La momia, el elefante y el espejo
Imagino que en realidad somos muy simples, que las abstracciones nos sobrecargan los fusibles. El universo es infinito. Sí, esto... ¿y dónde empieza? ¿y cuándo termina? Que sólo funcionamos bien en parámetros fijos, como buenos replicantes: bueno y malo, positivo y negativo, los nuestros y los otros... Cuando lo más común en la vida, por supuesto, resultan ser las perturbadoras zonas grises.
Si pensamos en un asesino, por ejemplo, se nos hace muy difícil otorgarle cualquier característica que vaya más allá del asco y la monstruosidad: nos descolocaría que alguien nos proyectara un super-8 con imágenes del carnicero de Milwaukee jugando a las canicas en el parvulario. Emocionalmente nos coloca en una zona incómoda, difícil de procesar.
Es en ese espacio en el que me he encontrado cada vez que salía una imagen de la momia Michael en los últimos años. La momia Michael bajo los paraguas oscuros, hecho viejo temprano, criatura de pared, poco más que un bicho crepuscular, con toda la repulsa del mundo a sus espaldas.
Ya que pasé mi adolescencia aprendiendo inglés con MJ, viendo vídeos de MJ, comprando posters de MJ y tratando de vestir -en la medida de lo posible- como el hortera de MJ, era muy fácil que, entre esas últimas imágenes, se me fueran colando, traidoras, las grabaciones de super-8 que yo sí guardaba en mi cabeza. El hombre momia era un hombre lobo. El hombre momia era un aterrador adolescente con pelo afro. El hombre momia le cantaba canciones de amor fraternal a una rata. El hombre momia anunciaba que los planetas se alineaban. El hombre momia tenía poco más de veinte años y las paredes se le abrían, mostrándole sus tesoros. El hombre momia era un niño capaz de moverse como una anguila eléctrica en un mundo monocromo.
Al hombre momia lo saludaba todos los días, muy galantemente, Joseph Merrick desde el espejo del baño.
Soy incapaz de decir si el hombre momia era o no el pederasta más retorcido del planeta pero lo cierto es que me resulta difícil imaginarlo, siquiera, follando. Sus matrimonios y parejas oficiales han sido de risa. Sus hijos, resultado de técnicas de fertilización -con el amplio campo abierto que deja esta afirmación-. Sus relaciones con el mundo exterior, bizarras. Más bien creo que estaba tan perturbado que ni siquiera contemplaba la sexualidad como un vector en la ecuación. Pero es, como ya digo, una impresión personal.
No ha hecho falta mucha distancia para descubrir por qué, entre todos los iconos adolescentes posibles, terminé eligiendo al tipo más extraño del panteón. Y la explicación está en que el hombre momia podía ser rarito, por supuesto. Pero servidora, a los catorce años, se sentía -y era, y era- un perro verde con topitos: el juego de transferencias e identificaciones estaba servido. Distinta. Extravagante. Excepcional. Así me creía.
Y se ve que el tiempo ha llevado a cabo su labor de zapa porque ahora, si algo me creo, es vulgar.
(Pero no se preocupen. Ha quedado un hombre elefante libre y escucho ruiditos en mi espejo)
Referencias
Comentarios
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Hombre. Hay acepciones de "excepcional" en las que sí creo que encajaría Usted.
Algunas.Comentario de Microalgo hace 5 meses y 5 dias
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No sé si también es tu caso (si me permites tutearte), pero yo también me sentí "especial" para compensar sentirme una mierda en el fondo. Pero a mí la realidad me presentaba mi vulgaridad una vez tras otra y claudiqué reconociendo lo que soy.
Sinceramente, si tú con tu inteligencia eres vulgar, yo soy por lo menos oligofrénico.
Por favor, no nos hagas sentirnos tan mal.Comentario de Unvulgar hace 4 meses y 10 dias
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Digamos que hay momentos ;)
Gracias por tus palabras, de todas formasComentario de trinidad hace 4 meses y 9 dias
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El desdichado Hombre Elefante se llamaba John, no Joseph. No tiene importancia, pero si quieres cambiarlo...
Comentario de The Elephant Man hace 2 meses y 24 dias
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Gracias. Eso pasa por escribir sin google y no se omnisciente.
Comentario de trinidad hace 2 meses y 23 dias


