses
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Ay, Monsieur, pero para todo lo que venden en dicha sucursal, amen de en Manolito Folla, hacen falta estanterías... baratas para que no gastemos en el soporte lo que debe ir a lo soportado, y así nos va...
Comentario de M hace 2 años y 26 meses


