El Gran Premio (II)
Ese día, a la hora de comer, aún no teníamos ni idea de cómo iban las apuestas para el Gran Premio. A las cinco de la tarde, decidimos darle entidad de decreto a nuestros vapores sibilinos. A las siete de la tarde, justo al momento de enviar la crónica, mi tarjeta de Internet se convirtió en un apéndice inútil. La sala de prensa estaba cerrada. Señor Topo, haciendo honor a su nombre y condición, se prestó a prestarme sus impagables servicios, que también parecían ir a manivela.
Señor Topo abre la puerta sosteniendo un gayumbo a cada mano.
-¿Cuáles quedan mejor para dar un posible braguetazo –pregunta con toda la retranca del mundo-, blancos o blancos y rojos?
-Blancos. Y déjame pasar.
A las siete y media aún no había podido mandar la crónica. A las ocho, toda la manta de muertos de hambre teníamos que estar, con el pelo de la dehesa cepillado, en la entrada del hotel.
Mientras el reloj de arena giraba, en un intento imposible de enviar mi oráculo a los fieles que aguardaban, ahítos, mil kilómetros más abajo, Señor Topo trataba de comunicarse con su redacción:
-Pero, ¿os ha llegado?... ¿qué dices, cómo que tenga cuidado? Déjate de chorradas… No, escucha… el texto… el texto… Sí, sé lo que es la sífilis. El texto es sólo una conjetura, ¿vale? Tenéis que estar atentos a… Con estrías, no te jode… Trini –tapando el móvil con la mano-, ¿qué vaqueros me pongo? ¿Los que tienen rota la cremallera o los putrefactos?
El servidor sigue sin funcionar. El derrame mental acecha.
Señor Topo saca la ropa, se prueba la chaqueta, prepara el baño y se tumba en la cama, desde donde se dedica a mirarme con extraña expresión.
-¿Qué? ¿Qué, qué pasa? –grito, ya histérica-. Entra y dúchate tú. Yo saldré cuando consiga enviar esto. Si es que consigo enviarlo.
-No, no es eso lo que preocupa…
-¿Entonces?
-Me estaba preguntado cómo te las ibas a arreglar para ducharte, secarte el pelo, peinarte, maquillarte y ponerte el Bellucci en menos de veinte minutos.
Logro enviar el texto. Subo a mi cuarto. Meto la llave. Una vez. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho.
Vuelvo a incordiar al Señor Topo.
-¿No me habré llevado por casualidad tu tarjeta, verdad?
-Mmm… a ver… pues no…
-Mierda.
-Sí, mierda. Pero no te pongas nerviosa. Trini, no te pongas nerviosa. Ve abajo y que te den otra copia.
Me abalanzo sobre el ascensor. Dentro está la tertuliana de colmillos de El jueves que, perfectamente enlacada y encopetada, me mira sin entender.
A las 19.46 entro en la habitación. A las 20.05 salgo por la puerta del hotel. A las 20.06 el autobús sale con la tertuliana de colmillos, AL, Cuñada de Essex, Señor Topo y Trini, infartada, en su interior.
Cava. Alfombra roja. Siñeriz de largas piernas. Melocotona con tetas nuevas. Una mano amiga nos ha colocado a todos en la misma mesa. Los periodistas periféricos estamos todos, muy apropiadamente, en un alejado rincón –los dinámicos chicos del Bloque Galego se sientan al lado-.
Comienzan las votaciones. A Señor Topo, a Cuñada de Essex y a mí –muy conscientes del libelo que acabamos de soltar- sólo nos faltaba agarrarnos de la mano, como viejas espiritistas empeñadas en convocar a alguna absurda criatura ectoplasmática. En la espera, simpáticas señoritas se dedican a repartir libros de Peter Berling.
Los vapores oraculares nos la han jugado por completo. En nanosegundos, empiezan a cruzar el aire nuestros mensajes desesperados al cortijo: ‘Nada vale, ahora llamo’. ‘Ve borrando, ya te cuento’. ‘Paso de todo. Coge teletipo que llegue primero. Y fírmamelo’.
A la tercera votación –y definitiva-, la dehesa en pleno salta de los asientos aferrando los móviles. A Billy Wilder le hubiera encantado: un travelling perfecto en el que sus parias favoritos, vistiendo sus mejores galas, van llegando de uno a uno hasta el balcón de la escalera: ‘Sí, hola, soy yo, borra todo lo que he escrito…’, ¿Hola? ¿Has visto los teletipos?’, ‘¿Me escuchas, escuchas? Olvida lo de ETA, quita toda la paja mental del terrorismo…’
La segunda noche, algo más larga, fue de gin tonic y confidencias con Señor Topo. En un impagable momento de retroalimentación, Boris se paró un segundo frente a nosotros, nos miró con ojazos de dulce y nos saludó. Debe preguntarse si trabajamos para alguna asociación de siameses o de dependientes emocionales. La noche terminó con un último cigarro a las puertas del hotel.
Y a la mañana siguiente pude comprobar, en el espejo del ascensor, que había bajado dos tonos de piel y las ojeras estaban negras. Negras. Del violeta de las berenjenas.
-¡Vaya, qué buena cara tienes! –exclama uno de los miembros del Bloque Galego Radikal, nada más abrirse las puertas automáticas. Los ascensores en ese lugar ejercen de fuerza centrípeta.
-Pues qué decepción. Yo creía que era mi peor cara.
-No, qué va –suelta, guiñándome un ojo-. Se nota que has dormido bien esta noche.
Recojo a Señor Topo en su habitación y lo arrastro hasta el desayuno.
-¿Cómo has dormido?
-Mal –gruñe, sin saber si reír-. Se me ocurrió ver qué habían colgado estos inútiles en Internet…
-Oh…
-Sí, mejor no quieras saberlo. Y después me puse a leer el libro templario de Berling…
-¿¿??
-Que es una auténtica porquería.
-Ya.
-Y después volvió a entrar la limpiadora. Ya ves. No podía pasar sin ver de nuevo mi torso desnudo.
Río sobre el café. Brevemente, como un pálpito, vuelvo a tener sensación de adolescente. De vivir tratando de sobrevivir a tu propia tropa, desmañada y tierna, metida siempre en absurdeces sin límite. De estar, de nuevo, frente a uno de esos amigos inclasificables, que te consideran un colega hasta que luego un día, de repente, caen en la cuenta –para horror común- de que tienes tetas.
-Será que estás muy bueno.
Señor Topo me mira tras las gafas de pasta, confuso. Tiene los ojos rojos de sueño, barba de cuatro días y voz de cazallero con pólipos. Escupe una risa de cuervo Rockefeller y dice:
-Por supuesto, sí. Irresistible.
Referencias
Comentarios
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Así que de enviada especial a las entrañas del premio de los premios. Qué envidia. Leo sus peripecias y no puedo evitar sentir nostalgia y echar de menos todo ese ajetreo, aunque por suerte se me pasa enseguida... Besos.
Comentario de Mninha hace 1 año y 14 meses
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Sí, ya lo ve. Envidiada especial. No me quería morir sin probarlo ;-) Welcome back!
Comentario de trinidad hace 1 año y 14 meses
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:)
Comentario de Uno hace 1 año y 14 meses


