Transexual cultural haciendo amigos

Empecemos por el principio.
Cániz City, España, Europa, la Tierra, el Universo.
En este rincón del mundo, en el que tantos encuentran el paraíso, es difícil ubicarse si no entras dentro de alguno de los parámetros que te reconocen como hijo de la tierra. Los principales, por supuesto, tienen que ver con las múltiples manifestaciones socioculturales del lugar.
Bien. Odio el Carnaval. Me revienta el flamenco. Por mí, como si bombardearan el Carranza –lo siento, Memorial. Tampoco es que ahora vaya a servir de mucho-. Y siempre ha sido así, desde que no tenía uso de razón.
También odio:
- La playa con calor.
Déjense de lugares comunes. La playa, aquí, en verano, no tiene nada, pero nada que ver, con esos lugares que ustedes imaginan, de gráciles jóvenes ataviadas con pareo, tetas al aire y moreno de surf y chiringos con cojines y música chill out al atardecer. Hay muchos conceptos de playa, no se engañen. Esa playa con la que sueñan me gusta hasta a mí.
Esto último vale por dos porque si hay una playa que me crispa, esa es La Caleta. Como decía una vecina: ‘Niña, atenta a tu raja de sandía no te vayan a pegar un bocao’. No es exagerado. En un mediodía de agosto, una madre de familia solícita y desconocida se acercó hasta mí con un montadito en mano: ‘¿Shiqui, no quieres un poco de carne meshá?’. Traté de sonreír a duras penas. El ofrecimiento no tenía nada de extraño: al fin y al cabo, se puede decir que me encontraba en el comedor playero de su familia. ‘¿Ni un buchito de CocaCola con cocaína…? Es que estás muy blanca… ponte debajo de la sombrilla’.
Lo de la cocaína hizo que me lo pensara. El adolescente con lorzas e inquietante expresión de sátiro, que me alejara definitivamente.
Digamos que, para hacer de estas nuestras playas un lugar practicable durante los meses estivales, habría que desarrollar una sencilla normativa:
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- Número cerrado de bañistas por metro cuadrado
- La playa se guarda el derecho de admisión, teniendo en cuenta que:
- El tanga no favorece a todo el mundo –aunque se llamen Nicole o Giselle, eso no implica que sus nalgas sean similares a las de sus modelos nominales-. Tampoco favorece a los hombres.
- En el mar no se caga
- A nadie le interesa el tipo de bazofia con el que te trepanas los oídos
- Los adolescentes dispondrán de sus guettos, alejados de la gente normal –este factor entraría dentro de uno de los más amplios y discutidos puntos de Mi Gobierno Particular-.
- La basura, se recoge.
- La que rebosa los bidones, también, queridas Autoridades
Incluso con todo esto, he de decir que yo lo tendría difícil para pisar la candente arena: languidecer bajo el sol es, para mí, una soberana pérdida de tiempo y un llamamiento desesperado al melanoma.
Mi apariencia, en la playa, es ridícula no sólo por lo que tengo que organizar - para sentirme medianamente cómoda necesito: sombrilla, gorro y protección 40-. Además, me sofoco con tremenda facilidad y no aguanto más de cinco minutos en el agua sin que empiece a temblar como una loca. Con lo cual, ¿por qué la gente insiste en que vaya a sufrir? ¿Por qué, por qué?
- El Capilleo.
Su férula no se reduce a Semana Santa, ya quisiera yo. Se extienden, como una mancha de aceite de colza, a lo largo de todo el año. Siempre hay excusas para una juerga. Esos señores tan desbocados, con esos gestos graves y esas palmadas en la espalda capaces de hacerles temblar el flequillo, a pesar de la gomina. Esa toma al asalto de las ciudades. Esa sensación de judío converso porque, simplemente, no ves a la Madre de Todos balanceándose bajo el palio, sino a una percha vestida de brocados.
- Ese fino sentido del humor propio de Cániz
Acompañado del típico carcajeo de clueca cazallera, que comienza como una llamada del muecín.
- La picaresca
Todo cara necesita un bienintencionado/a. Y ese/a soy yo.
- El ruido
Probablemente, no haya lugar en el mundo más ruidoso –ahí me he pasado: no he estado en Nápoles-, ni una mayor desconsideración hacia el silencio, ni un mayor parque de motos que sobre estos tres mil años que nos contemplan.
Y una serie de conceptos que parecen inexistentes en esta realidad mía:
-‘Deberías ir a la playa, estás muy blanca’ (con infinita repulsión): Yo no estoy muy blanca, soy muy blanca.
-‘Deberías dejarte caer más, charlar más con la gente… si no, pareces rara y antipática’: No soy antipática: soy introvertida. Y hablo con quien me interesa.
-‘Y tú, ¿no sales por ahí?’: No es que no salga con nadie: es que me gusta estar sola
Y la última –pero definitiva en mi proceso de deportación-: No veo relación entre que las cosas funcionen y que haya que ser un sieso pero, dado el caso, prefiero que las cosas funcionen, que yo me monto la feria sola.
Supongo que, con esto, ya me he ganado mi orden de separación a menos de cinco kilómetros del puente Carranza.
Recuerdo una deliciosa conversación con el Alcancero, en un mes de octubre. Nos despedíamos de un café y observábamos con delectación que ya era de noche –a pesar de no ser tan tarde- y que la calle estaba, sorprendentemente, en silencio.
-Al fin acabó la estación Cani –comentó.
-Sí, al fin terminó ese horror.
-A mí me gusta especialmente porque, a partir de ahora, desde mi casa se oye el mar, y no las motos…
Le sonreí con infinita comprensión.
