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cuando soy buena, soy muy buena. cuando soy mala, soy mejor

Placeres Culpables

Alimenten por favor a mi Cotilla Interior y confiesen los suyos

La naturaleza del ocho de enero, para mi desgracia, es y ha sido siempre de un espartano digno de comunidad cuáquera. Conjuga en sí los flagelantes propósitos de Año Nuevo –el puntual recordatorio que nos enfrenta con los fracasos de nuestra vida- y la implacable vuelta a la realidad. La naturaleza humana occidental –y oriental también, apostaría cualquier cosa- rechaza con todas sus fuerzas semejante destino y se echa a las calles en orgiástico desenfreno. Esa es, no lo duden, la más fiel explicación al fenómeno de las rebajas de invierno: un clamor inconsciente contra la vuelta a las rutinas grises, al mirar los extractos y poner el despertador.

Por eso mismo quiero hacer en estas fechas un llamamiento a la vigencia de los placeres culpables, impecable expresión que viene a recoger aquellos gustos y costumbres vergonzantes cara al público pero que disfrutamos profundamente y a los que no podemos renunciar. Un placer culpable es, por ejemplo, establecer la tradición de entrar todos los lunes en Interviú para ver cuál es la portada –desde el trabajo, por supuesto-. O hacer zapping y encontrar la escena de la escalera de Lo que el viento se llevó –‘Oh, es ese insolente Rhett Butler’- y quedarte plantado en el sofá por vigésima vez. O abrir un paquete de ositos de regaliz con la firme determinación de ir devorándolos uno a uno, obsequiosamente, como algún inmisericorde dios plantígrado. O hacer de Olivia Newton-John mientras escuchas ‘Xanadú’.

Existe en los placeres culpables un disfrute que va más allá del propio objeto de encandilamiento: el de machacar internamente al diablillo jesuita que pide a gritos que apaguemos la televisión, que tenemos en el armario 24 pares de zapatos, que ‘Destinos ardientes’ es la peor telenovela ever. Y, más allá de generalidades –a todos o casi todos nos gustan el chocolate, el buen vino, los masajes relajantes a precios abusivos-, los placeres culpables contribuyen a destacar nuestra unicidad, nuestra diferencia, alejándonos de las tabulas rasas y los lugares comunes.

Entre mis placeres culpables, todos los siguientes –no me miren mal: son los únicos momentos en los que dejo salir a la Doris Day que habita en mí-.

-Poner una de estas tres películas al menos, una vez al año: 'Amelie', 'Tienes un Email', 'Love Actually'.
-Hacer Caldo de Trini: sumergirme en una bañera de agua hirviendo durante, al menos, tres cuartos de hora y salir con dificultades para estar de pie, los poros abiertos como en sauna finlandesa y las puntas de los dedos como una leprosa.
-Pasar horas hojeando viejas revistas de decoración
-Pasar horas hojeando viejas revistas de decoración de temática navideña
-Poner a todo trapo canciones de Blondie, 'Chicago' o 'Cabaret' y hacer play back y coreografía con los taburetes de la cocina y descacharrantes resultados.
-Consultar todas las semanas la página de Señora Moña y guardar sus más sabios consejos.
-Repasar viejas fotos de viajes –especialmente, por supuesto, las irlandesas-.
-Ver ‘Mujercitas’ todas las Navidades –en su versión más odiosa, la de Wynona-.
-Calzarme algún episodio de My So Called Life –y esto último conlleva un plus de bochorno bastante importante-.
-Deambular por fotoblogs de trajes de novia.

Y este año me hago el más que firme propósito de no olvidarme de ninguno. Felicidades, a todo esto.

Referencias

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Comentarios

  1. Salvo que se trate de un ejercicio de cinismo, me sorprende que sienta menos bochorno por la reposición doméstica de "Tienes un email" que por los episodios de "My so called life". Me imagino que muy bien no habrá envejecido, pero la vi en su momento durante mi destierro en el profundo sur americano y, en aquella época, una serie de adolescentes cuyos problemas no se limitaban a entrar en el correspondiente equipo de fútbol / animadoras, sino que incluían embarazos no deseados, adicciones e inadaptaciones varias resultaba bastante estimulante. Yo al menos tengo un buen recuerdo de ella.

    Comentario de Profesor Franz hace 1 año y 23 meses

  2. Efectivamente, siento mucho más bochorno por merralla. Pero al cabo, a pesar de su calidad, MSCL tenía su público entre las manadas hiperhormonadas y granulentas. Y me da cosita tener los espolones como los tengo y que me sigan pareciendo más que dignas las aventuras de Claire Danes con cascarón de huevo.

    Comentario de trinidad hace 1 año y 23 meses

  3. Ahora estoy tan embebida preparando mi vuelta, que se producirá a las 20:30 horas de esta tarde, en forma de clase de guión, que no puedo ni acordarme de ningún placer.

    Qué bien escrito está este artículo. Enhorabuena.

    Comentario de lanavajaenelojo hace 1 año y 23 meses


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