Freaks! Freaks!

Bob el Silencioso está enamorado.
O felizmente medicado.
Llega una mañana –tiene horario de tarde- sonriendo plácidamente.
(¿Imaginan a Christopher Walken sonriendo plácidamente? Inquietante, ¿verdad?)
-Vaya –bromea, insisto, bromea-, era verdad lo que decían, que también veníais por las mañanas.
Se ha cortado el pelo, como Sansón. Yo soy la única que lo tiene en el campo de mira y por eso, puedo ver en qué ocupa la tarde: pasa las horas riéndose frente a la pantalla. Y no, no es que se enchufe a youtube o empiece a escribir mensajitos. No. Se descojona solo, viendo gráficos de Fórmula 1 o de la Feria del Libro, que deben ser tela de divertidos. Y tararea Fly Me to the Moon –tema muy alejado, lo aseguro, de sus habituales gustos musicales-.
En segundos, paso del miedo al reconocimiento y, de nuevo, al horror. Recuerdo a uno de mis jefes, leyendo la noticia de aquella tipa del ambulatorio que se había vuelto loca y se había dedicado a freír a puñaladas a compañeros y pacientes: ‘Trini, aquí dice que los que trabajaban con ella estaban acojonados porque se echaba a reír mirando a la pantalla. Dime, eso, ¿en qué situación nos coloca a los demás? ¿Hemos de temer?’.
En efecto, si esa es la imagen que ofrezco al mundo, no resulta muy apaciguadora. Soy como Bob el Silencioso. Y encima canto, mucho más que Bob, tal que el crío de Un niño grande.
Me acerco a pedir una página y el recién llegado Freek! me deja uno de sus pinganillos. Suena la que él considera es ‘mi canción’:
‘¿Qué haces con él si realmente lo odias?/¿Qué haces con él si te anula y te agobia?/
Piénsalo bien, ¿qué haces con él?/ ¡Mata! Mata a tu novio! ¡Venga! Acaba con él…
No te conformes con dejarle,/ lo que tienes que hacer es matarle/ Evita futuras tentaciones,/ y descarta reconciliaciones…’
-Freek! –le digo-. ¿Tú crees que se nota mucho que soy freak?
Freek! no termina de asimilar la perogrullada.
-Je, pues claro… ¿qué has hecho hoy?
-¿Cómo que qué he hecho hoy?
-¿Por qué estás manchada?
Cruzo los brazos sobre el pecho, en un vano intento de ocultar el desastre.
-Me he tirado un profiterol por encima.
-Y por la espalda.
-Bien…
-Pero no te preocupes. Es encantador.
-Ya.
-Como el otro día, cuando le diste una patada a la papelera. O cuando te caíste sobre la mesa de Yosu…
-Ya…
-O como cuando llegaste preguntado: ‘¿Quedan vírgenes?’
(Maquetas vírgenes, aclaro. Inciso: Trabajar en una Redacción da opción a verbalizar en público, ante gente que apenas asocia tu cara con tu nombre, una serie de enunciados de dudosa interpretación. De todos ellos, creo que el peor que he pronunciado no es ese sino un impagable ‘Ea, dame un buen repaso’, al entregar la página a uno de los correctores).
-La cuestión… -prosigue Freek!- es que es imposible no tomarte por una friki de aúpa. Nada más mirarte, como a mí… Y además nos reconocemos. Otro que es un friki es Bob el Silencioso…
-Sí…
-Y tu amigo el del cine: un pedazo de freak…
-¿Cómo lo sabes?
Freek! se encoge de hombros.
-Los hermanos de leche nos reconocemos.
De camino a mi sitio, me cruzo con Mens Sana. Está en Deportes. Jugamos a ser Gregory Peck y Jennifer Jones en Duelo al sol y, cada vez que pasamos uno a lado del otro, nos sostenemos las manos, en gesto extático, por encima de nuestras cabezas.
Alcanzo mi asiento tarareando: ‘El negro te sienta genial, ligarás en su funeral…’
Mis compañeras me observan en silencio.
Entiendo que son tantas excentricidades que no hay manera ni de empezar a dar explicaciones.
Bob el Silencioso y yo somos los últimos en salir. Lo he pringado con una infografía.
-Sé que debería haberme puesto antes… pero de verdad que no he parado.
-No te preocupes –le digo-. He estado entretenida, buscando cosas sobre el cambio climático. Y me he perdido entre medusas.
-Me gustan las medusas.
-¿En serio?
-Sí, son preciosas.
-¿Verdad? Da hasta pena ver la saña con que las persiguen…
-A mí me encantan, cuando las ponen en el acuario, con esos juegos de luz…
-Como estampas surrealistas…
-Sí…
-Al parecer este año se lleva la carabela portuguesa, es una maravilla, tiene forma de vela.. Siempre he pensado que el mito de la Medusa viene por la marca que te deja si te da un buen abrazo, una melena de serpientes…
Bob el Silencioso ríe.
-¿Has visto Jackass?
-No, no he visto Jackass. Cuando digo que busco información me refiero a cosas normales…
-Porque la orina no funciona, he de decirte.
-Pero el amoniaco sí, ¿no?… ¿por qué lo dices?, ¿ves que podría verme inmiscuida en algo así, alguna vez?
-Pues…
Bob sigue riendo y me despierta ternura y sentido de transferencia exentos, por completo, de cualquier viso de química y redencionismo.
Ya ven qué sorpresa: Bob el Silencioso, en distancias cortas, despierta mi sentimiento maternal. Dan ganas de ponerle un Cola Cao por delante.
Sí, a Christopher Walken.
Definitivamente, estoy para que me encierren.
Referencias
Comentarios
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Realmente... necesitas unas vacaciones Trini.
Comentario de Phoskitos hace 1 año y 16 meses
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Y sin motivo, ¿verdad?
Comentario de trinidad hace 1 año y 16 meses
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Cristhofer Garken es más friki que tú. Tuvo dos años un reloj metido en el culo. Tienes alguna anécdota parecida?
Bichos intentando adaptarse?
De eso te podría escribir una enciclopedia completa.
Gracias por pasar por casa. Repita cuando quieras.
A mi la suya me parece divertida y acogedora.
Comentario de L´Umbert hace 1 año y 16 meses
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Tengo un cacho plástico metido en el ojo, que no sé si vale. Eso pensaba hacer, sí, porque su casa me resulta muy curiosa: estimulante.
Comentario de trinidad hace 1 año y 16 meses


