Segundas y primeras esposas
Lady Mariam vive convencida de dos certezas fundamentales:
- Que Harry Potter –su marido- es un genio.
- Que dicho Harry Potter –su marido- terminará dejándola, por una joven musa, cuando tenga todo su potencial desarrollado y sea un hombre de renombre.
-Es lo que siempre hacen todos los genios –se refrenda Lady Mariam-. Dejan a la primera mujer, la que ha aguantado todas sus crisis creativas y los años de no tener un puto duro y, en cuanto son medianamente admirados, se dan cuenta de que se pueden largar con la no tan pacata imberbe de primera fila y la convierten, de repente, en su motivo de inspiración.
-Y en la directora de su Fundación –añado yo, digo, añade Satán, a través de su fiel discípula.
-Y en la directora de su Fundación –repite Lady Mariam, rumiando de repente la certeza.
-Pero… bueno, algo hemos de tener las segundonas –comento, tratando de desviar su febril atención-. Al fin y al cabo, si te consuela saberlo, vivimos bajo el dogma de ‘No hay justicia’.
-¿Cómo?
-No importa lo que hagas, siempre eres comparada con la primera mujer. Que aunque fuera una sucia arpía, en boca de tu legítimo, no será más que un modelo mariano de conducta.
Y procedo a contarle una de las anécdotas más ilustrativas que he podido experimentar al respecto.
Entre los abismos insondables que nos separan a Memorial y a mí se encuentra su pasión desatada por todo proceso bacterial láctico de apestosa etiqueta. Las adquisiciones que semejante afición comportan son guardadas, convenientemente envueltas, dentro de tarros de tupper cerrados herméticamente, en lo más hondo del frigorífico.
Tras varios días aguantándose las náuseas al abrir la nevera, Trinidad llegó a la conclusión de que aquella peste no era en absoluto normal y, armándose de valor, abrió el bote contenedor para descubrir horrorizada que la vida bacteriana había dado un paso más allá y amenazaba con colonizarlo todo.
Por supuesto, tiré los restos de queso mohoso.
Cuando volvió Memorial –y volvía de uno de esos viajes transoceánicos que un día van a procurarle un trombosis. Tiempo-, lo primero que hizo fue lanzarse a por su avituallamiento quesero.
-¿Dónde está el cabrales de vetas azules?
-¿El que estaba envuelto en papel de estraza? –le respondí, ajena a la tragedia que se cernía sobre mí.
-Aja.
-Ah, lo tiré. Se había puesto mohoso.
Memorial se quedó petrificado, mirándome incrédulo durante unos segundos con los ojos anegados de lágrimas.
-¿Qué lo has tirado? –se atrevió al fin a farfullar-. ¿Que has tirado mi queso mohoso?
-Sí, lo he tirado. Apestaba que daba asco…–expliqué, cayendo entonces en que algo no iba como debiera-. ¿Por qué? ¿Qué pasa?
Memorial se dio la vuelta y empezó a hacer actividades propias de Doris Day cabreada –ordenar la cocina, recoger pelusas del suelo-. Algo que –aprendería más tarde- es un gesto muy común cada vez que se barruntan nubes sobre su cabeza.
-Ya, ya –repitió, sin apenas separar los labios-. Así que lo has tirado. Lo has tirado, sin más. Estaba cerrado en un tupper, no hacía daño a nadie, sabías que a mí me encantaba, y lo has tirado…
-¡Pero si era un trozo de queso mohoso!
-¿Y eso qué más da? –replicó, para mi asombro.
-¡No me digas que te comes el queso verde!
Memorial, desde lo más profundo de la indignación:
-¡Pues claro!
-Esto es lo último…
-¡Es que, simplemente, no puedo creer que hayas tirado mi queso!
-¡Por Dios, Memorial, que la estás liando por un pedazo de queso apestoso! No me lo puedo creer…
-No, no me lo puedo creer yo –acotó, reventando por llevar a cabo la comparación que pugnaba por salir de su boca-. La pobre de mi Ex estuvo un viaje entero aguantando la peste de unos quesos en el maletero, y también se ponía malísima. Y ya sabes la nariz que tenía… -la Ex de Memorial era (es) enóloga-.
(Lectura implícita: “Mi Ex fue capaz de soportar la peste de mis quesos asquerosos. Tú, que se supone me quieres, no toleras un pedazo de leche pasada haciendo bacterias en el frigorífico. Mierda puta. Nadie nos quiere a mí ni a mis quesos como merecemos’).
Ahora fui yo la que tuvo que parpadear incrédula ante el reciente recuerdo de un viaje al Festival de Teatro de Mérida –principios de agosto- en el que Memorial se hizo con un par de tortas del Casar. Ambas tortas, en el maletero, con solana de cuarenta y cinco grados y subiendo, terminaron siendo un par de masas apestosas y amorfas que nos atufaron todo el camino de vuelta.
Es tan corto el amor y tan largo etc.
-Bien. Sí. Como tú quieras –claudiqué, intuyendo que era imposible añadir una palabra más-. Nunca nunca nunca nunca nunca tiraré tus quesos mohosos a la basura.
Y así ha sido, para mi oprobio, desde entonces.
Fin.
Referencias
Comentarios
-
Nunca he podido comprender la afición a los quesos asquerosos. Mi nariz y lengua son sabias, y si ellas me dicen que no, ya les hago caso.
Con todo, si usted hubiera leído como yo la gran ovra 'Cómo tener la casa como un cerdo' (concretamente, la 'tabla de putrefacción) sabría que, si bien la leche está estropeada cuando empieza a parecer requesón, el queso no es más que leche estropeada, por lo que no se puede estropear más. Se trata de una carrera entre el sufrido quesófilo y las bacterias por ver quién se come qué antes.Comentario de Paco Fox hace 1 año y 18 meses
-
Lo siento, pero tus palabras sobre El Cabrales deberían ser consideradas como blasfemia. Toda esa masa azul y apestosa ("un trozo de queso mohoso") acompañada de un Tokay de 5 putonios pueden convertirse en una experiencia de paladar único. Lástima que yo tampoco sea capaz de soportar el olor a pie y a perros muertos que destila. Sacrílegos que somos.
Comentario de Phoskitos. hace 1 año y 18 meses
-
Realmente llegó a tirarle el queso de Cabrales?!
Años de amorosos cuidados del maestro quesero, siglos para seleccionar las cepas apropiadas de Penicillium, milenios de simbiótica convivencia entre el hongo y el lacticinio... tirados a la basura!
Hay que reconocer que lo de este hombre es amor de verdad...Comentario de Profesor Franz hace 1 año y 18 meses
-
Hay otra variante: la de la persona enamorada que absolutamente TODO lo relaciona con su amorcito. Es decir, si le dices que lees mucha Historia, por ejemplo, te salta con "pues a fulanito/a lo que le gusta son los libros de biomecánica". Y si le dices que no ves el fútbol te suelta "pues fulanito/a va mucho al estadio y es del Betis". Y así todo.
Comentario de Alcancero hace 1 año y 18 meses
-
Muy rico tenía que estar para consentir que estuviese apestando la nevera. De todas formas, con esa fragancia yo también lo habría tirado, aunque a escondidas y, por supuesto, sin admitirlo jamás.
Comentario de Mninha hace 1 año y 18 meses


