Mi cerebro, al rescate
Abrumado ante la cantidad de insensateces autodestructoras que ha de escuchar cada día, mi subconsciente decidió la otra noche enviarme un mensaje apto para mentes poco duchas en esto de la criptología.
Trinidad –quién sabe el motivo- se encuentra en algún chiringo de Tarifa, con un grupo de gente variada. A mi lado, varias tipas hablan de una de esas quedadas a las que yo no pienso ir. En mi vida, la circunstancia ha ido pasando de no ir por no ser invitada a no ir porque el plan X –es lo que tiene la misantropía- no me apetece en absoluto. Ese es el caso esta vez y aligero el paso hasta el frente de la comitiva.
Allí está Bob el silencioso, vestido de hombre rana -¡me encantan los sueños!-. Llego a su lado y me pregunta:
-¿No vas con ellas?
-No me han invitado y no me apetece.
-Oh, qué mierda –la voz le suena a muñeco de Jim Henson, medio asfixiado como está por las gafas de buceo.
-No, no. A mí me parece perfecto –le respondo-. Yo estoy feliz de estar a mi bola.
-Vale. No importa –replica él-. Te vienes a bucear conmigo.
-¿Cómo?
-Te vienes a bucear conmigo.
-Pero, ¡si no sé nadar!
-Da igual. Eso no es importante -¡me encantan los sueños!-.
Y la siguiente imagen es ya en el agua, y sobre nuestras cabezas pasa un banco de medusas, iluminadas con focos de colores, como en los acuarios, y es maravilloso.
Ya es de noche cuando salimos, y Bob y yo entramos en una tienda de campaña –en la vida real, Bob es un efebo imberbe, y me pregunto horrorizada en estéreo, como ocurre cuando duermes, si ya he llegado al modo Mrs. Robinson y me lo voy a zumbar oníricamente hablando-. Pero no. Ambos iniciamos unos de esos diálogos intimistas noctámbulos en el que le empiezo a relatar todos mis dramas sentimentales. La labor de montaje se acelera nada más comenzar y lo siguiente que escucho es a mí misma, entre sollozos, diciéndole: ‘¡Era un nuevo modelo de T-800 sin corazón!’ (llanto compulsivo).
Bob el silencioso me abraza y nos dormimos –no, no nos liamos-. Y huele a sudor y a sal. Y eso es todo.
Olía a sal todavía, en la vida real, cuando desperté. Y fue la primera mañana, en semanas, en la que al volver a la pseudo-consciencia lo primero que cruzó mi mente no fue algo así como: ‘Mierda de vida’, sino ‘Mmm… sal…’
Moraleja fresca desde el hipotálamo, o desde donde cuernos sea: los mayores traumas de la vida, aunque seamos incapaces de creerlo, son fácilmente extirpables si aparece algo lo suficientemente bueno para arrancarlos de cuajo, como pueden serlo unas medusas coloreadas y un cuerpo que huela a mar.
Referencias
Comentarios
-
Tú si que tienes suerte. Lo más colorido de mis sueños son las toallas que una amiga de mi madre traía de Portugal.
En mi pueblo organizaban viajes (autobús + noche de hotel [***]) para ir a comprarlas.Comentario de L´Umbert hace 5 meses y 21 dias
-
¿Sueñas con las toallas de Portugal de tu madre? ¿Las mismas que cegaban de amor a Falete?
Comentario de trinidad hace 5 meses y 21 dias


