Mi jornada de reflexión
trinidad - 13-03-2008 17:09:11 | Categoria: El corazón de la arpía
Esos días azules y ese horror de la infanciaMe temo que no decepcionaré a ninguno de mis lectores si digo que, de pequeña, era esa niña a la que le quitaban el bocadillo en el colegio.
Aunque yo nunca llevaba bocadillos, claro -mucha comida- sino cosas como mandarinas y pastelitos de la Pantera Rosa. Y, si semejante hecho no les resulta extraño ahora, deberían haberme visto con cuatro o cinco años. Enclenque, llorana, de vocecita chirriante ahogada en vegetaciones -me da penita al describirme, la verdad, pero sólo intento constatar la evidencia de que era la víctima perfecta-.
Por supuesto, no tenía amigas. No entendía cómo hacían las demás para estar siempre jugando juntas pero tampoco me llamaba la atención unirme a ellas. Y la verdad es que me chiflaba estar sola. Iba a la parte más descuidada del patio -un terreno que designar eufemísticamente como 'jardín inglés'- y me acurrucaba a la faldas de un árbol -mi árbol-. De los ratos con él, llegaba a casa llevando hojas secas, piedrecitas y, la mayor parte de las veces, bichos -cochinillas, mariquitas- que sobrevivían milagrosamente al resto de horas de clase y al trayecto en autobús.
Uno de los primeros llantos que recuerdo estaba relacionado, precisamente, con ese jardín caótico. O, más bien, con su desaparición. Aquella especie de tierra nadie terminó vendiéndose a una constructora, que levantó el edificio que actualmente linda con el colegio. Pero primero, antes de vallarlo y de la llegada de las excavadoras, hubo que desbrozar la tierra.
El efecto de la desaparición de mi árbol fue similar al que puede tener uno cuando llega un día clase y le dicen que su amigo ha tenido que mudarse inesperadamente.
"No llores -recuerdo que me dijo alguna monja-. Ahora, donde antes estaba el bosquecito harán casas para que venga mucha gente nueva y podrás hacer amiguitas".
Sí, eso, amiguitas. Justo lo que necesitaba: más de esas extrañas salvajes que me arrebataban los pastelitos mutantes de color rosa. Mi mente aún no relacionaba la expresión 'puta cabrona' con su acepción exacta, pero la confusa nube de resentimiento que fue formándose en mi cabeza se adaptaba como un guante a ese concepto. Se lo aseguro.
Lo hablaba el otro día con unos amigos, comentando por qué habremos terminado pensando de una manera determinada. Creo que el ser niña solitaria y nebulosa, el tener por amigos a árboles y cochinillas y el odiar funestamente a poderes fácticos tan identificables -excavadoras, constructores, monjas cerriles- hizo que dentro de mí se desarrollará una válvula de alerta que impide que nunca puede situarme, ni por casualidad, del lado del que explota al que no es de su tamaño. Y como verán, los explotadores tienen, desde mis tiempos de párvulos, unas etiquetas bastante identificativas.
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Qué gracia que Vicisitud (en su penúltimo post) también haya achacado el no votar a la derecha con que los niños le pegaban en el colegio. Es una extraña forma de pensar, pero veo que bastante extendida.
A mí me pasaba un poco igual cuando era muy pequeña (1º de EGB): me decían un par de amiguitas que tenía que jugase con ellas y yo prefería estar sola en otra zona del patio. Lo que nos diferencia es que mi zona era un murito que daba a dos escaleras que conducían ambas a una puerta que estaba clausurada (pues el colegio en realidad era un chalet) y ahí jugaba a saltar y hacer burradas creyéndome dentro de una peli de acción. Creo que lo que a mí me molaba hacer tenía que ver mucho con los juegos de rol, pero con mis reglas... y sola.Comentario de lanavajaenelojo hace 1 año y 21 meses
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Es usted como Beethoven: prefiere la compañía de un árbol a la de los humanos.
Comentario de Alcancero hace 1 año y 21 meses
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Lo mío creo que es más raro.. En el cole tenía un montón de amiguitas, pero en el insti me hicieron la vida imposible. Eso sí, al final las pegué yo a ellas. De algo me tenía que servir pesar 90 kilos..
Llego aquí gracias a mrs navaja, by the way.Comentario de geminisdespechada hace 1 año y 21 meses
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:) ¡Si es que todo tiene ventajas en esta vida!. Mi tamaño seta, obviamente, sólo me ha servido para desarrollar sofisticadas torturas imaginarias. Bienvenida geminesdespechada. Los caminos de Internet es lo que tienen.
Comentario de trinidad hace 1 año y 21 meses


