A vueltas con el velo
trinidad - 20-02-2008 12:34:33 | Categoria: Reflexiones
Los límites de la progresía
Partiendo de la base de que es salir del mismo ombligo del maniqueísmo hablar de algo que sólo se conoce por referencias, no me gusta el velo. Y no es por el asunto religioso: las monjas llevan sus tocas y los judíos ortodoxos sus tirabuzones. Si tuviera sólo connotaciones religiosas, me daría más bien igual. Considero que cada uno ha de guardar para sí sus propias creencias –que deben ser algo íntimo- pero si quiere hacer ostentación de su condición, siempre que no se vulnere al otro, es muy libre de hacerlo –como uno puede ver cada vez que se pasea por Chueca o por Serrano o por Santa María o por La Viña-. Lo que no me gusta son las connotaciones que implica. ¿Quién –según la tradición musulmana y judeocristina, ojito- lleva velo? La mujer virtuosa. Es cierto que numerosas mujeres musulmanas habrán crecido viendo a sus madres y abuelas con velo y que en ningún momento, a causa de llevar un pañuelo en la cabeza, se habrán sentido oprimidas o despreciadas. Vicente Haya –musulmán converso español y autor del libro El Islam para ateos- apunta que en Occidente no entendemos el hiyad. Un término que en árabe significa ‘velo’ o ‘amuleto’: “Ninguna musulmana –afirma- lo ha visto como signo de opresión masculina hasta la entrada de la televisión en sus países” –hablamos, por supuesto, del entorno del Magreb, no de Irán o Afganistán-.
Pero esto no es tan sencillo. En un reportaje sobre integración cultural aparecido en El País, se recoge el testimonio de un profesor de Algeciras sobre una compañera de trabajo, que lleva el velo, y de la que sabe, por ejemplo, que tiene que comer en la cocina mientras su marido y sus hijos comen en el salón: ‘¿Cómo sabes tú –se pregunta- cuándo llevar el velo es algo voluntario o algo impuesto?’.
Un velo ha indicado sumisión durante siglos. Yo nunca lo llevaría. Igual que no llevaría toquilla o corsés de huesos de ballenas si un pirado les diera por ponerlos de moda. Ni siquiera se me ocurriría vendarme los pies en una supuesta tendencia futurista retro-oriental: mis pies no estarían deformes como los de las antiguas chinas pero consideraría de mal gusto recordar siquiera algo así. Y no digo que aquí las occidentales seamos, actualmente, un ejemplo de sensatez indumentaria, más o menos lejos del concepto de sumisión. Sólo dos palabras. Tacones. Pendientes.
El pobre velo tiene, además, la desventaja de que juega con algo no remoto en la geografía ni en el tiempo, sino muy cercano. La filósofa Amelia Valcárcel afirma que los signos no son gratuitos –un signo está para denotar un significado-: “Aquí puede que haya mujeres que lo lleven porque les da la gana –comenta-. Bien. Pero eso no convierte ese pañuelo en símbolo de libertad: ha sido y es al contrario".
Aparecen, monísimas ellas, en el reportaje de este sábado en El País. Llevan velos vistosos, a la manera de algunos países africanos. No les cubren el rostro sino que se recogen, pliegue sobre pliegue, sobre sus cabezas, dejando caer las puntas. Las telas son preciosas: buscan el contraste de color, los estampados floridos, los flecos. Son musulmanas conversas, de apellidos cristianos. Se reúnen para charlar, tomar té y –este es el detalle que terminó de perderlas a mis ojos- hacer patchwork. Defienden, por supuesto, el uso del velo, que demuestra su orgullo de pertenecer al Islam. “No nos oprime –afirman- sino que nos embellece”. Insisto: no es siquiera el simple hiyad magrebí. Como para no estar guapa. Con una perla en la oreja, pasarían por el más famoso retrato de Vermeer.
Pero lo que me indignaba del asunto era que las hubieran escogido como el ejemplo perfecto de melting-pot, tolerancia y sofisticación antes de que la guarra de Isabel la Católica vaciara a golpe de axila las calles de Al-Andalus, perfumadas con jazmines.
Una de ellas cierra el reportaje de esta forma: “El otro día, en un semáforo, un hombre me dijo, ¿eres una princesa?” –insisto: el tocado es espectacular-. Y las demás mujeres, alborotadas por la anécdota, responden: “Pues claro que sí. Todos los somos. Princesas musulmanas”.
Y sí, es eso justo. Eso es lo que se creen. A eso es a lo que juegan. Pero la realidad es otra.
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Estoy muy de acuerdo con lo que escribes. Tuve la misma sensación cuado leí el reportaje al que haces referencia. Por cierto, pones dos ejemplos de la sumisión indumentaria de la mujer occidental. Yo apunto otro: talla 38.
Comentario de Anónimo hace 1 año y 22 meses
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Artículo muy interesante. Lo que más espinoso me parece del asunto es hasta dónde podemos meternos con el uso o no del velo. Hasta dónde estás coartando su libertad de vestir como les dé la real gana y hasta dónde el velo es un símbolo precisamente de la falta de libertad para vestir como les apetezca... Y por cierto, de acuerdo totalmente con lo de los tacones, los pendientes y la talla 38...
Comentario de Clarita hace 1 año y 21 meses
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Chef d'oeuvre. Casi podría decir que es el artículo DEFINITIVO sobre el tema. Y el ataque final a la progresía estulta, impecable: cómo se puede ser tan demagógico a la hora de elegir una parte para juzgar el todo...