La gente de invierno lo pasamos mal por aquí abajo.
Doy fe de que sí se puede ser rociero y haber nacido en Yugoslavia. Y al verse.
Vive Dios.
Referencias
Comentarios
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Sí, todo eso es real, en el sentido de que es algo consensuado por un número suficiente de personas como para que pueda ser considerado una opinión muy a tener en cuenta acerca de nuestra ciudad. Pero, sin duda, es una verdad parcial sobre lo que acá ocurre, verdad, insisto, pero parcial, insisto.
A mí, que deploro las mismas cosas que usted, me sigue pareciendo que Cániz es muy parecido a mi paraíso, a pesar de todo. Una parte indispensable de mi geografía vital.
Piense, Trinidad, que una ventaja de nosotros los humanos es que tenemos patas en vez de raíces. Nacemos donde nos pone el azar, sí, pero cuando la edad nos permite evaluar lo acertado de ese azar, podemos movernos (con el esfuerzo necesario por supuesto). Llevarse media vida protestando, mirando sólo la parte negativa de lo que nos rodea, cargando nuestro discurso de resentimiento, sin atreverse a salir del armario y migrar allá donde creemos que deberíamos hacer nacido,… todo eso es cobarde e injusto. Quizás, si usted se animara a poner tierra de por medio, empezaría a valorar e incluso quizás añorar todo lo bueno que hoy día es incapaz de ver, o las amotillos no le dejan oir.Comentario de Memorial hace 1 año y 18 meses
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Muy cierto. Pero sufro de miedo escénico ;)
Comentario de trinidad hace 1 año y 18 meses
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Lo peor del verano es que los canis se extienden como un virus. En invierno están mas o menos confinados a las botellonas del fin de semana, pero en esta época están a todas horas por todas partes, con sus amotillos y demás parafernalia. Parece que el calor propicia su expansión, en un peculiar hecho socio-biológico.
Comentario de Alcancero hace 1 año y 18 meses
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Esa descripción tan buena que haces de las playas hace que se quiten las ganas de ir a veranear. Además, me recuerda a una de las historietas que más gracia me han hecho de Ralf König: están los dos maricones en la playa de Mikonos y entonces pasa un niño gritando y salpicándoles arena. Uno de ellos no da crédito a lo que ha sentido, se incorpora, histérico, y grita "¡¡¡Críos!!!! Eso es que hay heteros. ¿Qué hacen aquí? ¡Que se vayan a Mallorca!". Estoy de acuerdo con todo lo que has dicho y con el grito de este povre onvre (que no sé si era Konrad o Paul), salvo por una cosa: que no se vayan a Mallorca, que ahí voy yo.
A mí me encanta bañarme en el mar e incluso en la piscina. La sensación del agüilla contra mi piel me flipa. Pero es cierto que las playas son inaguantables. Prefiero llegar a un risco donde no haya nadie y colocarme aunque sea entre las rocas.Comentario de lanavajaenelojo hace 1 año y 18 meses
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Las playas suelen ser sucias, incómodas y, además, suelen estar lleno de eso que es peor incluso que el calor o la arena: gente, pero si te proponer 'civilizarlas' un poco, me ofrezco para recoger firmas a tu manifiesto y llevarlas a donde sea.
Por cierto, que lo de tener que responder "soy blanca" o "¿tú cuándo me has visto morena?"a la sandez "qué blanca estás" me ha pasado ya demasiadas veces. (Creo que mataré al próximo que me lo diga, sin más)
No he vivido nunca en Cádiz, así que no sé si tu retrato de la ciudad es o no acertado, pero sí coincido con Memorial en que, cuando te vayas, la verás con otros ojos e incluso puede que la eches de menos.Comentario de Mninha hace 1 año y 18 meses
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Navaja, muy buena la anécdota, aunque pronto con la adopción se quedará anticuada.
A los que nos gusta la playa como lugar de paz, sólo nos queda visitarla en meses no vacacionales; de otra forma, en efecto, es abominable.
La gente que pretende tostar a todas las bellas blanquitas sencillamente no tiene gusto. Punto. Tan lindo es una negrita como una blanquita, y no digamos si encima es pecosa.Comentario de Memorial hace 1 año y 18 meses
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Genial anécdota, sí, navaja. La chica en cuya casa nos quedamos en Lisboa, había trabajado años ha en La Parra -hotel en Bellotilandia- y, por entonces, no sé si ahora, tenían como norma no admitir críos. Y las parejas sin niños o los padres que se obsequiaban con un descanso les decían, suplicantes, en el mostrador: 'Por favor, no cambiéis nunca'.
Y me gusta esa imagen, Señora Mninha. Un buen alégrame el día a tiempo es una victoria.Comentario de trinidad hace 1 año y 18 meses
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Tras leer este post, creo sinceramente que nada te gusta, que no te gustas nada. Pareces estar por encima de todo y de todos. La mayoría de lo que desprecias, puede que con razón o con sagrada subjetividad, está en todas partes. Depórtate un tiempo y lo descubrirás. Primero te irás de Cádiz, luego de Granada, de Barcelona, de París, de Manhattan y, por último, del planeta. Este mundo no está hecho para ti ni para tus amigos. Demasiado vulgar.
Comentario de Georgie Dann hace 1 año y 17 meses
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Hombre, cómo Usted por acá. Debe ser el que comentó hace tiempo poniendo verde a la Hermanastra por no sé qué del velo, pero con otro nombre...
Qué de tiempo. Qué gusto leer su brillante prosa.Comentario de Microalgo hace 1 año y 17 meses