Comentario de vicisitud y sordidez hace 1 año y 21 meses
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Cuánta razón tienes. Yo pienso igual que tú, lo que pasa es que nunca sabría expresarlo tan bien.
Comentario de lanavajaenelojo hace 1 año y 21 meses
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Comparto las alabanzas al artículo, que me parece brillante, precisamente porque, desde la sinceridad y con las ideas claras, tiene la modestia de arrojar más sombras que luces, y creo que eso es positivo en este tema. Como Clarita dice, y no se puede decir mejor: "hasta qué punto podemos METERNOS..." That's the question. ¿Podemos meternos? ¿Podemos entrar a juzgar un signo, perteneciente a una semiótica a la que no hemos sido invitados y de la que desconocemos elementos fundamentales? Podemos luchar contra la ablación, contra la pena de muerte, contra las normas que obligan a las mujeres a servir y luego comer en la cocina. Pero ¿podemos juzgar un símbolo, o nos conviene más mirar hacia adentro e intentar comprender los nuestros propios?
Comparto la opinión de que ningún simbolo es gratuito, pero discrepo absolutamente con la afirmación de que la reelección del símbolo SI puede cambiarlo. Y si muchas mujeres lo eigen como prenda estética, cambiarán su significado. No dramaticemos tampoco. Creo que una cosa es un símbolo, y otra un estigma.
Pero esa elección, en efecto, no debe ser la trivial elección supermegaguay de cuatro progres de pacotilla.Comentario de Academia de Ociosos hace 1 año y 21 meses
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Vaya, quise decir que discrepo con que la reelección y la reinterpretación de un símbolo NO pueda cambiarlo. Lamento arrojar yo ahora sombras que provienen de mi torpeza.
Comentario de Academia de Ociosos hace 1 año y 21 meses
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Y quien eres tu, pequeña, para juzgar a nadie ? Que aire te entro por la nariz y te inflo a tal punto de pensar que puedes opinar de civilizaciones enteras ? No soy musulman, pero soy respetuoso, y no me caeria bien que los musulmanes dijeran que la civilizacion occidental es hipocrita, que trafica mujeres, que las ensucia al punto de prostituirse en la calle, que las obliga a estar en talla y a gastarse medio sueldo en ropa para ser aceptables socialmente ?
Eso seria un atrevimiento, pero acaso seria mentira ?
O tu, niñita, con tu "little black dress" y las uñas pintadas, no sabes nada de eso ?
Beso, y no escribas tanto sobre lo que no has reflexionado.Comentario de Patricio hace 1 año y 20 meses
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Ejjem.
Una MAGNÍFICA ventaja de la civilización occidental es la libertad de opinión.
Con vestiditos negros y uñas pintadas, una mujer en España puede opinar lo que le salga del útero, acerca del tema que se le ponga en los ovarios.
En el mundo islámico creo que las mujeres no podrían opinar, ni desde detrás de un velo. ¿Me equivoco, Patricio, o ha viajado usted más que yo por algún país cuyas leyes se basan en el Corán y tal vez pueda desmentirme?
¿Que nosotros tal, y cual, y la prostitución y eso? Claro. No vamos a contradecir a quienes nos hablen de las podredumbres del Norte. Es más, consideramos que son libres para decirlo. A mí no me caería mal (a Usted sí, según dice) que un musulmán dijera eso de nosotros. Es verdad. Y son verdades cosas peores: Se ha saltado la prepotencia, el consumismo estúpido, el derroche, la inconsciencia del valor de las cosas, la falta de caridad para con el prójimo, el miedo cerval a la muerte, la idea de que nuestra medida de las cosas es la única válida.
¿Y qué?
Escriba, Hermanastra, sobre lo que ha reflexionado y sobre lo que no. Sobre lo humano y lo divino. Sobre los velos y los desvelos. Sobre lo que le venga en gana. Yo no le prestaría mucha atención a los descerebrados que se saltan a Stuart Mill a cambio de una supuesta corrección política.
Son lo peor de la tierra.
¿Estamos?
Pues eso.Comentario de Microalgo hace 1 año y 20 meses
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Lo que me extraña (ya en un aparte) es que yo haya sido el único en decir que esta (mi) boca es absolutamente mía, porque Patricio lo ha puesto a huevo para que cualquiera le dé en la cresta.
¿Problemas personales con la Hermanastra, Patricio?
Tch...Comentario de Microalgo hace 1 año y 20 meses
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Nada que añadir sobre lo perfectamente dicho por Microalgo, sólo una sugerencia a Patricio: ¿Qué titulación hace falta para opinar sobre civilizaciones enteras, Gran Hombre? La próxima vez que vaya a escribir y opinar sobre alguien, mire si no está haciendo usted aquello que critica. Resuelva usted sus calentones ahí afuera, y luego venga con menos humos. Los apelativos que usa lo ponen a usted en su lugar, y demuestran que de "respetuoso" no tiene más que la autocomplacencia.
Comentario de Academia de Ociosos hace 1 año y 20 meses
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Agradezco, caballeros, su intervención. Yo no le daría más importancia a lo que Patricio no ha entendido o no ha querido o se ha empecinado en entender. Lamento haber tardado en aparecer por aquí pero es que me ha mantenido muy ocupada una cosa realmente molesta: el mundo tridimensional.
Espero volver pronto, cuando recobre mi vida -la real, y la otra-. Mientras, ya saben: no le den de comer al troll.Comentario de trinidad hace 1 año y 20 meses


